LA VISIÓN DE LOS EXPERTOS

La otra cara de la Covid-19: Agotamiento mental y otros efectos psicológicos por la pandemia

El estudio 'Las consecuencias psicológicas de la Covid-19 y el confinamiento', realizado por varias universidades españolas, lleva a cabo una propuesta de medidas y recomendaciones a tener en cuenta para cuidar la salud mental de la población.

Persona con mascarilla. (Foto. Unsplash)
Persona con mascarilla. (Foto. Unsplash)

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12.02.2021 - 00:00

La pandemia causada por el coronavirus SARS-CoV-2 ha propiciado cambios en los hábitos y conductas sociales, en la manera de interactuar, en el estilo de vida de las personas y también ha provocado consecuencias psicológicas en la población.

Un estudio realizado por varias universidades españolas profundiza en estas cuestiones. 'Las consecuencias psicológicas de la Covid-19 y el confinamiento', ha estado dirigido por Nekane Balluerka y en él también han trabajado Juana GómezM.ª Dolores HidalgoArantxa GorostiagaJosé Pedro EspadaJosé Luis Padilla Miguel Ángel Santed.

Este estudio señala que los efectos psicológicos del confinamiento y de la crisis sanitaria pueden aparecer demorados en el tiempo y presentar tendencia a cronificarse

En este trabajo se presentan varias recomendaciones de carácter fundamentalmente psicológico tanto para la población general en el contexto de la pandemia que se está viviendo y la situación de confinamiento derivada como para los efectos psicológicos a largo plazo derivados de esta situación y su posible prevención.

PAUTAS PSICOLÓGICAS EN EL CONTEXTO DE LA PANDEMIA

Respecto a las recomendaciones referidas al primer escenario serían las siguientes:

• Manejo de la información: Es importante que las personas entiendan lo que está pasando y que le den un sentido. Dependiendo de los perfiles personales, esta necesidad puede ser más o menos imperiosa. En este sentido, es bueno mantenerse informado, pero evitando la sobreexposición a la información en los casos en que la persona compruebe que le altera emocionalmente (preocupación, ansiedad, irritabilidad, desesperanza...), de modo que tales reacciones emocionales superen sus recursos de afrontamiento.

• Aceptación: Entender que las reacciones emocionales disfóricas (ansiedad, preocupación, desesperanza, incertidumbre, irritabilidad etc.) entran dentro de lo esperable en una situación de pandemia y confinamiento, y que en general son transitorias. Solo si son demasiado intensas, perduran demasiados días, o interfieren con el funcionamiento diario a nivel laboral, familiar, en relaciones de amistad, etc., se tornan desadaptativas y quizá requieran de ayuda de profesionales sanitarios.

• Recibir apoyo social: Mantenerse en contacto con las personas queridas y de confianza, de las que se recibe apoyo (familiares, amigos, etc.) o compañía es una de las mejores estrategias para afrontar una situación de confinamiento como esta. Mejor si, para ello, se utilizan medios que permiten una comunicación cara a cara (videollamada).

• Dar apoyo social: A su vez, puede resultar de interés brindar apoyo a otras personas que lo necesitan (por ejemplo, personas mayores y/o solas), ya que puede ser tan beneficioso para uno mismo como para la persona que recibe la ayuda. Finalmente, participar, de algún modo, en actividades comunitarias (vivienda, vecindario, comunidad) puede constituir, en algunas personas, una forma de aliviar el asilamiento: conversaciones desde ventanas, aplausos, música, etc.

• Rutinas: Mantener rutinas en la medida de lo posible y establecer otras nuevas: horarios (para levantarse de la cama, para acostarse, horarios de comida, para trabajar, para el ocio, etc.) puede ayudar a la regulación emocional y la protección de la salud manteniendo hábitos de consumo y conductas saludables.

• Activación: Mantenerse activo mentalmente (con trabajo, lectura, música, actividades de ocio, etc.) y físicamente (mediante algún tipo de ejercicio físico o baile) constituyen unas excelentes estrategias para regular las emociones y el cuerpo.

• Desactivación: A muchas personas les resultan útiles las estrategias de desactivación (relajación, mindfulness, etc.), que pueden complementar a las estrategias de activación.

• Compensación: Se puede utilizar este tiempo para cumplir deseos pendientes: profundizar en la convivencia con la familia, leer un libro o ver una película pendientes, dedicar más tiempo a otras aficiones, etc.

• Comida y bebida: Procurar comer sano y equilibrado y no aumentar la ingesta de alimentos ricos en grasas saturadas o azúcares refinados, así como tampoco el alcohol, la cafeína, etc.

RECOMENDACIONES ANTE LOS EFECTOS PSICOLÓGICOS DE LA PANDEMIA

En el segundo escenario, este estudio señala que hay que tener en cuenta que los efectos psicológicos del confinamiento y de la crisis sanitaria pueden aparecer demorados en el tiempo y presentar tendencia a cronificarse, como es habitual en el curso del estrés postraumático, y otras patologías relacionadas con las medidas de cuarentena que se han observado en el contexto internacional de la crisis de la COVID-19.

Para atender a esta situación, a partir de los datos encontrados se proponen varias medidas para la prevención de problemas psicológicos:

• Se recomienda elaborar planes integrales de actuación que den coherencia a las actividades preventivas, frente a acciones descoordinadas que puedan ofertarse desde distintos agentes y que pueden llegar a tener efectos iatrogénicos.

• Es recomendable realizar campañas informativas dirigidas al conjunto de la población, destinadas a enseñar a identificar señales que puedan indicar la necesidad de ayuda psicológica profesional.

• Se aconseja la realización de estudios de seguimiento de casos de riesgo que proporcionen información sobre la evolución temporal del malestar emocional y de los síntomas específicos.

• Se recomienda implementar acciones preventivas del agravamiento psicológico de la sintomatología que se ha detectado en este estudio. 

• Se considera que las mejores opciones metodológicas para estas acciones preventivas son los programas de prevención secundaria y terciaria, dirigidos a población que presenta indicadores de un deterioro psicológico, por su eficiencia en este contexto respecto a la prevención primaria. Los ámbitos de prevención han de abarcar el contexto comunitario, detectando focos de actuación dentro de la red social de los ciudadanos.

• Se aconseja la integración de servicios y recursos del sistema sanitario especializado en salud mental junto a equipos de los centros de investigación, que proporcionen sinergias en la combinación de metodología y asistencia clínica.

Es recomendable dotar de más personal para la atención psicológica cualificada en lugares críticos donde se prevé que exista en el futuro próximo mayor necesidad de apoyo psicológico: centros geriátricos, unidades de cuidados intensivos, centros de atención primaria, y centros escolares, entre otros.

[Accede aquí al estudio 'Las consecuencias psicológicas de la Covid-19 y el confinamiento'] elaborado por la Universidad del País Vasco, la Universidad de Granada, la Universidad Miguel Hernández, la Universidad de Murcia, la UNED y la Universidad de Barcelona, en colaboración el Ministerio de Universidades.

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