Fundamental en el desarrollo de estrategias

La importancia de diferenciar entre “eliminación” y “erradicación” de la pandemia

A lo largo de la pandemia el término “eliminación” se ha utilizado con diferentes sentidos. Muchos lo confunden con “erradicación” que significaría una reducción permanente a cero de la incidencia mundial del virus.

Investigaciones sobre la inmunidad frente al coronavirus
Investigaciones sobre la inmunidad frente al coronavirus

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21.07.2021 - 13:00

Las campañas de vacunación masiva contra la COVID-19 avanzan en gran parte del mundo en un escenario en el que los contagios continúan incrementándose, motivados por la supresión de medidas y restricciones y por el avance de las distintas variantes del SARS-CoV-2, especialmente la Delta (B.1.617.2, detectada originalmente en India). En este contexto, ¿es posible hablar a corto plazo del final de la pandemia?

Una cuestión que plantea múltiples aristas y que depende de numerosos factores por lo que lo más sensato y correcto en el punto en el que nos encontramos es utilizar los términos y conceptos adecuados. Motivo por el que conviene destacar unas recientes declaraciones realizadas por el doctor Anthony Fauci, asesor en materia de COVID-19 del Gobierno de Estados Unidos: “Terminaremos con esta fase de la pandemia y, probablemente, lleguemos a un punto entre el control y la eliminación, más cerca del control de la pandemia”.

Partiendo de estas declaraciones ponemos el foco en un análisis efectuado por varios expertos en British Journal Medicine. Estos indican que a lo largo de la pandemia el término “eliminación” se ha utilizado con diferentes sentidos. Muchos lo confunden con “erradicación” que significaría una reducción permanente a cero de la incidencia mundial del virus como se logró con la viruela. La confusión con la que se emplean estos dos conceptos por medios de comunicación, políticos e incluso algunos expertos genera una idea colectiva que hace que parezca imposible poner fin a la pandemia.

Un sentimiento peligroso ya que lleva a pensar además que no merece la pena continuar combatiéndola y que todos los esfuerzos son inútiles. Una situación que por ejemplo estamos viendo en Reino Unido donde el Gobierno de Boris Johnson ha puesto fin a la gran mayoría de las restricciones a pesar del preocupante escenario epidemiológico británico bajo la máxima de que ha llegado el momento de aprender a convivir con el virus.

Si ponemos el foco en el concepto de eliminación del sarampión con el que trabaja la OMS, vemos que este contempla la importación de casos siempre que la transmisión endémica de la cepa del virus del sarampión no continúe durante más de 12 meses

Los expertos afirman que la eliminación se define de diversas formas. Los países que han seguido estrategias de eliminación han experimentado menos trastornos y daños económicos que los que han centrado sus esfuerzos en la mitigación. La referida cabecera se hace eco de una comparación de cinco países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico que se centraron en estrategias de eliminación frente a 32 que optaron por mitigación. Las estrategias de eliminación reportaron mejores resultados en términos de salud, economía y libertades civiles.

Los autores del artículo definen la eliminación como “acción máxima para controlar el SARS-CoV-2 y detener la transmisión comunitaria lo más rápido posible”. Una definición orientada a la acción que reconoce que se producirá cierto grado de transmisión comunitaria del virus a través de vías como los casos importados, aunque se tomarán medidas para evitarlo. En este sentido conviene poner el foco en la estrategia seguida por el Servicio de Salud de Nueva Zelanda centrado en la tolerancia cero hacia a los nuevos casos de COVID-19 en lugar de una meta fijada en que no haya ningún caso nuevo.

De forma habitual la eliminación de una infección se interpreta como la reducción de la incidencia a cero en una zona geográfica determinada. Pero en el campo de la epidemiología se contempla también como definición de este concepto la reducción a un nivel muy bajo de la transmisión, cuyo umbral para considerarlo es predeterminado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido la eliminación de la tuberculosis como una reducción de la prevalencia de la enfermedad a menos de un caso por cada millón de habitantes.

En lugar de equipararse la eliminación del SARS-CoV-2 con “COVID cero”, podría definirse como “el logro de una situación en la que los brotes de COVID-19 se extingan eventualmente, sin una transmisión continua y generalizada”

Si ponemos el foco en el concepto de eliminación del sarampión con el que trabaja la OMS, vemos que este contempla la importación de casos siempre que la transmisión endémica de la cepa del virus del sarampión no continúe durante más de 12 meses. Si hablamos del SARS-CoV-2, no existe por el momento una definición acordada internacionalmente de su eliminación.

Varios países de la región de Asia y el Pacífico han adoptado estrategias de eliminación para controla la pandemia. Unas naciones que han experimentado cargas relativamente bajas de la COVID-19 y han reportado cifras de fallecidos relativamente bajas, pero ninguno ha conseguido llegar a una incidencia de cero casos durante un periodo prolongado de tiempo. Los expertos detallan en British Journal Medicine que las probables consecuencias de no aspirar a la eliminación han sido detalladas por varios epidemiólogos que apuntan a que el SARS-CoV-2 puede convertirse en una infección estacional recurrente e incluso en una enfermedad endémica en muchas regiones.

La aparición de distintas variantes del virus con mayor capacidad de transmisibilidad plantea desafíos para controlar el virus a través de las medidas de salud públicas convencionales. Sin embargo, eliminar la mayoría de los casos de COVID-19 debería ser más factible con la llegada de vacunas altamente efectivas, siempre que se dé respuesta a los problemas globales de suministro. Israel ha demostrado que se puede lograr con altas tasas de vacunación que deben ser combinadas con otras medidas que incluyan cribados y rastreo y aislamiento de los contactos.

Una interpretación indebida de la eliminación puede disuadir a los países a la hora de adoptar un enfoque ambicioso. En lugar de equipararse la eliminación del SARS-CoV-2 con “COVID cero”, podría definirse como “el logro de una situación en la que los brotes de COVID-19 se extingan eventualmente, sin una transmisión continua y generalizada”.

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