Criogenización: ¿De verdad se puede parar el tiempo?

En el mundo hay alrededor de 250 personas que están criopreservadas, esperando despertar en un futuro. ¿Cuáles son las evidencias científicas que hay hasta el momento sobre esta técnica?

Criogenización: ¿De verdad se puede parar el tiempo?
Criogenización: ¿De verdad se puede parar el tiempo?

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21.11.2015 - 00:03

Si pensamos en criogenización probablemente lo primero que nos venga a la cabeza sea la leyenda de Walt Disney, el genio de la animación que se encuentra congelado a la espera de una cura para el cáncer de pulmón que tenía y que estaba en fase terminal.

Para decepción de muchos apasionados de la ciencia ficción, esto no es más que un mito. Disney murió en el hospital de St. Joseph, en Estados Unidos y fue incinerado y enterrado. Pero si hay algo de verdad en su historia es que a día de hoy la criopreservación existe, y que hay alrededor de unas 250 personas en todo el mundo que se encuentran en este estado, donde el tiempo no pasa, a la espera de despertar algún día, en un futuro donde las enfermedades sean cuestión del pasado.

Hay alrededor de unas 250 personas en todo el mundo que se encuentran en estado de criogenización
Al menos, así lo ha relatado a SaluDigital.es el doctor Lluís Estrada, director médico de Crionica.org, la antigua Sociedad Española de Criogenización que se convirtió, al aunar a expertos de distintas nacionalidades, en la Asociación Iberoamericana de Criopreservación.

La técnica no está exenta de polémica, puesto que son muchos los que condenan que se trata de una estafa para vender a precio de oro (entre 50.000 y 160.000 euros) falsas esperanzas. Pero también hay reconocidos expertos y estudios científicos que la avalan. El doctor Estrada reconoce que aún hay varias dificultades que solventar, pero que de lograrlo, la criogenización puede cumplir su objetivo.

¿EN QUÉ CONSISTE?

La criopreservación es, básicamente, aplicar a un cuerpo bajas temperaturas inferiores a 120ºC bajo cero (utilizando muchas veces el nitrógeno líquido para llegar incluso a -196ºC), induciéndolo a un estado en el que “todo el sistema biológico se paraliza y se produce una parada de todas las reacciones químicas”, como explica este especialista, que incide en que “en esta situación un cuerpo podría estar los años que fuera”.

Así, pone el ejemplo de los embriones humanos que han sido criopreservados (o como se dice coloquialmente, congelados) y que han servido, dos décadas más tarde, para terapias de fecundación in vitro con el resultado de bebés que nacen “como si esos 20 años no hubiesen pasado”.

“EN ESTOS MOMENTOS, EL PROCESO NO ES AÚN REVERSIBLE”

Pero esto no es tan sencillo en humanos adultos, en los que, “en estos momentos, el proceso no es aún reversible”. El principal problema, explica el doctor, está en los procesos de congelación y descongelación de un cuerpo y de la toxicidad de sustancias crioprotectoras.

Por una parte, en el proceso de congelación se pueden formar cristales de hielo dentro de la célula que pueden romperla y causar la muerte del individuo. Para evitarlo, explica el doctor, existe un líquido crioprotector que puede hacer que el cuerpo alcance estas temperaturas tan extremas sin que haya cristalización. Se trata de una sustancia en forma de gel, y el proceso se llama vitrificación.

Los crioprotectores tienen efectos tóxicos y la concentración que hay que inyectar en el cuerpo es muy elevada
Pero de esta sustancia, precisamente, deriva el segundo problema. Los crioprotectores tienen efectos tóxicos y la concentración que hay que inyectar en el cuerpo es muy elevada. Para evitar daños, se necesita “una extrema rapidez a la hora de ponerlos”, y que cuando se quiera revertir el proceso de una persona criogenizada a su estado normal, la descongelación ha de ser muy rápida y durante la misma hay que quitar, también con mucha rapidez, estos crioprotectores.

“Si se trata de un animal muy pequeño o un embrión”, explica el doctor, “eso se ha podido hacer y revertir (volver al estado anterior a la criopreservación)”, y confiesa que “lo más grande que se ha logrado revertir de forma eficaz es la vitrificación de un riñón de conejo y que éste funcionara bien”.


Por ello, comenta, “la criopreservación de personas se basa en la esperanza de que la ciencia, en el futuro, pueda revertir el proceso”. Por ahora, la vitrificación se hace en las mejores condiciones posibles, y se comprueba por microscopía que se mantiene toda la estructura celular y neuronal del cuerpo. “Se ha demostrado que esto se mantiene”, comenta el doctor Estrada, “pero no se ha logrado quitar el crioprotector ni proceder al ascenso de temperatura de forma suficientemente rápida”.

¿DÓNDE Y CÓMO SE ESTÁ HACIENDO?

Actualmente, según explica el doctor, son tres los centros que están aplicando técnicas de criopreservación a personas. Dos son de Estados Unidos (Cryonics Institute en Michigan y Alcor en Arizona) y un tercero en Rusia, KrioRus.


Por otra parte, también existen otras instituciones que, si bien no pueden criogenizar a seres humanos, se encargan de atenderlos y transportarlos hasta estos centros. Así, por ejemplo, existe Crionica en Reino Unido y IECRION, el Instituto Europeo de Criopreservación, que se fundó en 2011. Precisamente esta entidad anunció la construcción de un centro de investigación sobre este terreno y un cementerio (de cadáveres criopreservados) para finales de 2015, aunque aún no está en funcionamiento.

El principal obstáculo para alguien que decida criogenizarse (y seguramente lo decida para esperar al momento en que exista una cura para su enfermedad terminal o degenerativa), es legal. Actualmente es necesario el diagnóstico de fallecimiento por parte de un profesional para que pueda comenzar el proceso. De lo contrario, comenta el doctor Estrada, la Ley lo consideraría un “suicidio”.

Esto no es lo más idóneo, según Estrada, ni lo más lógico a nivel científico. “Ha habido muchas luchas legales y muy pocos sitios donde se haya logrado una autorización para hacer una criogenización premortem”. Esperar a que el corazón de una persona con cáncer terminal y en cuidados paliativos se pare “es absurdo”.

DEBATE CIENTÍFICO

“Aquellos que venden falsas esperanzas de reanimar a seres humanos congelados, que juegan con lo teórico y lo posible, merecen nuestro desprecio”, escribía recientemente Michael Hendrix, neurocientífico y profesor adjunto de biología en la Universidad de McGill, en EE.UU.

En lo que llamaba “manifiesto científico para desacreditar la criogenización”, su principal crítica era que, aunque esto fuera posible, actualmente resultaría imposible mantener la memoria y, por tanto la identidad de la persona sometida a este proceso después de una reanimación cerebral.

Tal como explicaba en la revista del MIT (Massachusetts Institute of Technology), en teoría es posible mantener “el vasto conjunto de sutiles modificaciones químicas, estados de regulación genética y distribuciones subcelulares de complejos moleculares” en tejidos muertos, pero revivirlos con las mismas características “no es plausible actualmente”.

El doctor Estrada no cree que el individuo pierda la memoria ni su identidad cerebral, y se remonta al anteriormente mencionado centro Alcor que hizo un experimento con nematodes (una especie de gusano bastante pequeño) que fueron vitrificados y descongelados. A estos seres “se les había enseñado a hacer una serie de cosas, y al desvitrificarlos todo lo aprendido anteriormente lo seguían recordando a la perfección”.

En el caso de los humanos, dice, cuando “se han producido hipotermias a temperaturas cercanas a 0 grados durante más de una hora de duración, que toda la actividad cerebral y el metabolismo, con el corazón parado, se ha paralizado durante una hora o incluso más, y después estas personas han recuperado perfectamente la memoria”, y hay estudios que lo corroboran a pesar de que la actividad cerebral se paralice por debajo de los 18ºC.

Lo que sí es una realidad, y los propios defensores de la criónica no pueden rebatir, es que a día de hoy es imposible que una persona criopreservada "vuelva a la vida". Las futuras investigaciones en nanomedicina y biología molecular serán las que podrán determinar si someterse a un proceso así habrá valido la pena y, aún así, falta mucho por ver cómo podría adaptarse una persona ‘del pasado' a un nuevo presente totalmente desconocido.

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