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Efectos secundarios para nuestra salud

Pandemia y sobreexposición a internet: claves del desconfinamiento digital

Analizamos las consecuencias para nuestra salud de la alta exposición a internet y las pantallas durante los meses de confinamiento y las claves de uso de la tecnología digital ante el incierto futuro.

Persona consultando información en internet (Foto. Freepik)
Persona consultando información en internet (Foto. Freepik)

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23.08.2020 - 00:00

El SARS-CoV-2 ha cambiado por completo nuestros hábitos. Las relaciones sociales se han visto alteradas notablemente y los meses de confinamiento han disparado el uso de internet y las nuevas tecnologías no solo desde el punto de vista del entretenimiento y el ocio, sino también en el ámbito informativo, educativo y laboral. El pasado mes de marzo nuestras vidas se paralizaron y de forma repentina millones de españoles tuvieron que adaptar su educación o sus actividades laborales al ámbito digital.

Durante varios meses la exposición que hemos tenido a internet y los dispositivos móviles ha sido más elevada que nunca y se han generado algunos problemas de desconexión una vez entramos en la denominada como “nueva normalidad”. El surgimiento de brotes que hacen temer la llegada de una segunda ola, mantiene a muchos españoles aún teletrabajando y la incertidumbre hasta contar con una vacuna o tratamientos eficaces contra la Covid-19 plantea dudas sobre el inicio de las clases presenciales en septiembre.

Una situación que desde ConSalud.es hemos analizado de la mano de Joaquín González Cabrera, profesor de la Facultad de Educación de UNIR e Investigador Principal del grupo Ciberspicología de UNIR.

-              Los meses de confinamiento se han traducido en una sobreexposición internet y los dispositivos móviles. ¿Qué consecuencias pueden experimentar?

Si me lo permite, quisiera iniciar la ronda de preguntas con un alegato en defensa del uso de Internet y de las “pantallas”. Vivimos en la sociedad digital y estas nos permite un nivel de desarrollo y oportunidad como nunca ha tenido con anterioridad la historia de la humanidad. No obstante, es cierto que esta situación también entraña riesgos y debe realizarse un uso adecuado para que sea un factor multiplicador y no de sustracción. Hay que ponerlo en valor todo, ya que cuando nos centramos en lo negativo, obviamos el valor positivo que todo tiene.

Los casi 100 días que hemos estado en confinamiento en España (quizás más para algunas personas) han girado en torno a Internet. Este ha permitido estar conectado con otros, trabajar y/o estudiar, entretenerse, etc. No obstante, la contrapartida ha sido que muchos de nosotros hemos estados sobreexpuestos, especialmente los menores.

Con respecto a las consecuencias de la sobreexposición a Internet y/o las pantallas cabría indicar que a día de hoy la investigación no es concluyente sobre muchas cuestiones, ya que los resultados son en su mayoría contrapuestos.

Lo que sí podemos afirmar es que cualquier sobreexposición a algo es negativa en sí misma. Sabemos que puede generar problemas para la visión, especialmente como un síndrome visual informático (no ceguera ni daños en la retina). Esta es una patología leve que ocurre con gran frecuencia en aquellos que pasan más de 3 horas al día conectados. Es posible también favorecer la aparición de tendinitis flexora en la muñeca o el dedo pulgar, dolor de cabeza, cervical o de espalda, entre otras patologías. Asimismo, es habitual leer la asociación entre sobreexposición y trastornos del sueño y con problema de atención.

Sabemos que puede generar problemas para la visión, especialmente como un síndrome visual informático (no ceguera ni daños en la retina)

En general, diría la consecuencia más notable de la sobreexposición a las pantallas es su coste de oportunidad. Si pasamos mucho tiempo conectados, no podremos hacer otras cuestiones. De tal forma se limitará el contacto vis a vis personal y el desarrollo de competencia social asociado a este (especialmente en la infancia y la adolescencia). Asimismo, se reducirán las actividades lúdicas y/o físicas que son tan importantes en estas etapas (se sale menos, se practican menos deportes y, en general, se realizan hábitos sedentarios que influyen en la salud).

-              ¿Han ampliado las clases virtuales y el uso ilimitado de pantallas los efectos de la hiperconexión?

En mi particular visión creo el trabajo docente que ha utilizado debidamente los recursos tecnológicos han podido ayudar a hacer un mejor uso de Internet, pero está claro que si a un tiempo de ocio muy grande (al estar confinados) le añades unas obligaciones académicas, según la edad de menor, pues todos hemos estados más sobreexpuestos. No obstante, esta situación podría tener efectos positivos al tener relación el menor con sus docentes, con el grupo clase, participar de actividades formativas con otros iguales, etc.

En este punto lo importante también es conocer cómo se usa Internet y para qué, no sólo cuánto tiempo se usa. Cabe pensar que estamos “virtualmente” conectados las 24h, ya que tenemos internet en casa a golpe de clic y llevamos Internet en nuestros teléfonos móviles.

-              ¿Cuáles son los consejos que deberían poner en práctica los padres para fomentar la desconexión de sus hijos?

Los consejos esenciales se resumen de la siguiente forma:

1. Debemos conocer realmente la situación del menor en cuanto a su uso de Internet.

Cuántas horas está realmente conectado de forma general (no solo en el ordenador sino también en el teléfono móvil y otros dispositivos), para qué lo utilizan principalmente (no es lo mismo leer un libro en un Tablet que apostar por Internet). Una vez hecho un razonable diagnóstico la idea es contrastarlo con el menor para conocer su percepción sobre su uso (y posible abuso) de las pantallas. Razonar con él/ella en la cantidad de tiempo y en reducirlo es clave.

2. Negociar los tiempos y los usos de Internet y las pantallas.

Si con anterioridad no hemos trabajado el control parental a través de una regulación explícita, esta puede ser una oportunidad para poner reglas (si se pueden consensuadas) que regulen los usos de Internet, los tiempos que se dedican a cada cosa, desde dónde se debe conectar, la hora de finalización, el uso del teléfono móvil, etc.

3. En ese plan de reducción de horas, debemos trabajar (sobre todo ahora en el post-confinamiento) hábitos saludables con los que reemplazar el tiempo invertido en las pantallas. Requerimos descubrir y/o retomar actividades importantes a nivel personal, social y familiar.

4. Por último, las familias debemos ser un ejemplo claro para los menores. No debemos exigir aquello que no hacemos nosotros. Es por ello que hay que buscar espacios familiares de desconexión.

Centraría esta cuestión en trabajar nuevos hábitos saludables e ir modificando comportamientos centrados en las pantallas en otros que puedan ahora realizarse, especialmente a nivel social y en el contexto relacional interpersonal

- Nadie duda de que internet ha cumplido con un cometido fundamental durante el confinamiento, pero a la vez, ha generado nuevos hábitos y pautas. ¿Cuál debería ser el proceso ahora?

Centraría esta cuestión en trabajar nuevos hábitos saludables e ir modificando comportamientos centrados en las pantallas en otros que puedan ahora realizarse, especialmente a nivel social y en el contexto relacional interpersonal. Asimismo, reducir el tiempo de uso es clave. Sin haber un consenso claro, es razonable pensar en estos tiempos máximos de uso de las pantallas (sin que cuente el tiempo de dedicación durante el tiempo de clases y actividades):

a) Entre los 3 y 6 años, no más de 30 minutos.

b) Entre los 6 y los 12 años, no más de una hora diaria.

c) Entre los 13 y los 16, no más de dos horas (todo ello, siempre supervisado).

- De cara a futuros confinamientos, ¿cuáles serían sus recomendaciones?

El confinamiento recae sobre el peso de la unidad familiar, ya que nos confinamos en casa. De esta forma, lo más importante para un menor es que el ambiente familiar sea propio, sano y bien avenido entre las partes. La presión de estos momentos ya es una prueba de fuego para la familia por lo que establecer protocolos y regular cómo debe usarse Internet, la televisión, las consolas, etc. es clave para garantizar una convivencia lo más armónica posible. Aprovechar la situación de confinamiento para realizar una unión familiar, pasar más tiempo juntos, realizar acciones entre todos (cocina, manualidades, etc.). En resumen, se trata de intentar que una situación negativa podamos hacerla lo más llevadera posible. Las normas basadas en la experiencia anterior ayudarán a regular los usos y los excesos anteriores.

Porque salud necesitamos todos... ConSalud.es

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