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¿Fe o razón?

Jefe Unidad del Dolor Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón

time 3 min

01.02.2019 - 11:11

La eterna búsqueda de la verdad nos ha llevado siglos a los humanos y, a fecha del corriente, seguimos dirimiendo dónde se encuentra, sí en el mundo de la fe o en el de la razón ¿por cuál de las dos formas de convicción debemos guiarnos? La fe se fundamenta en la creencia, admitiendo lo absoluto. Mientras que la razón busca sus pilares en la evidencia científica.

Por tanto, estaríamos ante un debate que también podríamos conceptualizar como mito frente a ciencia. Es el mundo de las ideas frente al de los hechos y, desde cada orilla, sus partidarios y detractores tratan de arrastrar a los que observan incrédulos.

Tranquilos, intentaré poner fin aquí a este minuto de filosofía. Pero los desgraciados y luctuosos sucesos acaecidos en la pequeña localidad malagueña de Totalán que tuvieron por protagonista a un niño pequeño que se precipitó por un inoportuno "agujero negro" en forma de pozo, me invitan a reflexionar sobre el interrogante que planteo de inicio.

El rescate a la desesperada de este infante duró 13 largos y agónicos días, a lo largo de los cuales obviamente muchos mantuvieron la esperanza de recuperar con vida al niño, empezando, como no podía ser de otra manera, por los propios padres, siguiendo por sus familiares, vecinos del pueblo y creyentes en general. 

Es imposible hacer entrar en razón cuando la realidad se cruza con el mundo de los afectos

No discutiré, ni juzgaré, si sus esperanzas estaban fundadas, puesto que se movían en el terreno de las creencias.Si las condiciones del oscuro pozo hubieran sido infinitamente más amplias todo se hubiera acelerado y, en cuestión de horas, habríamos obtenido la respuesta. Por desgracia la situación era harto complicada: ha requerido un esfuerzo humano y técnico ímprobo, cuyo desenlace todos conocemos, pero que ha puesto en valor la solidaridad colectiva. 

Es imposible hacer entrar en razón cuando la realidad se cruza con el mundo de los afectos y es entonces cuando se enturbia la razón y se da paso a la fe.

Pero, conforme pasaban las fechas, la serenidad y la frialdad debían haberse abierto paso. Por más que se negara la evidencia, todo apuntaba a que el final seríael que ha sido. Solo un milagro, que según el DRAE es “un hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino”, pero también “suceso o cosa rara extraordinaria y maravillosa”, podría explicar la esperanza de tantos en hallar con vida a la criatura.

Había numerosas evidencias en contra, como la profundidad del pozo, la velocidad de precipitación del crío que, en su caída, al parecer, desprendió material que pudo ser fatal, al golpearle mortalmente. Pero si todo eso hubiera ido acompañado de una mano salvadora que “suavizara” su caída, estaba la evidencia de los 13 interminables días sin agua. Se han descrito episodios de rescates en situaciones extremas, donde la naturaleza física y psíquica de los afectados, así como las condiciones geológicas favorables, podrían justificar la opción verdadera de encontrar con vida a ser humano alguno.

Pero en este caso todas las circunstancias eran adversas. Pese a lo cual, los mensajes de esperanza se mantuvieron hasta el último instante, incluso sostenidos y compartidos por los propios medios, quizá por miedo a ser tachados de fríos e inhumanos. El rescate era imprescindible, lógico, obligatorio, sin embargo, mantener la creencia del milagro hizo perder de vista la razón y nublar el juicio a muchos para obrar en consecuencia. 

Quizá otros profesionales puedan permitirse ciertos lujos especulando con la realidad, pero quienes tenemos las vidas de nuestros semejantes entre las manos no podemos permitirnos ni una mínima licencia. Hicimos un juramento para salvar la vida humana siempre que hubiera posibilidad y, en su defecto, trataríamos de paliar todo mal incurable.

Nadie entendería que apelásemos a la fe, a la intermediación divina, para hacer nuestro trabajo. La persona que sufre tiene la licencia de su fe. Nuestra profesión precisa del juicio crítico de la razón y no debería rayar con el funambulismo, aunque casi siempre nos movamos en el alambre que separa la vida de la muerte. Por eso nos piden certezas y pese a ello solo podemos garantizar los medios, nunca los resultados.

De ahí que estas semanas de atrás volviera a plantearme la eterna pregunta de dónde estaba la verdad, si en la fe o en la razón. Sin embargo, como científico no puedo ni debo dudar en responder que siempre estaré del lado de la razón, pero sin perder mi condición humana, tan ligada a la intuición y a la compasióncon mis semejantes.

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