Falta de datos en ensayos clínicos

¿Afecta de forma desigual la Covid-19 a hombres y a mujeres?

La mayoría de los estudios y ensayos clínicos que se realizan no tienen en cuenta el sexo de los sujetos. Un problema con el que la ciencia lidia desde hace décadas y que la COVID-19, ha puesto de relieve.

Científica analizando muestras en un laboratorio (Foto. Freepik)
Científica analizando muestras en un laboratorio (Foto. Freepik)

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16.07.2021 - 00:00

La evidencia científica relativa al SARS-CoV-2 deja claro que la COVID-19 afecta de forma diferente en función de la edad del infectado. Por norma general, las personas más jóvenes suelen cursar la enfermedad de forma leve e incluso asintomática, pero a medida que aumenta la edad también lo hacen los posibles riesgos asociados y las complicaciones. Pero, ¿afecta la COVID-19 de forma diferente en función del sexo?

Si tomamos como referencia las estadísticas epidemiológicas globales vemos que, por cada 10 ingresos en UCI de mujeres se producen 18 de hombres. En términos de letalidad, por cada 10 mujeres fallecidas por COVID-19, 15 hombres mueren de acuerdo a los datos recopilados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés).

Los datos de los CDC revelan una brecha cada vez mayor entre la proporción de hombres y mujeres vacunados contra la COVID-19 en Estados Unidos: ellas se vacunan hasta un 6% más. Conviene recordar además que los efectos secundarios raros vinculados a la vacuna desarrollada por AstraZeneca se producían principalmente en mujeres menores de 60 años, mientras que los asociados a los sueros de Pfizer/BioNTech y Moderna afectan con mayor frecuencia a los hombres como ha sucedido con los casos de miocarditis y pericarditis. En base a este somero resumen de la evidencia con la que contamos hasta el momento, el sexo juega un papel importante no solo en el curso de la infección sino también en cómo nuestro organismo puede reaccionar a la inoculación de las vacunas.

Por cada 10 ingresos en UCI de mujeres se producen 18 de hombres. En términos de letalidad, por cada 10 mujeres fallecidas por COVID-19, 15 hombres mueren de acuerdo a los datos recopilados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos 

Datos y conclusiones como los expuestos anteriormente se caracterizan por su escasez. La mayoría de los estudios y ensayos clínicos que se realizan no tienen en cuenta el sexo de los sujetos. La revista Nature Communications ha analizado un total de 45 ensayos controlados aleatorios sobre la COVID-19 publicados hasta diciembre de 2020. De estos, solo ocho informaron del impacto del sexo o del género. Pero no se trata de un problema de reciente aparición como consecuencia de la pandemia.

Science recoge las opiniones de varios expertos que daban por hecho que las distinciones por sexo o género se tenían en cuenta en este tipo de estudios, pero no es la norma. Se trata de una cuestión sobre la que no se ha prestado atención en los últimos 30 años tal y como explica Martin Landray, profesor de Medicina y Epidemiología en la Universidad de Oxford.

Los grandes ensayos clínicos desarrollados por Pfizer/BioNTech y Moderna, que contaron con la participación de decenas de miles de personas en todo el mundo, a veces omitieron los análisis por sexo. Sí que evaluaron la eficacia de sus vacunas atendiendo a este factor, entre otros, concluyendo que superaba el 90% tanto en hombres como en mujeres. Pero ninguno de los ensayos puso el foco en los posibles efectos adversos según el sexo, tal y como criticaron varios expertos de las Naciones Unidas en un artículo publicado por The Lancet.

Un reciente estudio publicado por EClinicalMedicine ha hallado que ningún ensayo de un total de 30 analizados evaluó si sus resultados variaban atendiendo al sexo. British Journal Medicine realizó un meta-análisis de 121 ensayos de los que solo 14 tuvieron en cuenta si el sexo de los sujetos participantes afectaba de modo alguno a los resultados.

Por el momento se trata de una cuestión que se encuentra en manos de los investigadores tal y como explica en Science Emily Smith, epidemióloga de la Universidad George Washington. “Tal vez algunas intervenciones a nivel del sistema podrían ayudar a abordarlo”, explican señalando que si los responsables de la financiación de los ensayos solicitasen informes desglosados por sexo podría motivarse a los investigadores a incorporarlos a sus investigaciones.

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