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DÍA MUNDIAL DEL CÁNCER

Mónica Hernández (Paciente): "Ni siquiera los médicos se imaginaron verme viva”

Pasó de tener un linfoma metastásico a ser una supervivente más. Es la historia de Mónica Hernández, una paciente gallega que ha superado su lucha contra el cáncer

Mónica Hernández relata su experiencia como superviviente a un cáncer.
Mónica Hernández relata su experiencia como superviviente a un cáncer.

time 5 min

04.02.2019 - 00:00

Todavía le cuesta pronunciar el nombre del tumor que padeció. Lo hace entre lágrimas pero enseguida vuelve a recuperar la sonrisa que aquellos que la conocen saben que la caracteriza. Es consciente de que ya todo ha pasado pero el miedo sigue latente.

Mónica Hernández tiene 53 años y vive en Marín (Pontevedra), es ama de casa y disfruta día a día de los pequeños placeres de la vida como son pasear a su perra Frida, la playa o una buena comida en familia.

Sin embargo, un día el cáncer llego a su vida en forma de linfoma. Le cambió su rutina, pero como ella confiesa, solo durante unos meses. Ahora se enfrenta de manera diferente a los problemas y valora todo aquello que antes tenía como habitual.

Es el testimonio de superación de una mujer que pese a tener un cáncer metastásico ha podido salir a adelante de la lucha contra el cáncer.

-¿Cuándo se dió cuenta que tenía un problema?

Hacía tiempo que no me encontraba bien. A mí me saliera un bulto en 2017 pero ya hacía tiempo atrás que estaba mal. La peluquera me dijo que tenía un bulto en el cuello pero quise borrarlo de mi cabeza y pensé: que pase lo que tenga que pasar. Justo me cuadró que tenía pendiente hacer una analítica de control debido a que padezco una tiroiditis autoinmune y entonces le pregunté al médico por este ganglio inflamado.

Como me había pedido los marcadores tumorales y le dio negativo nos despreocupamos. Pasó el tiempo llegó la Navidad y me salieron más bultos, esta vez en las axilas. Pero me dijeron que todo estaba bien y que el sistema linfático me funcionaba fenomenal.

Yo seguía encontrándome mal y achacaba todo mi malestar a otras dolencias que tenía: colon irritable, dolores musculares…

Pero, pasó el tiempo y empeoré, un día por la noche creí morirme de dolor. Aguanté hasta las 08.00 de la mañana para ir a Urgencias y allí palparon el bazo y ya vieron que tenía un tumor bastante grande.  Me ingresaron en el Hospital de Montecelo y ahí comenzó todo el proceso.

Mónica Hernández¿Cómo fue?

Me hicieron una ecografía y allí, por las caras que pusieron, ya me di cuenta de que tenía algo malo. Yo era consciente de que algo ocurría desde hacía tiempo, me habían salido más bultos pero no quería tocarme, me daba miedo.

El facultativo que vino a darme la noticia no se atrevió, de hecho se puso a llorar. Me dijo: “Dígale a su médico que tiene razón y felicítele de mi parte, si le sirve de consuelo mi madre hace año y media estaba como usted y ahora está de maravilla”. Le pregunté si tenía un linfoma y me lo confirmó. Rápidamente bajaron varios hematólogos. Como conozco a mucha gente con este tipo de cáncer que están bien no me preocupé, aunque luego ya fui consciente de la gravedad de mi tumor.

¿Qué le dijeron?

Tienes un linfoma, te vamos a realizar pruebas y buscaremos el nombre y el apellido de esta enfermedad. El hematólogo que me atendió me mandó para casa porque pensaron que sería peor de lo que ellos creyeron al principio. Volví a ingresar para quitarme el bulto del cuello. Pasaron varias semanas y un domingo por la mañana me llaman y me dicen que tengo que ingresar urgentemente esa misma tarde.

Y entonces, me dieron la noticia: “Tienes un linfoma, se llama linfoma del manto con afectación a la médula. La buena noticia es que tiene tratamiento pero está en un estado muy avanzado y puede haber cura”. Y con esa palabra me quedé: cura.

Me dijeron que iban a ponerme quimioterapia, que se me iba a caer el pelo… Todo el protocolo a seguir conmigo a partir de ese momento.

¿Cómo vivió todo ese proceso previo?

Lo primero que me dijeron fue que no buscase en Internet. Una de las noches de mi ingreso, entró mi hematólogo y me dijo que no tenía cura. Claro, me desanimó un montón y empecé a llorar. La enfermera que me estaba poniendo la quimioterapia en ese momento me agarró de la mano y me dijo que no le hiciera caso.

Al día siguiente, vinieron los médicos a decirme que el especialista que me trató es muy buen facultativo pero que no tiene empatía con los pacientes. Me ofrecieron cambiar de médico, sin embargo, entendí que trabaja con todo un equipo sanitario y como me dieron buenas referencias de él ni me lo pensé, de hecho, ahora me llevo estupendamente con él. Sé que me va a decir las cosas sin censura.

"Mi hematólogo me dijo que no tenía cura y eso me desanimó un montón"

Pasó posteriormente por la habitación y le di las gracias por haberme llamado mientras estuve 15 días en mi casa pensando que todo estaba bien, aunque también le recriminé que no habían sido las formas adecuadas de decirme las cosas.

¿Cómo reaccionó cuando le dijeron que tenía cura?

Me puse a llorar. Rechacé que me pusiesen quimioterapia para evitar sufrir el poco tiempo que me quedase de vida y, entonces, fue cuando me convencieron de que este tratamiento me daría una muy buen calidad de vida.

¿Y el tratamiento?

Me explicaron cómo iba a ser el proceso y nos pusimos con ello. En noviembre de 2017 comencé la quimio y, la verdad, la llevé muy bien. Ni tuve náuseas, ni perdí el apetito. Además solo adelgacé cuatro quilos. No pensaba estar viva este año.

Después de mis ciclos de quimioterapia, ya en febrero, me hicieron un par de pruebas y vieron que el cáncer ya estaba a cero.

Posteriormente, comencé el autotrasplante para que el organismo se recuperase después de un tratamiento tan duro como es la quimio. Los propios médicos me pusieron el símil de un campo al que se le echa un insecticida muy fuerte para terminar con las malas hierbas. Abrasa con todo y esto es lo que pasa con las células cancerígenas. Luego, hay que regenerar las células que no lo son para que el organismo vuelva estar fuerte como antes.

Pasas por un período de aislamiento y cuando te dan el alta debes seguir una serie de revisiones puntuales para confirmar que estás totalmente recuperada. Lo peor ya había pasado. Mi médico no se explicó como estaba viva.

Mónica Hernández¿Fue todo muy rápido no?

Sí, hice mis sesiones de quimio, más tarde estuve en el aislamiento y en apenas siete días estaba de nuevo en planta. Tenía que venirme para casa con 4.0000 y lo hice un martes con 3.500. La rapidez de mi organismo a la hora de recuperarse fue increíble. Ese mismo viernes tenía ya once mil plaquetas. Los propios hematólogos no se lo explicaban. Llegué a tener la tensión con 8 de máxima y 3 de mínima y no paraba quieta en todo el día, solo me acostaba en la cama para dormir.

El personal sanitario de Montecelo me dijo que mi caso era digno de estudio. Mi linfoma estaba en estadio 4 y no se esperaban que el desenlace fuera este, no se imaginaron verme viva.

"Nunca me plantee tirar la toalla, siempre pensé en luchar"

¿Cómo le afectó psicológicamente?

Nunca me plantee tirar la toalla, siempre pensé en luchar. Me ofrecieron ayuda psicológica durante el proceso y también tratamiento psiquiátrico. Al principio no asimilas que tienes cáncer.

Los médicos me dijeron que llorara todo, porque cuando hace falta ser fuerte no valen las lágrimas. Evidentemente, el impacto fue grande cuando me cayó el pelo porque la gente es lo que más se fija pero realmente es lo más insignificante. No quería que me viesen con cara de pena.

El cáncer fue más duro psicológicamente que físicamente. Ahora me encuentro muy bien.

¿Cuál es su valoración sobre la comunicación médico-paciente?

Fatal, me sentí muy sola. Eché en falta empatía con el paciente. Te dicen cosas que no deberían. ¿Qué necesidad tienen de recordarme en pleno proceso que mi tipo de linfoma puede tener recaídas? Salí llorando de la consulta.

Pienso que los facultativos nos tienen que dar la información que nosotros queramos saber.  Hasta cierto punto quizás nosotros como pacientes no queramos saber más. Siempre confié en los médicos pero me ví sola.

¿Qué le diría a alguien que acaba de ser diagnosticado de un cáncer? 

Le diría que confíe en él mismo y que se sacan fuerzas de donde piensas que no las tienes, que luche. Cada día ganado es un día más que está investigando. No puedes pensar que por tener un cáncer estás sentenciado de muerte.

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