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Estilismo

Jefe Unidad del Dolor del Hospital La Luz y el Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón. Interasado en eHealth y en mHealth

time 3 min

31.10.2019 - 13:10

Cuando hablamos de estilo nos referimos al conjunto de rasgos singulares que definen a una cosa, a una persona o a un grupo, en definitiva, hablamos de los modos, maneras, formas, procederes, peculiaridades y características de algo o alguien.

Esta definición, llevada a su máxima expresión, es decir, ala tendencia a cuidar exageradamente el estilo, atendiendo más a la forma que al fondo, es lo que llamaríamos estilismo y está directamente relacionado con el cuidado de la imagen exterior.

Hay muchos estilos de vida; hay estilo al escribir, al cocinar, al juzgar, al comportarse, etc. y, para el particular que hoy nos ocupa, el estilo al vestir. Con todos ellos transmitimos una serie de valores, comunicamos una determinada información y, por supuesto, al otro lado tiene que haber quien capte todos estos datos y los procese.

La ropa dice mucho de quién la porta por su categoría, por la forma de llevarla, por su higiene, por sus colores, por su diseño, por su amplitud. Le atribuyen a la famosísima diseñadora de alta costura francesa Coco Chanel, revolucionaria indómita y de proverbial mal carácter, como la tildó la revista Hola en 1971, una expresión que se ha convertido en dogma de fe: "Viste vulgar y solo verán el vestido, viste elegante y verán a la mujer".

Convendrán conmigo que es demasiado riguroso, pero se puede extrapolar con más humildad a todos los órdenes de la vida y por supuesto a todos los géneros, de tal manera que sobreentendemos que el vestido modela a la persona, pero también hay personas que saben darle singularidad a la ropa que llevan, por modestas que sean.

"Frecuentemente, sin quererlo, nos perciben como imagen de aquella institución en la que trabajamos y a la que representamos, sobre todo ante pacientes, pero, si adquieres cierto eco mediático, ante lectores, oyentes y/o espectadores de los mass-media"

Frecuentemente, sin quererlo, nos perciben como imagen de aquella institución en la que trabajamos y a la que representamos, sobre todo ante pacientes, pero, si adquieres cierto eco mediático, ante lectores, oyentes y/o espectadores de los mass-media.

Es entonces cuando el pañuelo, el fular, la corbata, la pajarita, la camisa, la blusa, el broche, el traje, se comenta, se discute, se discrepa, juzgándolo como elegante, fino, delicado, feo, vulgar, como si estuviéramos en una pasarela de modas, cuando nada más lejos de la realidad.

Me asalta la duda de si somos lo que vestimos, si nuestra ropa inspira confianza y es captada como nosotros creemos transmitir y si influye nuestra forma de mostrarnos en la evaluación final del paciente, hasta el punto de hacernos más fiables, amenos, etc. Dicen que el hábito no hace al monje y si lo hiciera… hay franciscanos, benedictinos, jesuitas, etc., donde elegir.

Cada mañana seleccionamos la ropa que ponernos. En unos casos oficial (uniforme), en otros simplemente oficioso (casual wear), con mayor o menor gusto, acierto, elegancia, estilo, clase, para salir a la calle y dirigirnos a nuestras respectivas ocupaciones. 

"Cuando toca consulta hay que elegir minuciosamente la ropa con la que nos mostramos, al igual que cuando asistimos a reuniones profesionales o en la universidad delante de una clase"

Cuando toca quirófano hay quien se quita el pijama con el que duerme en su casa, y vuelve a ponerse otro pijama con el que estar trabajando durante largos periodos. Aquí la estética apenas cuenta.

Cuando toca consulta hay que elegir minuciosamente la ropa con la que nos mostramos, al igual que cuando asistimos a reuniones profesionales o en la universidad delante de una clase. Y es en estas dos últimas opciones cuando podemos sentir que nos comparten y de arriba abajo, salvo cuando la inmaculada bata blanca nos camufla, evitándonos manchas innecesarias y juicios sumarísimos sobre el estilo.

La personalidad de cada cual se refleja siempre y en todo momento, pero también hay que saber guardar las formas. Resulta difícil sustraerse a las modas, a las tendencias, aquello que es preeminente en cada temporada, pero sin olvidar a la afamada diseñadora francesa, para quien “la simplicidad era la clave de la máxima elegancia”.

Esa puede ser la mejor pauta por seguir, evitando estridencias, extravagancias, excentricidades… Pero cada cual tiene una percepción distinta de los demás, lo que nos hace singulares, al tiempo que nos diferencia del resto, hasta que los astros confluyen y compartimos el blazer oversize amarillo a lo Dick Tracy o la corbata de paramecios que creíamos exclusiva. Y es que no se puede ser original.

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