AVA-Asaja detecta hepatitis A en fresas llegadas de Marruecos: estos son los síntomas y tratamientos

Así se propaga la hepatitis A, una infección hepática contagiosa, además de sus síntomas principales, el diagnóstico, tratamiento y cómo prevenir el contagio

Fresas
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Carmen Bonilla
6 marzo 2024 | 11:50 h
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La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja) ha exigido “medidas urgentes” al Gobierno central y la Unión Europea ante la presencia de hepatitis A en fresas de Marruecos detectada en un punto de entrada de España. La hepatitis A es una infección hepática altamente contagiosa, que causa inflamación del hígado y afecta a su funcionamiento. De acuerdo con AVA-Asaja, el riesgo es “serio” y supone un peligro para la salud pública, pudiendo haber aparecido la enfermedad en el alimento por regar las explotaciones con aguas fecales.

La hepatitis A es una inflamación del hígado que puede llegar a causar morbilidad de moderada a grave. Esta patología se transmite al ingerir agua o alimentos contaminados, como en el caso de las fresas, o por contacto directo con una persona infectada. Esta enfermedad es una de las causas más comunes de infecciones de origen alimentario. La mayoría de pacientes se recuperan totalmente y adquieren inmunidad de por vida, pero algunas personas infectadas por el VHA puede fallecer a causa de una hepatitis fulminante.

A pesar de los avances médicos y la disponibilidad de vacunas, la hepatitis A sigue siendo una preocupación de salud pública en muchas regiones. Los brotes suelen ocurrir en áreas donde la higiene es deficiente y el acceso al agua potable es limitado. Además, la infección por hepatitis A puede complicarse con la presencia de otras formas de hepatitis, como la hepatitis B y la hepatitis C. La coinfección con estos otros virus puede aumentar la gravedad de la enfermedad y complicar su tratamiento.

A pesar de los avances médicos y la disponibilidad de vacunas, la hepatitis A sigue siendo una preocupación de salud pública en muchas regiones

En caso de que una persona se infecte de hepatitis A, su periodo de incubación será, generalmente, de entre 14 y 28 días. Los síntomas irán de moderados a graves, y principalmente pueden incluir cansancio o debilidad inusuales; náuseas, vómitos y diarrea repentinos; dolor o molestias abdominales y heces de color arcilla o gris. El paciente también puede presentar pérdida de apetito, fiebre baja, orina oscura, dolor articular, color amarillento en la piel y en la parte blanca de los ojos (ictericia), o picazón intensa. Los síntomas suelen durar menos de dos meses, aunque hay personas que pueden estar enfermas por hasta seis meses.

Sin embargo, los infectados no siempre presentan todos los síntomas. Los adultos suelen caracterizarse por una mayor frecuencia de signos y síntomas que los niños. Además, la gravedad y la mortalidad de la enfermedad aumentan con la edad. Por ejemplo, los menores de seis años infectados no suelen experimentar síntomas apreciables, y únicamente el 10% presentan ictericia.

La hepatitis A, aunque es una enfermedad que permite que las personas suelan recuperarse totalmente, puede recidivar. Es decir, la persona que se acaba de recuperar puede caer nuevamente enferma con otro episodio agudo. Aun así, generalmente se acaba recuperando.

A pesar de todo, se trata de una enfermedad prevenible mediante vacunación y prácticas de higiene adecuadas. Es importante que las personas estén informadas sobre los síntomas y las formas de transmisión de la hepatitis A para prevenir la propagación de esta enfermedad. Además, es esencial que las personas que han estado expuestas al virus busquen atención médica de inmediato para recibir tratamiento y evitar complicaciones graves.

Se trata de una enfermedad prevenible mediante vacunación y prácticas de higiene adecuadas

Cualquier persona que no se haya vacunado o infectado previamente está en riesgo de infectarse con el virus. Si el paciente sospecha que puede estar padeciendo hepatitis A, debe acudir a un especialista que realice el diagnóstico. Para ello, se buscarán en la sangre anticuerpos IgM dirigidos específicamente contra el VHA, que son los primeros en aparecer después de la infección y pueden detectarse tan pronto como dos semanas después de la infección.También se emplea otra prueba que consiste en la reacción en cadena de la polimerasa con retrotranscripción (RT-PCR) para detectar el ARN del virus, aunque normalmente se realiza solo en laboratorios especializados.

Estas pruebas de sangre son cruciales para el diagnóstico de la hepatitis A y pueden ayudar a diferenciarla de otras formas de hepatitis viral, como la hepatitis B o C, que también pueden presentar síntomas similares. En casos de hepatitis aguda o crónica, pueden requerirse pruebas adicionales para determinar el grado de daño hepático o la presencia de otras complicaciones.

La hepatitis A carece de tratamientos específicos. Los síntomas suelen remitir lentamente, haciendo que la recuperación pueda prolongarse durante varias semanas o meses. Además, debido a que la patología afecta al hígado, es importante evitar medicamentos innecesarios que afecten a la función hepática, como el paracetamol.

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