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Ucronía

Jefe Unidad del Dolor del Hospital La Luz y el Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón. Interasado en eHealth y en mHealth

time 3 min

29.11.2019 - 14:31

A lo largo de mis muchos años como médico del dolor ya han sido múltiples las ocasiones que, bien de viva voz, en la consulta, o bien a través de las redes sociales, algunos pacientes han manifestado su impotencia ante lo inevitable de su mal y ante la imposibilidad, al menos por ahora, de darle solución definitiva a sus problemas, les facilitamos al menos alivio para los mismos y en cualquier caso consuelo.

Pero ¿sería posible un escenario en que reconstruyésemos los hechos y diéramos por supuestos acontecimientos no sucedidos pero que habrían podido suceder? Eso es, ni más ni menos, que una ucronía, un marco ideal donde dar verosimilitud a sucesos posibles, yo aún diría más, probables, pero a los que todavía no les ha llegado su tiempo.

El inventor de la bombilla, Thomas Alba Edison, antes de su hallazgo, realizó más de un millar de intentos, jamás perdió la esperanza. Cuando dio con la solución exclamó “ahora conozco mil formas de cómo no hacer una bombilla”.  En ningún momento vio como fracasos sus intentos.

La vida es compleja, por ello habrá que tomar en consideración vértices y aristas para que, quienes sean pacientes, sientan nuestra comprensión y puedan recibir el tratamiento adecuado

Ucronías eran los relatos de Julio Verne, que se anticipó, en muchos casos, con siglos de antelación. La mismísima ciencia ficción, anteponiendo el espíritu creador a la realidad, también lo es y muchos años después hemos comprobado cómo la ciencia ha superado a esta manifestación artística que es la literatura futurista.

Como paciente puede ser duro tener que asumir la cruda realidad. Saberse desbordado por acontecimientos que, en muchos casos, son incontrolables frecuentemente conduce a episodios de ira, rabia, furia o incluso deriva en secuencias más graves.

La vida es compleja, por ello habrá que tomar en consideración vértices y aristas para que, quienes sean pacientes, primero sientan nuestra comprensión y luego puedan recibir el tratamiento adecuado, al menos hasta donde llega el conocimiento y/o la práctica. Hemos de ser realistas, pero sin perder la esperanza sobre el desarrollo de fármacos, técnicas, procedimientos que, en un futuro, esperemos que próximo, nos conduzca a erradicar ciertos males.

Hace algún tiempo hablamos desde esta misma tribuna de la necesidad de la empatía del profesional sanitario con sus pacientes a fin de acercarse a la raíz del problema. Cuando una patología se haya en ese reino de Hades aún por concretar, donde todo parece oscuro y frío, es cuando más falta hace esa cualidad, para hacer ver que se comprende la verdadera dimensión del conflicto y que se va a hacer todo lo posible por remediarlo.

Nuevas técnicas diagnósticas han horadado fronteras impensables sin lesionar tejidos, como la cirugía mínimamente invasiva, litotricia renal o biliar, cirugía estereotáxica, implantación de stens, angioplastias, tratamiento de aneurismas, etc.

Todo ello por no citar la digitalización de expedientes y pruebas evitando duplicidades y optimizando amplias superficies de almacenaje. El big data y la computación cuántica posibilitarán tratamientos personalizados y tal vez sostenibles o accesibles para todo el mundo…

Tarde o temprano igual que pasó con los anteriores avances, sucederá que controlaremos dolencias degenerativas, evitaremos amplias mutilaciones y de enfermedades crónicas sólo quedará una reseña

Hay males irreversibles como la amputación de miembros, que antaño se suplían con garfios o extremidades de madera, y hogaño se sustituyen por modernas prótesis que otorgan una calidad de vida bastante apreciable respecto al pasado y quién sabe si algún día llegarán a ser tan precisas e indetectables como las reales. Por no citar los implantes dentales o de lentes intraoculares.

Idéntica situación pasaba con los órganos dañados por infinidad de causas o el riesgo extremo que conllevaban algunas intervenciones quirúrgicas que casi era sinónimo de muerte fija y hoy no se realizan. Grandes extensiones de piel quemada hoy pueden ser regeneradas por cultivo celular, etc.

Hace un siglo algunas de estas actuaciones eran ciencia ficción y solo se veían en comics, libros del ramo, películas…Hoy siguen siendo ciencia, pero de alta cualificación técnica que permite su abordaje sin peligro. Muchas personas no podrán beneficiarse de estos avances anticipatorios al igual que en el pasado no pudieron hacerlo por no controlar la anestesia.

También es cierto que muchos no podrán esperar, y caerán en el campo de marte de la salud no resuelta, rendirán sus últimos alientos y pasarán a nuestro recuerdo. Tal vez si ya existiera de forma fehaciente y segura la hibernación o criogenización…pero por ahora son puramente especulativas.

Tarde o temprano igual que pasó con los anteriores avances, sucederá que controlaremos dolencias degenerativas, evitaremos amplias mutilaciones y de enfermedades crónicas sólo quedará una reseña. Sin embargo, aún deberemos esperar para alcanzar todas las respuestas. Mientras, nos quedará el colchón del arte.

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