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Colgados del móvil

Alfonso VidalJefe Unidad del Dolor Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón

2 min

28.10.2016 - 17:19

Gracias a Antonio Meucci, quien en 1871 inventó el teléfono pese a que quien pasó a la historia fue Alexander Graham Bell por patentarlo en 1876, hoy vivimos intercomunicados al instante y desde cualquier lugar del mundo.

Pero el verdadero artífice y revolucionario fue Martín Cooper, por inventar en 1973 el primer teléfono móvil, léase, sin cables, sin hilos, sin apliques, ni enchufes, y basándose una vez más en la ciencia ficción al ver los intercomunicadores que usaban en la saga Star Trek y tomarlos como referencia.

"Recuerdo esas colas interminables en los locutorios playeros, donde 3-4 familiares nos metíamos en un cubículo diminuto para departir unos instantes con los parientes que estaban lejos"
Entre los tres, y millones de intermediarios, inventores, empresarios, especuladores, etc. por en medio, han logrado que allá donde vayamos podamos contarle a nuestros semejantes lo que hacemos, lo que pretendemos hacer y peor aún “escuchar lo que harán los demás” (LOL).

Recuerdo en mi juventud (divino tesoro) hablar con ese primer amor que todos tuvimos, colgado del rizado cable del aparato que estiraba y estiraba para poder esconderme en la habitación contigua a donde estaba empotrado en la pared el primer teléfono, casi siempre en un salón o comedor. Las broncas familiares por monopolizar el aparato eran monumentales.

También recuerdo esas colas interminables en los locutorios playeros, donde 3-4 familiares nos metíamos en un cubículo diminuto para departir unos instantes con los parientes que estaban lejos sin poder disfrutar del verano marino. Hoy aquellos recuerdos pertenecen al reino de la nostalgia y queda tan lejos que contarlos a los hijos nos convierte en “abuelos cebolleta”.


Los primeros móviles resultaban ser mazacotes en forma de maletín; luego en forma de ladrillo; y ya más cercanos en el tiempo, casi transistores con antena incorporada, como cuando nuestros padres escuchaban la tarde futbolera dominical con eso enganchado al oído y sin prestar atención a nada más.

"Lo que empezó siendo una herramienta de comunicación, hoy es una prominencia que algún día pediremos a los colegas otorrinos y maxilofaciales nos extirpen, por haberse integrado peligrosamente en nuestro organismo"
Hoy son planas y resbaladizas tabletas cargada de futuro e infinidad de aplicaciones que, ojo, además te permiten hablar, porque “tanto-tanto” han evolucionado que lo más sencillo que hacen es permitir a dos o más personas mantener una conversación, sin importar la hora, ni el lugar, salvando excepciones como zonas desérticas y mitad del océano, y ni siquiera, pues una tecnología satelital ya permite el contacto.

Casi todos los profesionales vivimos enganchados a uno o varios, con apliques auditivos directos, o bien a través de cascos, o bien con manos libres en los vehículos. Raro es el médico/cirujano que no vaya por los pasillos de un centro sanitario o in itínere entre varios, discutiendo o cerrando intervenciones por el móvil. Pero así es de esclava esta profesión, no muy diferente de otras.

Lo que empezó siendo una herramienta de comunicación, hoy es una prominencia o abultamiento que algún día pediremos a los colegas otorrinos y maxilofaciales nos extirpen, por haberse integrado peligrosamente en nuestro organismo.
Siguiendo la estela de la Ciencia Ficción, quién sabe si algún día llevaremos integrado un microchip en nuestro cerebro y baste tocarnos el lóbulo de la oreja para descolgar y un parpadeo ocular para colgar.

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