La embolización prostática, una alternativa a la cirugía en la hiperplasia benigna de próstata

Los pacientes tratados con embolización prostática, una técnica mínimamente invasiva, consiguen mejora clínica del 85-90%

Imagen en sala realizando embolización prostática (Foto. SERAM)
Imagen en sala realizando embolización prostática (Foto. SERAM)
CS
18 mayo 2022 | 16:55 h
Archivado en:

La hiperplasia benigna de próstata (HBP) es una de las enfermedades con mayor prevalencia en hombres, principalmente a partir de los 50 años. De hecho, según un estudio publicado en la Revista Española de Geriatría y Gerontología, el 80% de los mayores de 50 años tiene, en mayor o menor medida, este tumor benigno producido por un crecimiento de tamaño de la próstata. A los 80 años, lo tienen el 95% de los varones, de los cuales un 30% precisarán de cirugía prostática.

Durante años al cirugía ha sido la principal alternativa a aquellos pacientes que precisaban de una intervención más invasiva que la farmacológica. Estos pacientes tenían retención aguda de orina, infecciones crónicas o de repetición o afectación del tracto urinario. Aunque los láseres quirúrgicos presentan buenos resultados, se están estudiando también otras alternativas.

Una de ellas es la embolización prostática que actualmente se perfila como nuevo tratamiento efectivo y con menos complicaciones que otras estrategias terapéuticas para la hiperplasia benigna de próstata, tal y como se expresará en el 36 Congreso de la Sociedad Española de Radiología Médica (SERAM) y la XXXI CIR que se celebrarán del 25 al 28 de mayo en Málaga.

Esta técnica supone una alternativa para aquellos pacientes con síntomas secundarios de la HBP  y los que rehúsen el tratamiento farmacológico o quirúrgico, los que por riesgo de sangrado u otras situaciones tengan contraindicada la cirugía, a los que esta les hubiera fallado o los que cuenten con una sonda urinaria.

“Habitualmente, el tratamiento inicial de la hiperplasia benigna de próstata es farmacológico, que en la mayoría de los casos es de por vida"

El Dr. Iñigo Insausti, jefe de Sección Radiología Vascular e Intervencionista del Hospital Universitario de Navarra y ponente del congreso expone que “habitualmente, el tratamiento inicial de la hiperplasia benigna de próstata es farmacológico, que en la mayoría de los casos es de por vida, y puede tener complicaciones como la disfunción eréctil y la hipotensión. Cuando la medicación no es efectiva, o el paciente no la tolera, es necesario dar un paso más en el tratamiento. Hasta la fecha, el tratamiento estándar ha sido la cirugía endoscópica realizada a través de la uretra, que es una técnica segura y eficaz, pero no exenta de complicaciones como el sangrado, la incontinencia urinaria, la eyaculación retrógrada, la disfunción eréctil, y la estenosis uretral. Lo que hace que la embolización prostática sea una alternativa a la cirugía, con similar eficacia, pero con menor tasa de complicaciones”.

El procedimiento se realiza con anestesia local y de forma ambulatoria,  es mínimamente invasivo e indolora. Con una simple punción en la ingle o en la muñeca a partir el radiólogo intervencionista "navega" por las arterias. Una vez en el interior de estas arterias, se procede a su oclusión mediante unas partículas de muy pequeño tamaño, llamadas microesferas. El cierre de las arterias provoca una disminución importante del riego de la próstata, disminuyendo el tamaño de ésta y, por tanto, haciendo más fácil la salida de la orina.

A su vez, facilita la cirugía urológica al disminuir el sangrado intra y postoperatorio y preserva la función sexual producir y eyaculación retrógrada ni incontinencia urinaria. Los únicos inconvenientes es que resulta complicado predecir el resultado en cada paciente con entre un 10 y un 30% de fallos clínicos, posiblemente no es un tratamiento definitivo y utiliza un uso de contraste yodado y de radiación.

"La mejoría clínica en los pacientes tratados con embolización prostática se consigue en el 85-90%. La mejoría de los síntomas comienza a la semana del procedimiento, y el umbral máximo de mejoría se logra aproximadamente a los 3 meses. En cuanto a los pacientes con sonda urinaria, ésta se consigue retirar en el 80-87% de los casos entre la 1ª y 3ª semana tras el procedimiento. En estos pacientes, no sólo se consigue la retirada de la sonda, sino que los pacientes son capaces de orinar correctamente con escasos síntomas urinarios” concluye el Dr. Insausti.

Los contenidos de ConSalud están elaborados por periodistas especializados en salud y avalados por un comité de expertos de primer nivel. No obstante, recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.
Lo más leído