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Big Data

Jefe Unidad del Dolor Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón

time 4 min

29.03.2019 - 17:20

En un mundo cada vez más abierto y conectado, queremos mantener la privacidad, conservar el control sobre la información, pero ¿lo logramos o estamos demasiados expuestos por nuestra presencia en redes sociales?

Deambulamos generando constantemente datos casi sin ser conscientes. Desde el momento en que interaccionamos con dispositivos inteligentes o consumimos, dejamos rastro de nuestra presencia, pistas que, debidamente tratadas y cruzadas, generan información muy valiosa por la que las grandes multinacionales y estados harían lo que fuera. Tal vez ya lo estén haciendo.

En alguna ocasión ya hemos hablado del Big Data como paradigma de la acumulación global de datos no necesariamente acumulados en una sola base, sino a disposición del mejor comprador, desde infinitas fuentes que recogen nuestros actos y luego los vierten según las necesidades de los postores, aunque quizá debería hablar de pastores, pues uno se siente como oveja descarriada cuando se imagina como un simple guarismo en un marasmo de cifras.

"En nuestra periferia afectiva todos tenemos algún cavernícola digital que sigue aferrado al mundo analógico por su incapacidad manifiesta para adaptarse a la modernidad digital"

En nuestra periferia afectiva todos tenemos algún cavernícola digital que sigue aferrado al mundo analógico por su incapacidad manifiesta para adaptarse a la modernidad digital, a los mundos virtuales que nos rodean, y se alarman de que un simple dispositivo GPS inserto en el móvil permita nuestra localización espacial.  No estoy refiriéndome a TotòRiina, el capo siciliano que escribía en papelitos las instrucciones de la "cosa nostra" para no dejar pistas.

Muchas de sus apreciaciones causan natural sonrojo, pues parecen emanadas de la cueva del mito platónico, donde realidad y sombras se confundían. Hacerles ver la lógica de la modernidad a menudo es labor ímproba, pero la evidencia deja al descubierto su miedo neurótico a perder el control.

Pero ¿qué saben de nosotros las RRSS? Las búsquedas de información de salud, lo que compramos, dónde vivimos, hábitos de circulación, patrones familiares, los gustos alimenticios, de lectura, de tiempo libre... En definitiva, todo. Porque cada vez que tomamos decisiones dejamos la pista con nuestros datos y preferencias, sin ser conscientes de su recopilación masiva, para luego seducirnos con estímulos parecidos en RRSS.

Con todos esos datos trazan perfiles para encapsularnos y localizarnos comercialmente. En definitiva, nos vigilan sin que podamos evitarlo. Ya no hacen falta estudios de mercado: las RRSS lo hacen mejor y luego lo venden. La conducta repetitiva es, pues previsible, con alto grado de probabilidad.

rrss

En definitiva, estamos condicionados por un determinismo tecnológico, por un convencionalismo colectivo al participar en la conversación global de las redes. Que nos surjan los conceptos de ética y épica digital en ese gran pandemonium que llamamos inteligencia artificial, es consecuencia lógica de todo lo anterior. Hay que ser cauto y discreto para navegar, para no quedar al socaire ni a merced de los nuevos piratas virtuales.

Recopilar datos no fue visto como peligroso, pero compartirlos con terceros sí, porque en verdad no se sabe el uso que harán éstos últimos. Quién crea un monstruo de las dimensiones de una red social ¿debería incluir las consecuencias de sus acciones a fin de controlarlo o darle plena libertad? Y es que entre esas consecuencias está el convertir en seres vulnerables a quienes han compartido su privacidad en RRSS, creyendo que se respetaba el secreto de sus comunicaciones.

Bien personalizando los datos como usándolos de forma anónima, las RRSS obtienen una información con la que mercadean, vamos, trafican. Son estudios de mercado en potencia, sin tener que recurrir a encuestas directas. No olvidemos que la información es poder, un arma con que manipular y controlar a la masa social indemne ante semejante amenaza, salvo que leyes restrictivas fijen los límites y defiendan la protección de datos de forma taxativa y explícita.

Las RRSS son máquinas de divulgación masiva instantánea. No hay herramienta de comunicación tradicional tan potente ni tan influyente. En sí no es malo, lo contraproducente no es el cómo, sino el qué. Ahí entra en juego el peligro de la difusión de la propaganda de noticias falsas, bulos o como las definen en inglés fakenews, pero de eso hablaremos otro día.

Estoy convencido de que quien creó estos gigantes lo hizo con buena voluntad, sin valorar los efectos nocivos, letales, destructivos, de propalar insidias, injurias, calumnias, mentiras, para influir, manipular, cuando no dañar, e incluso destruir al usuario de dicha red.

Hay quien piensa que condenar a las RRSS por los contenidos que otros difunden sería como castigar a una compañía telefónica porque te insultaran por el móvil. En este ejemplo el medio es indiferente, pues solo interactúan dos personas, pero si esa compañía telefónica divulgara esa conversación, entonces sí sería responsable. Es lo que ocurre aquí en las RRSS: que no han protegido convenientemente los derechos de reserva y privacidad de los usuarios.

"El problema es cuando se hace un uso comercial particular de las conclusiones de nuestros movimientos, lo que puede generar irritación que lleva a la ira"

Respecto al ámbito de la salud ¡qué quieren que les diga! Pues que saben perfectamente los fármacos que consumimos, incluso que efectos adversos no previstos suceden, los motivos médicos que consultamos, los seguros que contratamos, etc., y todo eso cruzado con nuestros números de cuenta, destinos vacacionales, gustos de lectura, mensajes en RRSS... genera un mercado de dimensiones descomunales.

Con todo, la recolección de datos dispersos o anónimos y la organización de éstos, puede ser una herramienta detectora de riesgos sanitarios o validadora de estrategias asistenciales en tiempo real y no diferido al lento análisis de los datos.

Creíamos que estábamos solos, como aquel hombre que conseguía por fin escapar de 'La cabina' de Antonio Mercero, pero en verdad estamos interconectados, mucho más de lo que imaginábamos. El problema es cuando se hace un uso comercial particular de las conclusiones de nuestros movimientos, lo que puede generar irritación que lleva a la ira.

Porque salud necesitamos todos... ConSalud.es

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