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Disciplina ante la pandemia

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08.05.2020 - 14:55

“El objeto de la disciplina es fomentar la libertad”. Henry Miller

Recién comenzado el periodo de letargo en que nos sumieron las autoridades como prescripción para combatir la pandemia por Covid-19, recibí un mensaje de un amigo, con esta sentencia, rubricada por uno de los más afamados novelistas neoyorquinos, miembro de la generación “beat” y autor entre otras de “Trópico de Cáncer”.

Tras superar la cincuentena de días del “estado de confinamiento”, que como sanitario me ha afectado de forma distinta al resto de la población, he vuelto sobre aquella sentencia a raíz de la cuarta prórroga del estado de alerta invocado por el gobierno de la nación.

Mis discrepancias han sido muchas sobre las decisiones tomadas y sobre las no implementadas, pero creo que habrá tiempo y oportunidad de revisar los datos y en su caso exigir responsabilidades, cuando hayamos ganado en perspectiva.

"Hay una firme convicción que debe preponderar por encima de todas y es conservar la disciplina en el cumplimiento riguroso de las instrucciones para minimizar el número de contagios"

Pero hay una firme convicción que debe preponderar por encima de todas y es conservar la disciplina en el cumplimiento riguroso de las instrucciones para minimizar el número de contagios. Lamentablemente sentimos la pérdida irreparable de muchos compatriotas y compañeros cuyo recuerdo reivindicamos ahora y deberá permanecer inmarcesible en nuestra memoria colectiva.

Gracias a esa disciplina ganaremos nuestra libertad tras un profundo confinamiento, tanto interior como exterior, que seguro dejará muchas secuelas, como ya he dejado escrito en otros muros. Si se hubiera roto ahora ese consenso habríamos puesto en riesgo todo lo cosechado hasta el momento. Cuando la disciplina impuesta es interiorizada como acto propio y voluntario, la autoestima individual o colectiva se trasforma en resorte de recuperación.

Mascarillas contra la Covid 19. Foto. Freepik

Entiendo y comparto el estrés acumulado, el ansia por recuperar el tiempo vivido en claustros domiciliarios, y la necesidad casi visceral y urgente por recuperar el contacto normal de nuestros seres queridos (familiares, amigos y colegas de trabajo) pero son muchas las lagunas que rodean esta pandemia, tantas como propuestas audaces por erradicarla, marginando claro las absurdas que no merecen la menor atención.

Parece claro que hasta que no haya una vacuna fiable y globalmente extendida no estaremos a salvo de un mal que nos ha pillado a todos por sorpresa y ante la que hemos reaccionado con pequeño, mediano e incluso gran desacierto, porque sólo el azar (y su propaganda oficial) parece haberles evitado a otros la extensión mientras en otras latitudes se generalizaba.

Los reproches cruzados han dejado mucho que desear entre amplios sectores de la sociedad, mientras en el gremio sanitario y responsables de cuidados nos exponíamos para atender a los demás, con un riesgo cierto de enfermar o transmitir la infección a los nuestros. Lo dije, lo digo y lo mantendré: NO SOMOS HÉROES, SOMOS PROFESIONALES COMPROMETIDOS.

Pero sí puedo decir bien alto que estoy muy orgulloso de mis colegas asistenciales sin excepción que han dado lo mejor de sí en hospitales y residencias, de nuestras fuerzas del orden, de transportistas, del personal de supermercados, cadena alimentaria y gestión de residuos que han seguido luchando por los demás en la calle para que el resto pudiera seguir firme en casa. Debemos darles las gracias por el compromiso y esfuerzo compartido.

"Estoy muy orgulloso de mis colegas asistenciales sin excepción que han dado lo mejor de sí en hospitales y residencias, de nuestras fuerzas del orden, de transportistas, del personal de supermercados, cadena alimentaria y gestión de residuos que han seguido luchando por los demás en la calle para que el resto pudiera seguir firme en casa"

Y estoy feliz y orgulloso de mis compatriotas, que han sabido conservar la disciplina necesaria para que un día podamos todos disfrutar de la renovada libertad… Quizá no vuelva a ser la misma, quizá los demás tampoco volvamos a ser los mismos, ni nuestras relaciones, ni nuestros trabajos, ni nuestros hábitos… pero al menos habremos demostrado de qué somos capaces cuando la necesidad nos ha puesto a todo el país entre la espada y la pared y hemos sabido conservar la calma y la instrucción necesarias para superar esta crisis. 

Ignoro si habrá un antes y un después, si tendremos que redefinir todo cuanto nos rodea, si pasado mañana todo esto haya sido una mala pesadilla, si se prolongará hasta convertirse en una nueva forma de vida… Ojalá tuviera certezas con que agasajarles, ahora bien, sí tengo claro que mientras todos rememos con la actitud solidaria que he presenciado y en la misma dirección será más fácil superar todas las pandemias.

Con tiempo y sosiego podremos describir el ayer y construir el mañana incorporando la disciplina al aprendizaje. Aparentemente hay destinos que no podemos manejar, pero sí estará en nuestras manos el esfuerzo y la unión. El pequeño empuje individual, siempre tentado a claudicar, sumado al de otros muchos, puede cambiar el destino de todo un pueblo.

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