Consumismo e intransigencia

Jefe de las Unidades del Dolor del Hospital Sur, La Luz y Valle del Henares de Quirónsalud.

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03.12.2021 - 09:00

En fechas recientes hemos asistido a un doble fenómeno que, en su vertiente psicológica, podría encontrar un punto de encuentro, lo cual no dice nada bueno de nuestra sociedad. Y no lo digo con aires localistas, sino extensible a lo que llamamos sociedad del bienestar y, aún diría más, del derroche Occidental.

Por un lado hemos incorporado una costumbre importada del marketing estadounidense. No en vano, su nombre, “Black Friday”, está en inglés y significa “viernes negro”, justo una fecha después del Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, el último jueves del mes de noviembre. ​Viene a ser el pistoletazo de salida para las compras navideñas en todo tipo de comercios, grandes y pequeños.

Si a eso le añades el desarrollo tecnológico de las últimas décadas, te topas de bruces con el remate de los tomates, el “Ciber Monday”, también en inglés, como no podía ser de otra manera, que sirve para instigar a los compradores de toda clase de gadgets tecnológicos de última generación.

Está archidemostrado que el mayor volumen de ventas al por menor se produce en esta época del año y nadie va a enseñarles su negocio, de ahí que la gran maquinaria que alienta el consumo “eche toda la carne en el asador”, sin pensar en las consecuencias psicológicas y menos todavía económicas para los consumidores.

Aún quedarán pendientes excesos gástricos y monetarios en comidas y cenas navideñas, de empresa y las propias en familia de las fechas tan señaladas

Sumándose a este coro el abono, a finales de noviembre, de la paga extraordinaria en las pensiones, para que el colectivo correspondiente mejore su liquidez y la retorne en forma de gasto, IVA incluido.

Bajo el cebo de las ofertas, los descuentos, las luces, los martilleantes villancicos, la publicidad acosadora en medios de comunicación (estática, digital, por flyers…), etc., nos bombardean con las virtudes de consumir de forma compulsiva y desaforada, “como si no hubiera un mañana”, generando una ansiedad y un estrés en los compradores. Los comerciantes creen a la inversa que las compras alivian estos síntomas. Cada uno barre para su casa.

Aún quedarán pendientes excesos gástricos y monetarios en comidas y cenas navideñas, de empresa y las propias en familia de las fechas tan señaladas, los regalos y de nuevo el cebo de las rebajas de enero para que gasten los que puedan lo que reste…enfilando una cuesta que cada año se empina más.

Todavía no he mencionado el segundo fenómeno que traigo a colación: la intransigencia e incluso testarudez y cerrazón de un colectivo de compatriotas que siguen resistiéndose con uñas y dientes a inocularse, ya no la tercera, ni la segunda, sino la primera dosis de la vacuna contra el Sars-CoV-2.

La última cepa ha despertado una doble tendencia: la que alienta la 3a dosis de los laboratorios y la que empieza a dudar de las verdaderas intenciones de los anteriores

Cada vez son más ridículos y endebles sus argumentos, quedando en absoluta evidencia su ausencia total de rigor, que oculta un miedo solapado, cuestionando criterios científicos como si de expertos en microbiología, virología o epidemiología se tratara.

La última cepa, de origen dudoso y supuesta virulencia, poco a poco amainada en los medios, que ha sido bautizada como Omicron (15ª letra del alfabeto griego, literalmente significa “O minúscula”), ha despertado una doble tendencia: de un lado, la que alienta la 3ª dosis “ad maiorem economici gloriam” de los laboratorios, y de otro la que empieza a dudar de las verdaderas intenciones de los anteriores, afinando su olfato al oler a chamusquina y percibir el claro abandono de una parte significativa del planeta, aún a la espera de la 1ª entrega.

Consumismo sin freno e intransigencia parecen compartir una raíz patológica por descontrol de la psiquis humana, máxime tras el periodo de confinamiento que, como ya dije meses atrás, parece confirmar cada día más el efecto “bomba de relojería”, al dilatar sus efectos en tiempo e intensidad, alejándose del foco, diseminando sus consecuencias y dificultando el análisis de su verdadero origen.

Comprar es una necesidad, pues ya dejamos siglos atrás el trueque (aunque a veces pienso si no nos equivocamos), pero siempre que las transacciones estén justificadas por escasez real y no por intereses creados artificialmente por terceros. Hacerlo de manera apremiante, obligatoria o por sutil coerción marketingniana, termina por conducirnos al diván del psiquiatra buscando ayuda para controlar impulsos malsanos que han llevado a la ruina a más de un@.

Mientras no se vacune todo el planeta, el riesgo seguirá vigente y las nuevas cepas no hacen sino demostrarlo

Desde una perspectiva social, vacunarse es un compromiso con beneficio colectivo, amén de un deber moral de todo buen ciudadano. No quiero dejar de lado ni olvidar o ignorar a quienes no alcanzan esta protección, bien por falta de recursos, por inoperancia de sus gobiernos, bien por la falta de infraestructuras para llegar a todo el planeta, según razones espurias leídas aleatoriamente, porque bien que llegan las camisetas de tal o cual astro del futbol a esas latitudes remotas.

Pero, mientras no se vacune todo el planeta, el riesgo seguirá vigente y las nuevas cepas no hacen sino demostrarlo. Ojalá la espiral sea decreciente; ojalá el aislamiento de muchos vuelva a protegerles como sucedió hace siglos con otras epidemias; ojalá los ya vacunados seamos un frente lo suficientemente firme y amplio como para frenar el avance de las oleadas víricas; y ojalá un día seamos conscientes del deterioro que causamos al Planeta con el consumismo descontrolado y desaforado. Pero me temo que son muchos ojalás.

Porque salud necesitamos todos... ConSalud.es

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