Descubre todas las soluciones estéticas para miradas con mascarilla

Arrugas frontales y patas de gallo marcan la piel debido a la continua contracción de los músculos, con los que forma una unidad funcional.

El uso de la mascarilla aumenta la prevalencia de las afecciones de los párpados
El uso de la mascarilla aumenta la prevalencia de las afecciones de los párpados
28 agosto 2020 | 12:00 h
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La mascarilla llegó para quedarse y desde entonces, un curioso efecto compensatorio se ha apoderado de los ojos, más solicitados que nunca a la hora de comunicar emociones como gratitud, empatía, alegría, etcétera.

Esta gesticulación exagerada no solo contribuye a poblarla de arrugas, sino que abunda en estigmas comunes como las bolsas o las ojeras, cuya visión enturbia la mirada más limpia.

Esta gesticulación exagerada no solo contribuye a poblarla de arrugas, sino que abunda en estigmas comunes como las bolsas o las ojeras

Es tan importante, que su estado modifica el lenguaje de la mirada, alterando la percepción de su profundidad, intención o incluso, su alegría. Según la doctora Josefina Royo de IML, cinco son los parámetros que determinan su deterioro:

  1. El espesor cutáneo: la piel es tan delicada en esta zona, que apenas tiene glándulas sebáceas. Tal circunstancia explica su potencial reactividad y la débil barrera de su manto ácido, insuficiente para proteger la capa córnea, cinco veces más fina que en el resto de la cara.
  2. Las fibras elásticas y colágenas: su baja concentración explica la progresiva distensión de los párpados, que pliegan sobre el globo ocular con el paso del tiempo y a duras penas consiguen contener la protuberancia de las bolsas cuando aparecen.
  3. La mímica: veintidós son los músculos periorbitales solicitados, cada vez que se gesticula con los ojos. Este continuo movimiento, así como los propios de la acomodación visual, causan las patas de gallo y las marcas en el entrecejo.
  4. El blanco ocular: el estrés, la falta de sueño o la fatiga, así como la ingesta de alcohol, el tabaco o los ambientes cargados, no solo contribuyen al envejecimiento de la mirada, sino a la aparición del “ojo rojo”. Un colirio vasoconstrictor puede ser de gran ayuda en estos casos y en especial, en el de los ojos claros, con mayor tendencia a enrojecer.
  5. La grasa orbitaria: estructuralmente, el ojo está rodeado de lóbulos grasos, que resultan imperceptibles hasta que el septum se relaja y desvitaliza. Esta fina membrana que los mantiene en su correcta ubicación, deja de retenerlos con el paso del tiempo por la escasez de fibras elásticas y colágenas. Las bolsas se hacen visibles cuando esta fina porción de tejido conjuntivo acaba venciéndose y la grasa protubera.

ARRUGAS Y PATAS DE GALLO

“Un detallado estudio de la expresividad facial y el manejo virtuoso de la toxina botulínica constituyen las mejores herramientas para relajar la mirada sin perder su función comunicativa”, explica la doctora.

Arrugas frontales y patas de gallo marcan la piel debido a la continua contracción de los músculos, con los que forma una unidad funcional. La aplicación estratégica y las dosis adecuadas de Toxina Botulínica suavizarán estas arrugas dinámicas, al relajar la crispación muscular que las produce.

“En la frente trataremos el músculo frontal, el prócerus y el corrugador. En el contorno ocular, el músculo orbicular de los ojos”, ha continuado la directora de IML.

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