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Fumata blanca

Jefe del Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba

time 4 min

28.11.2019 - 09:30

Se termina la enésima botella de ginebra tras una noche que comenzó con hamburguesas, patatas fritas y más comida basura. Entre los treinta empleados que celebran una de las mejores ventas del año, uno de ellos se levanta, se disculpa y se avergüenza. Va a fumar. Es rápidamente señalado por una sociedad que le juzgará con cada bocanada de humo. Incluso se replanteará su inteligencia: “es un chico listo, no sé cómo habrá podido caer en eso”. Cuando regresa huele mal. Nadie duda en apartarse, con ostentosos gestos de desprecio. Es una pieza que no encaja en el sistema y se lo recordarán hasta que lo deje. Daña su salud y la de aquellos que le rodean. Se ha enganchado al peor enemigo público del siglo XXI: el tabaco.

Por suerte, hay formas de dejarlo. Él lo ha intentado varias veces.  Pero no puede. Recae. Se resigna a recibir una dosis más mientras acepta que ya no es despreciado solo por su pestilente olor a tabaco, sino también por no ser capaz de abandonar un vicio del que no se siente en absoluto orgulloso. Es una droga. Es un drogadicto. Por mucho que se rehabilite, siempre quedará una pequeña dendrita deseando encender el último cigarrillo.

Como ciudadano cansado de reproches, un día se entera de que existe el vapeo.

¿Qué es eso? Investiga, busca, mira, lee. Opiniones a favor y en contra. Hay sistemas públicos de salud, como en el Reino Unido, que apoyan claramente este método para dejar de fumar. Incluso lo venden en algunos hospitales. Dicen que no es peor. Pero claro, el problema es que “dicen que”, ya es media mentira. De hecho, en otros países, como en el nuestro, lo sitúan al mismo nivel que el cigarrillo clásico. Mismas prohibiciones, mismas sanciones, mismos pecados, mismas secuelas.

Aún así, decide que no pierde nada por probarlo, con sabor a sandía. Lo consigue.

Deja de fumar. ¿Aplausos?

Aunque los fallecimientos fueran debidos a ingredientes tóxicos, es mucho más mediático si acusamos directamente al cigarrillo electrónico. Más intolerante. Más actual. Más chicy, por supuesto, más clics.​

Cuando se dispone a celebrarlo no recibe ninguna felicitación. Le siguen viendo como a un drogadicto que ha cambiado su forma de superar el mono. La máxima autoridad sanitaria, los expertos y los cuñados le espetan que “eso puede ser incluso peor”, que “no está nada claro que sea inocuo”, que hay “quien ha muerto por ello”, y que lo que hay que hacer es “Dejarlo y punto. Lo que tienes que inhalar es oxígeno, y nada más”. Aunque sea el aire contaminado de tu ciudad, la sociedad siempre lo verá con mejores ojos. Aunque los fallecimientos fueran debidos a ingredientes tóxicos, es mucho más mediático si acusamos directamente al cigarrillo electrónico. Más intolerante. Más actual. Más chicy, por supuesto, más clics.

Mientras tanto, otros científicos que viven en el Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda o Islandia, sí están ananalizando y considerando como válidas otras opciones para reducir el daño asociado al consumo de tabaco convencional. Existen evidencias científicas suficientes para hacernos pensar que el vapeo puede ser un método eficaz para dejar de fumar, y suponer una opción real para reducir el perjuicio del consumo de cigarrillos, como un más que razonable “reductor dedaños”.

En España no. Aquí se dice alto y claro, sin fisuras y sin dudar: “fumar y vapear es lo mismo”. Poner al mismo nivel los riesgos del cigarrillo electrónico con los riesgos del consumo de tabaco convencional, como se ha hecho en la última campaña publicitaria del Ministerio de Sanidad, podría retrasar la decisión de muchos fumadores de probar el vapeo y abandonar el cigarrillo. ¿Es esto lo que queremos? ¿En serio?

Parece inútil que en el aire flote la posibilidad de reducir el desarrollo de tumores, enfermedades pulmonares y cardiovasculares. Mientras no se demuestreque es completamente inocuo no se convertirá en una opción real para los pacientes. Será mejor que sigan fumando y no les alentemos a cambiar alvapeo.

La ciencia está para servir al ciudadano. Mientras seguimos analizando ventajas e inconvenientes, creo que es momento de felicitar a los vapeadores que han conseguido abandonar el mal hábito de fumar

Sinceramente, como científico, no puedo entenderlo. ¿Son tan diferentes los ingleses o los neozelandeses a nosotros? ¿Qué es lo que nos diferencia tanto? ¿Los pulmones o la actitud paternalista ante una nueva manera de dejar de fumar?

Respeto que no se recomiende el vapeo de forma oficial. Pero no que se crucifique, ni mucho menos que se comparen sus riesgos con los del tabaco convencional. No lo acepto porque no es así. La ciencia está para servir al ciudadano. Mientras seguimos analizando ventajas e inconvenientes, creo que es momento de felicitar a los vapeadores que han conseguido abandonar el mal hábito de fumar, en lugar de estigmatizarlos en una nueva categoría de desprestigio social. No se trata de creer o no creer. Para eso ya tenemos la religión y sus fumatas. Aquí hay que seguir investigando, hay que debatir bajo la batuta de la evidencia, sin imponer ni prohibir, sin designar a dedo quién tiene razón y quién no. Seamos científicos, no fundamentalistas.

*Opinión estrictamente personal que nada tiene que ver con la filosofía, política y opinión del Grupo Quironsalud ni del Servicio Madrileño de Salud

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