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Mascotas

Alfonso VidalJefe Unidad del Dolor Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón

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28.04.2017 - 13:22

Me produce una gran admiración la convivencia, incluso cohabitación, que tenemos en nuestra sociedad con los animales, algunos domésticos y otros más o menos acostumbrados a nuestra presencia.

"Creo que lo mejor es que cada uno siga su camino y viva en su hábitat natural y no enclaustrado entre cuatro paredes"
Muchos colegas presumen de contar con uno o dos perros, uno o dos gatos, uno o dos canarios y luego ya vienen los muy, muy originales que tienen serpientes, hámsters, cerdos vietnamitas, tarántulas y un sinfín de seres, algunos de los cuales, reconozco, me espantarían solo de verlos y ya no digo en completa libertad por una casa.

He montado a caballo, en dromedario, en camello, incluso me subí a la grupa de un elefante. Me he asustado viendo tras un cristal blindado a enormes felinos de todos los confines de la tierra. He paseado junto a vacas con sus terneros por sendas rurales. He asistido como médico anestesiólogo en plazas de toros de segunda donde tratamos alguna que otra urgencia, cornadas incluidas.

Me infunden un profundo respeto, como seres sensibles que son, pero creo que lo mejor es que cada uno siga su camino y viva en su hábitat natural y no enclaustrado entre cuatro paredes, donde incluso hasta los humanos nos sentimos más de una vez prisioneros de nuestro modus vivendi, si bien nosotros podemos elegir si entrar o salir, comer o dormir, asearnos o ir al excusado, acudir al médico, salir de paseo, de fiesta o a comprar, entre otras muchas acciones.

Sin embargo, los pobres animales están condicionados a lo que hagamos nosotros por ellos, como abrir las latas o sobres de comida, sacarles a hacer sus necesidades o simplemente a expandirse por el parque más próximo, llevarles al veterinario, comprarles complementos para que jueguen, cortarles el pelo o limpiar sus zonas de aseo y recreo de la casa.

Estas últimas experiencias que les he contado me las han descrito muchos propietarios satisfechos y enamorados de sus mascotas, y digo enamorados porque es tal la pasión con la que hablan que en efecto solo puede llamarse amor y no basta definirlo por cariño, ni simpatía, pues para ellos son como alguien más de su familia.


He leído estudios de todo pelaje (o plumaje), y nunca mejor empleada aquí la expresión, sobre la idoneidad de convivir y compartir el espacio vital con mascotas. Su rigor es comparable en algunos casos con la certeza de la güija, los pronósticos de los futurólogos que salían antaño en TV o los análisis de los economistas que no previeron la crisis de 2008.

"Estoy convencido de que esa experiencia adquirida en la infancia hace ver a los animales de compañía de una forma especial y en muchos casos única"
También existen estudios que refieren los peligros de poseer animales de compañía, alergia expresa, neumoconiosis o peligro manifiesto por ser portadores de venenos propios en los casos que todos imaginamos y que no hace falta desplegar.

Algunos terapeutas afirman, no sin fundamento, las virtudes de estos seres más o menos peludos, por cuanto pudieran actuar en el plano de las sensaciones y las emociones, nos haría sentir bien repercutiendo en la aceleración de nuestra curación cumpliendo un efecto revulsivo y psicosomático. Pero per se no curan nada, se lo garantizo.

He visto lágrimas más sinceras en propietarios de animales cuando han afrontado su pérdida, que en funerales de personajes famosos o de familiares lejanos a los que se acude por mero compromiso. No banalizo en absoluto esos sentimientos, porque al fin y al cabo cada uno deposita sus afectos donde le place.

Me admira, me llama la atención, solo quería dejar constancia sobre el particular porque ya me lo habían sugerido algunos amables lectores en privado. Estoy convencido de que esa experiencia adquirida en la infancia hace ver a los animales de compañía de una forma especial y en muchos casos única.

Cada uno es como es y tan respetable es una postura como su contraria (no sobrellevar a los pequeños compañeros de los demás) y este hecho se debe aceptar en un mundo como el nuestro, donde compartimos muchos espacios que son públicos.

Alfonso Vidal
Jefe Unidad del Dolor Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón


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