“Las benzodiacepinas contra el insomnio pueden tener efectos a corto plazo sobre la memoria"

Las benzodiacepinas se han venido utilizando con frecuencia debido a su facilidad de uso, la inmediatez y eficacia de sus efectos, y un laxo control desde las farmacias

Las benzodiacepinas pueden tener efectos sobre la memoria. (Foto: Freepik)
Las benzodiacepinas pueden tener efectos sobre la memoria. (Foto: Freepik)
Javier Leunda
14 diciembre 2022 | 00:00 h
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Las benzodiacepinas (diazepam, lorazepam, alprazolam, bromazepam, zolpidem, etc) son un grupo de fármacos que comenzaron a utilizarse a partir de los años 60 en el campo de la psiquiatría para el tratamiento de diferentes trastornos como el insomnio. Sin embargo, en los últimos años algunos estudios han relacionado el empleo continuado de esta rama de medicamentos con posibles riesgos futuros en la aparición de demencias como la enfermedad de Alzheimer. De este modo, paradójicamente, lo que venía siendo recetado de forma habitual por la mayoría de los médicos para combatir el insomnio, aparece ahora como una causa que está quitando el sueño de otros muchos investigadores y profesionales sanitarios.

Entre estos estudios que relacionan el consumo de benzodiazepinas y el riesgo de desarrollar demencia se encuentra el llevado a cabo por investigadores de Canadá y Francia sobre una muestra de 9.000 pacientes. Las conclusiones de la investigación, publicada en British Medical Journal (BMJ), sostenían que aquellos individuos que habían tomado el fármaco por periodos de entre 3 y 6 meses aumentaban el riesgo de desarrollar alzhéimer en un 32%; cifra que ascendía en los consumidores por tiempo superior a 6 meses, con un incremento en el porcentaje de riesgo en esta demencia de hasta el 84%.

“No se trata de una cuestión de causa y efecto, ya que intervienen muchos factores de confusión que pueden influir en el análisis de los datos, especialmente cuando hablamos del largo plazo”

Sin embargo, Luis Agüera, Vocal de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM) prefiere relativizar estos estudios, pues considera que “no se trata de una cuestión de causa y efecto, ya que intervienen muchos factores de confusión que pueden influir en el análisis de los datos, especialmente cuando hablamos del largo plazo”. Así, pone como ejemplo el hecho de que “se está observando que tener problemas psíquicos incrementa el riesgo de demencia”, por ello, en estos casos, “¿la causa de la demencia del paciente vendría por su enfermedad o por su tratamiento? Desde un análisis de datos puramente estadístico esto no se puede conocer con certeza”, afirma.

Lo que sí viene a aclarar el Dr. Agüera, jefe de sección del servicio de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre, es que “está bien establecido que las pastillas de la familia de las benzodiacepinas, especialmente las utilizadas contra el insomnio -por tener una vida media más corta-, pueden tener efectos a corto plazo sobre la memoria en pacientes de cualquier edad”. Sin embargo, en “situaciones en las que hay un insomnio importante y continuado, para el cual otras medidas hayan fracasado”, las benzodiacepinas aparecen como un remedio rápido y efectivo contra los problemas del sueño. “Las pastillas funcionan muy bien, pero hay que pagar un precio por consumirlas. Esto es algo que hay que tener en cuenta”, advierte el vocal de SEPSM.

“Lo importante es suprimir estos fármacos si podemos ofrecerle al paciente otra alternativa, si no es así, estaríamos hablando de una mala práctica médica”

No en vano, a los efectos adversos sobre la memoria de estas pastillas se suman una serie de factores que afectan con especial énfasis a los adultos mayores: “El uso de estos fármacos está vinculado con una mayor frecuencia de caídas y de fractura de cadera, un elemento a añadir a los propios problemas cognitivos en las personas mayores”, apunta el Dr. Agüera.

Estas consecuencias sobre la memoria en nada ayudan en relación con el alzhéimer, que es una enfermedad con una clara prevalencia en personas de edad avanzada. Así, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), entre un 3% y un 4% de la población de 75 a 79 años está diagnosticada de esta enfermedad en nuestro país, una cifra que aumenta hasta el 34% de afectados en mayores de 85 años.

“Lo importante es suprimir estos fármacos si podemos ofrecerle al paciente otra alternativa, si no es así, estaríamos hablando de una mala práctica médica"

En esta línea, la prescripción de este tipo de pastillas para dormir se debería evitar en personas mayores con dificultades de memoria o en estadios iniciales de demencia siempre y cuando se les pueda aplicar un tratamiento alternativo. “Lo importante es suprimir estos fármacos si podemos ofrecerle al paciente otra alternativa, si no es así, estaríamos hablando de una mala práctica médica. En una persona que lleva tomando estos fármacos durante mucho tiempo y tiene ya 90 años, a lo mejor su calidad de vida empeora mucho más sin ellos que lo contrario”, considera el psiquiatra.

CONOCER EL SUEÑO Y TERAPIAS ALTERNATIVAS

La primera barrera contra el uso de las pastillas para dormir la tiene el propio paciente, quien debería ser consciente de que “a medida que nos hacemos mayores dormimos distinto, con más despertares y menos horas de sueño, pero no significa que durmamos peor”. Estas circunstancias no pueden confundirse con el insomnio y “son fenómenos que no se deberían tratar con medicación”, asevera el jefe de sección del servicio de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre. Del mismo modo, advierte que “muchas veces el insomnio es transitorio, por un problema o un conflicto puntual, y conviene que el tratamiento se venga revisando con el paso del tiempo”.

Como tratamientos alternativos a estos fármacos con benzodiacepina “lo primero son las medidas de higiene del sueño: acostarse sólo cuando se tiene sueño, evitar distractores (radio, tv o móvil) antes de ir a la cama, hacer ejercicio físico durante el día, etc. También ayuda aprender algunas técnicas sencillas de relajación para disminuir la tensión y favorecer el sueño. Además, encontramos medicamentos como la melatonina e, incluso, determinados antidepresivos en diferentes dosis que sirven también contra los problemas del sueño” concluye el Dr. Agüera.

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