Psicoterapia y farmacología, el traje a medida para vivir con normalidad la esquizofrenia

21 millones de personas en todo el mundo tienen que ir a trabajar mientras escuchan voces o tienen la sensación de qué alguien les está siguiendo. Ante esto, Paula García Valverde, psicóloga de Amafe, explica cómo trabajan en su asociación para ayudarles

Mujer mirando por ventana (Foto: Freepik)
26 agosto 2022 | 13:00 h

Existe un estigma con las enfermedades de salud mental, principalmente con aquellas patologías conocidas como más “graves” que tienen una larga evolución y carecen de cura, aunque sí tienen tratamiento que ayuda a poder llevar una vida “normal”. Algunas de estas enfermedades pueden ser la psicosis, bipolaridad o la esquizofrenia.

En el mundo hay 21 millones de personas con esquizofrenia, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En España hablamos de 600.000 personas con criterios diagnósticos de esquizofrenia o trastornos asociados, lo que representa entre un 0,8 y un 1,3% de la población, es decir, una de cada 100 personas.

La esquizofrenia se caracteriza por ser una importante deficiencia en la forma en que se percibe la realidad y por cambios de comportamiento como la persistencia de ideas delirantes o de alucinaciones, razonamiento desorganizado, agitación extrema y comportamientos muy desorganizados como, por ejemplo, que la persona haga cosas que parecen extrañas o sin propósito.

"A nadie se le ocurriría hacer ciertas restricciones a un paciente oncológico o un paciente cardiaco pero sin embargo parece que en salud mental los límites son un poco más difusos"

Teniendo en cuenta los síntomas que provienen de esta enfermedad, existe el mito de que las personas con este tipo de enfermedades no puede hacer vida normal, pero Paula García Valverde, psicóloga del Servicio de Reinserción Laboral de la Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de Personas con Esquizofrenia (Amafe), explica que esta idea es totalmente incierta: “Es muy complicado convivir con esquizofrenia, sobre todo al principio de diagnosticarla, pero son ciudadanos de pleno derecho como cualquiera de nosotros. Por eso es importante la terapia, porque no se trata de incapacitar a la persona, sino hay que hacer que el paciente consiga la máxima autonomía posible”.

El objetivo de la terapia a un paciente mental grave, sumada al tratamiento farmacológico, es reducir la perturbación emocional aunque no desaparezcan por completo los síntomas. Por eso, la experta asegura que como psicóloga “nuestro trabajo y acompañamiento es para integrar lo que le está sucediendo, cómo lo está gestionando e integrar que es lo que ha pasado, de dónde ha venido, cómo ha influido y como lo hace en mi día a día. No podemos cambiar a pastillazos lo que ya ha cambiado, es importante integrar emocionalmente lo que ha sucedido y lo que quiero que me suceda”.

“Cuanto te diagnostican esquizofrenia, los pacientes creen que su vida ha acabado. Hay una ruptura biográfica, porque a menudo hay un ingreso e independientemente de cómo ha sido la especialización también se sufren eventos traumáticos dentro de los hospitales y a menudo vulneración de los derechos de los pacientes. A nadie se le ocurriría hacer ciertas restricciones a un paciente oncológico o un paciente cardiaco, sin embargo parece que en salud mental los límites son un poco más difusos. Por eso, muchas veces tenemos que trabajar esto”, explica la psicóloga.

En este contexto, la psicoterapia puede ser clave para entender los episodios de psicosis que los pacientes pueden llegar a sufrir y superar sus limitaciones. Pero, es cierto, que la farmacología también juega un papel importante: “Desde mi punto de vista, la farmacología no tiene ningún sentido sin la psicoterapia y muy a menudo la psicoterapia no funciona sin los medicamentos”.

¿CÓMO FUNCIONAN ESTAS TERAPIAS?

García relata que como profesional de la salud mental lo que intenta es hacer un “traje a medida” a cada paciente. “Cuando yo empecé la carrera, en la psicosis te enseñan que hay que hacer un cambio de conductas y luego ya retomas tu vida. Es todo desde el hacer y no desde el sentir. Por eso, intentamos que las personas conozcan sus sentimientos, porque en gran medida creemos que es la solución”.

No es lo mismo atender a una persona de 16 años que acaba de tener un brote psicótico que una persona con 47 años y que lleva 20 años acudiendo a terapia, pero si se busca el mismo objetivo: saber el porqué de las alucinaciones y las voces y ponerle una solución.

"Desde mi punto de vista, la farmacología no tiene ningún sentido sin la psicoterapia y muy a menudo la psicoterapia no funciona sin los medicamentos"

“Primero, en las terapias intentamos conocer la situación vital de las personas. Luego si tiene una buena red de apoyo para ver si podemos reforzarla o no. Quizás la persona pueda tener dificultades para el manejo de las habilidades sociales y a lo mejor en la terapia tenemos que empezar por ahí. En algunos casos, y esto suele pasar cuando se debuta en la psicosis, hay un factor clave que suele ser el bullying y el maltrato de la familia”, comenta la psicóloga.

Luego, trabajan en conocer lo que emocionalmente están sintiendo y cómo gestionarlo. “Hay que saber si algo te pone triste o te asusta y reconocerlo. Con esto queremos que formen parte de la sociedad como una persona más”.

¿El por qué incidir tanto en que convivan como alguien más? Porque existen estigmas y mitos que hacen ver a las personas con trastorno mental grave como si fueran personas “raras”. La experta expone un ejemplo claro: “Es muy común, y que desgraciadamente también trasmiten las películas, que las personas con psicosis son más creativas, pero lo cierto es que no son ni menos ni más creativas que las personas que no tienen esquizofrenia”, explica García.

APRENDER A VIVIR CON LOS SÍNTOMAS

Últimamente estoy con las voces. ¿Qué me está pasando?”, “estoy durmiendo menos y estoy más estresado” son algunas de las frases que la psicóloga puede llegar a escuchar y que en la mayoría de las ocasiones les sirve para buscar el problema. “Para nosotros son como las lucecitas en el salpicadero de un coche que hay que entender”.

"Para nosotros los síntomas son como las lucecitas en el salpicadero de un coche que hay que entender"

En este caso, habría que conocer los síntomas y trabajarlos, con la intención de “mejorar la calidad de vida de alguien y saber cómo puedo ir a clase o al trabajo si estoy con las voces o con la sospecha de que alguien me está siguiendo. Pues tenemos que mitigar estos síntomas, entenderlos y mostrar que no son reales y aprender a vivir con ellos”, comenta Paula García.

Otras veces, hay que trabajar la medicación que se está tomando, porque va a ser para siempre. La medicación debe estar en constante revisión, porque el paciente puede estar en una fase más maníaca y “aquí muchas veces la palabra no entra y hace falta cierta regulación farmacológica para que la persona esté en un estado mental y emocional capaz de enfrentar lo que vamos a trabajar”.

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