¿Preocupa la disminución de anticuerpos neutralizantes? Contestan los expertos

Más allá de los anticuerpos neutralizantes conviene destacar el papel de la inmunidad celular que se genera tras la vacunación y que nos confiere capacidad para responder ante el virus.

Muestras de sangre en un laboratorio (Foto. Freepik)
Muestras de sangre en un laboratorio (Foto. Freepik)
CS
24 septiembre 2021 | 00:00 h

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) ha autorizado la administración de una dosis de refuerzo de la vacuna contra la Covid-19 de Pfizer en personas mayores de 65 años y grupos con alto riesgo. Países como Reino Unido o Israel ya han iniciado la inoculación de dosis de refuerzo en sus poblaciones y, en el caso de España, se administran terceras dosis en residentes de residencias de ancianos y dosis adicionales en personas con sistemas inmunológicos comprometidos y que no han conseguido alcanzar el grado de protección esperado con las pautas de inmunización fijadas.

Por el momento, la FDA, la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han asegurado que la inoculación de dosis de refuerzo y/o terceras dosis en la población general no son necesarias. Un debate candente al que se añade un nuevo factor a tener en cuenta y sobre el que no existe un consenso extendido: ¿cuánto se sabe realmente sobre la duración de la inmunidad medida por las vacunas?

La evidencia científica surgida a lo largo de los últimos meses documenta una disminución constante de los niveles de anticuerpos entre las personas vacunadas. Diversos estudios y datos de las autoridades sanitarias de países como Israel o Reino Unido han demostrado que las vacunas están perdiendo su fuerza, al menos cuando se trata de controlar los contagios. Especialmente frente a variantes del SARS-CoV-2 como Delta (B.1.621.2, detectada originalmente en India).

Las células B de memoria continuaron creciendo en número durante, al menos, los seis meses siguientes a la vacunación y perfeccionaron sus mecanismos de defensa frente al coronavirus

Ante esta fotografía conviene matizar ciertos aspectos. Nicole Doria-Rosa, inmunóloga del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, explica en Nature que es posible que los niveles de anticuerpos neutralizantes experimenten un descenso con el paso del tiempo. Estos son los que mayor interés despiertan a la hora de hablar de inmunidad ya que pueden interceptar virus antes de que logren penetrar en nuestras células. Sus niveles se disparan tras la inoculación de las vacunas, pero disminuyen rápidamente meses después. La experta asegura en la referida publicación que no se trata de un caso único de las vacunas desarrolladas contra la Covid-19 sino que es extensible a muchas otras.

Es importante tener claro que nuestra inmunidad no depende exclusivamente de los anticuerpos neutralizantes. Jennifer Gommerman, inmunóloga de la Universidad de Toronto (Canadá), declara en Nature que las respuestas celulares son más duraderas. “La inmunidad celular es lo que te protegerá de las enfermedades”.

En este sentido destacan, por ejemplo, las células B de memoria que pueden desplegarse de forma más rápida que los anticuerpos en caso de que nuestro organismo se infecte tras la vacunación. Una parte de estas “tiende a quedarse al igual que las células T, que pueden atacar a células ya infectadas brindando ambas una medida adicional de protección en caso de que el SARS-CoV-2 supere nuestra primera línea de defensa”.

Un reciente estudio publicado en bioRxiv concluye que estos son los tres pilares básicos de nuestra defensa inmunitaria y que las vacunas estimulan la inmunidad celular duradera. Las células B de memoria continuaron creciendo en número durante, al menos, los seis meses siguientes a la vacunación y perfeccionaron sus mecanismos de defensa frente al coronavirus. Los recuentes de células T se mantuvieron relativamente estables, descendiendo solo ligeramente durante el periodo de estudio, uno de los pocos desarrollados a largo plazo sobre estos aspectos.

De acuerdo a las explicaciones ofrecidas a lo largo de estas líneas, podría resumirse que, tras la vacunación generamos una “reserva”. Aunque nuestros niveles de anticuerpos neutralizantes circulantes puedan reducirse con el paso del tiempo, nuestro sistema inmunológico continúa siendo capaz de poner en marcha de forma rápida y eficaz una respuesta. Motivo por el que la gran mayoría de los epidemiólogos y virólogos desaconsejan completamente la realización de test de anticuerpos tras completar la pauta de vacunación puesto que puede llevar a engaño.

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