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Oftalmología pediátrica

Los oftalmólogos recomiendan la primera revisión ocular a los tres o cuatro años

A esa edad, los niños ya pueden colaborar en una exploración oftalmológica sencilla y se está a tiempo de tratar de manera eficaz problemas como el estrabismo o el ojo vago.

Los oftalmólogos recomiendan la primera revisión ocular a los tres o cuatro años
Los oftalmólogos recomiendan la primera revisión ocular a los tres o cuatro años

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24.02.2017 - 10:28

La ciencia indica que cuando una persona nace su sistema visual todavía no ha madurado completamente. Y es que el desarrollo total de la visión se realiza durante la infancia. Explican los oftalmólogos que la agudeza visual va mejorando desde el nacimiento: a los tres años únicamente ya alcanza el 50% y llega al 100% a los cinco.

Hasta que el niño cumple siete u ocho, esos primeros años de vida resultan cruciales para un correcto desarrollo visual. Por eso, los progenitores deben estar atentos para intentar detectar en la visión de sus hijos signos de que algo no funciona bien y acudir a revisión oftalmológicas antes de que estas anomalías puedan provocar secuelas irreversibles. Porque el diagnóstico precoz y un tratamiento eficaz son el camino correcto para garantizar una buena calidad visual en la adultez.

EL PRIMER AÑO DE LOS OJOS

El diagnóstico precoz y un tratamiento eficaz son el camino correcto para garantizar una buena calidad visual al llegar a la adultez
Los expertos aconsejan a los padres y madres que si el desarrollo visual no se produce como a continuación se detalla es adecuado consultar a un oftalmólogo. Durante el primer mes de vida, el bebé ya cierra los ojos con claridad, percibe contrastes, aunque su campo de visión todavía no supera los 30 grados. Antes de cumplir los dos meses, comienza a seguir algunas imágenes en su campo visual más próximo, como sus manos; también reconoce ciertos colores y dirige la cabeza hacia la luz. A los tres meses, el bebé empieza a reconocer a los seres cercanos (padre y madre). A partir del cuarto, comienza a tener visión binocular que le permite percibir relieves.

Con el medio año de vida el sistema visual del bebé ya está más perfeccionado y sus ojos están centrados casi todo el tiempo. Coordinar lo que ve con sus capacidades motrices hace que pueda presionar objetos. A los 12 meses de vida, la maduración progresiva del sistema visual permitirá al bebé iniciarse en sus primeras tentativas de andar.

REVISIÓN RUTINARIA

En la página web de Oftalvist, líderes en España en el uso de tecnología puntera, como el láser de femtosegundo, para el cuidado de los ojos, aconsejan que, aunque el desarrollo visual del niño sea aparentemente normal, la primera revisión ocular se realice a los tres o cuatro años, momento adecuado debido a que el chico ya podrá colaborar en una exploración oftalmológica sencilla y, además, todavía se está a tiempo de tratar de manera eficaz problemas como el ojo vago.

ENFERMEDADES MÁS FRECUENTES

La ambliopía, también conocida como ojo vago, es una de las principales causas de pérdida irrecuperable de visión en los países desarrollados. Porque puede suceder que durante la infancia el sistema visual no reciba los estímulos precisos para llevar a cabo una correcta maduración a nivel cerebral; esto quizá se deba a un estrabismo, un defecto refractivo como la miopía o el astigmatismo, o tal vez tenga su origen en cualquier defecto que no deja al ojo recibir una imagen suficientemente nítida. Pero la consecuencia coincide: puede que un globo ocular vea menos que otro.

Se cifra en 4% el porcentaje de niños que sufre ambliopía
Se estima que el 4% de los niños padece de ojo vago. Los oftalmólogos alertan que si no se trata antes de los ocho o nueve años da lugar a un severo e irreversible defecto visual. De ahí la crucial importancia del diagnóstico precoz de cara a dispensar el tratamiento oportuno en un momento en el que aún subsiste cierto nivel de plasticidad visual. Sin embargo, no hablamos de un problema de la vista que sea fácil de detectar por parte de los padres. Y es que sólo suele apreciarse en exploraciones de la visión por parte del oftalmólogo pediátrico.

Otra de las enfermedades de la visión más frecuentes es el estrabismo, que supone la desviación anormal de uno o de ambos ojos en alguna de las posiciones de la mirada, es decir, se pierde el paralelismo de los ejes oculares, algo que provoca una alteración de la visión binocular que no es capaza de enfocar un punto simultáneamente. Cuando esto ocurre en la infancia, se da un fenómeno de adaptación por el que el cerebro selecciona la imagen de mayor calidad y desconecta lo que ve el otro ojo. Así se salva el problema de visión doble

Según el plano en que se produzca la desviación, el estrabismo se divide en horizontal (el ojo se desvía hacia adentro o afuera) y vertical (hacia arriba o abajo con respecto al otro). Este trastorno se trata con gafas, toxina botulínica o cirugía. El pronóstico visual se vuelve mejor cuanto antes se diagnóstica el estrabismo, al tiempo que también se evitan otras complicaciones.

DEFECTOS REFRACTIVOS Y OBSTRUCCIÓN DEL LAGRIMAL

La obstrucción del lagrimal en la infancia se produce porque la vía de eliminación de la lágrima desde el ojo a la nariz se halla obstruida
El astigmatismo, la miopía y la hipermetropía son los defectos refractivos que pueden surgir a la persona ya desde su infancia. Los tres acarrean una visión desenfocada, carente de nitidez. Y a veces van asociados a un bajo rendimiento escolar, lo que aumenta la importancia de una detección precoz. Además, en muchos casos los niños, incluso sin ver bien, no se quejan por temor a necesitar gafas.

La obstrucción del lagrimal en la infancia, llamada dacriocistitis congénita, se produce cuando el lagrimal, que es la vía de eliminación de la lágrima desde el ojo a la nariz, no completamente formada al nacer, se halla obstruida; por lo que el niño lagrimea constantemente y, a menudo, tiene legañas. En el 90% de los casos, este taponamiento se soluciona de forma espontánea durante los primeros meses del bebé. De modo que, a priori, los expertos optan por un tratamiento conservador, consistente en masajes en la zona del saco lagrimal y colirios antibióticos cuando se vuelve necesario. Sólo en contadas ocasiones la no resolución de este problema obliga a realizar un sondaje lagrimal.


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