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Montoro y la obesidad

Juan BlancoEditor

2 min

15.01.2017 - 12:20

La decisión del ministro de hacienda, Cristobal Montoro, de subir los impuestos a las bebidas azucaradas, para luchar contra la obesidad, ha sido una decisión que no ha dejado indiferente a nadie.

Si bien es cierto que la obesidad, y especialmente la infantil y juvenil, supone un grave problema de salud pública que tiene en jaque a las autoridades sanitarias internacionales, lo que no parece lógico es que recaiga toda la culpa del aumento de la obesidad en las bebidas azucaradas. Azúcar es azúcar, esté en las bebidas, en los yogures, chocolates, zumos, alimentos procesados, bollería, cereales, etc. por eso no se entiende que Montoro sólo grave las bebidas azucaradas y las señale como las grandes culpables de la epidemia del siglo XXI, como ya se conoce a la obesidad.

¿Se imaginan que el Gobierno decidiera subir los impuestos del tabaco para luchar contra las enfermedades que produce y sólo subiera el impuesto del tabaco rubio, dejando el resto, el tabaco negro, el de pipa, el de liar o los puros, sin gravar? sería totalmente absurdo ¿verdad?, pues esto es lo que está ocurriendo con el azúcar.

Pero lo más sorprendente de todo es que el azúcar de estas bebidas representa sólo el 25% del total del azúcar añadido que se consume de manera diaria. El resto, el 75%, procede de alimentos que, según la propuesta de Montoro, estarían exentos del nuevo impuesto. Según el Estudio Aladino, realizado por la Estrategia Naos (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad), cuyas conclusiones revelan que el 7,8% de los menores de entre 6 y 9 años en España consumen galletas, pasteles, donuts o bollos a diario, frente al 1,1% que toma refrescos cada día.

Y es que, si el gravamen que ha establecido el ministro Cristóbal Montoro quiere reducir la tasa de obesidad, que en los menores está en el 18,3%, habría que mirar también al sector de las patas fritas, hamburguesas, pizzas o bollería industrial, entre otros, ya que su consumo es mayor entre la población juvenil que el de las bebidas azucaradas. Otros Gobiernos parecen tenerlo claro, como es el caso del chileno, que está analizando el establecer un impuesto especial a los alimentos con alto contenido en azúcar y calorías.

Otra de las cuestiones que crea dudas con la decisión de Montoro es a que se destinará el incremento de recaudación por el impuesto de las bebidas azucaradas, que se estima en unos 200 millones de euros. Si esta recaudación el Gobierno la dedica a campañas de educación socio sanitaria y de concienciación hacia la población para llevar una alimentación más saludable y moderar el consumo de azúcar y calorías, bienvenido sea, de lo contrario estará claro que Montoro lo único que pretende con esta medida es aumentar la recaudación y el incremento de la obesidad de la población le importa más bien poco.


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