Un tetrapléjico recupera el sentido del tacto gracias a un chip cerebral y a un brazo robótico

A través de un brazo robótico conectado al cerebro mediante una serie de microelectrodos implantados en la corteza cerebral, el paciente es capaz de sentir la presión que ejercen los objetos al tocarlos.

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14 octubre 2016 | 20:00 h
Un tetrapléjico recupera el sentido del tacto gracias a un chip cerebral y  a un brazo robótico
Un tetrapléjico recupera el sentido del tacto gracias a un chip cerebral y a un brazo robótico
Si hace unos meses, un grupo de investigadores lograban que una persona tetrapléjica pudiera realizar movimientos básicos con su brazo gracias a unos electrodos conectados directamente a su cerebro, ahora, científicos de la Universidad de Pittsburgh, en Estados Unidos, han conseguido, utilizando un sistema parecido, que un paciente tetrapléjico e insensible de pecho hacia abajo, recupere el sentido del tacto.

Cuando los científicos movían los dedos del brazo robótico, el paciente mostró una tasa de acierto del 84% a la hora de identificar el dedo que le estaban tocando
Se trata de Nathan Copeland, un joven que sufrió un accidente tras el que se rompió el cuello y se lesionó la médula espinal, perdiendo la movilidad y la sensibilidad en casi todas sus partes del cuerpo. Ahora, y con la ayuda de un brazo robótico que está conectado directamente a su cerebro mediante microelectrodos implantados en la corteza cerebral, cuya estimulación genera sensaciones como si fueran las de su propia mano, Copeland puede sentir la presión propia de tocar un objeto.

"Puedo sentir casi todos los dedos; es una sensación extraña", explica el paciente en un comunicado emitido por la Universidad. "A veces es como una sensación eléctrica, y otras como una presión, pero en general puedo identificar la mayor parte de los dedos con precisión. Siento como si tocasen o empujasen mis dedos verdaderos". Cuando los científicos mueven los dedos del brazo robótico, su tasa de acierto ronda el 84% a la hora de identificar el dedo correcto.

"El resultado más importante de este estudio es que la microestimulación de la corteza sensorial puede provocar una sensación natural en lugar de un hormigueo", explica Andrew B. Schwartz, coautor del trabajo, que ha sido publicado en la revistaScience Translational Medicine. El experto destaca además que esta estimulación es segura “y las sensaciones evocadas son estables durante meses, aunque todavía hay que seguir investigando para que los pacientes consigan hacer mejores movimientos".

En la actualidad Nathan Copeland puede sentir la presión y distinguir su intensidad durante los experimentos, aún no puede identificar si una sustancia está caliente o fría. Robert Gaunt, que dirige el equipo, explica que su intención es que la gente pueda volver a usar capacidades naturales del cerebro, que por algún motivo se habían perdido, pero no olvidado. "El objetivo final es crear un sistema que se mueva y sienta como lo haría un brazo natural", señala Gaunt, que concluye: "Tenemos un largo camino por recorrer para lograrlo, pero esto es un gran comienzo".





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