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Precipitaciones

Alfonso VidalJefe Unidad del Dolor Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón.

time 2 min

29.07.2016 - 17:00

Tranquilos, no voy a hablar de la lluvia, aunque bien que me gustaría, porque sería señal de que refresca, dadas las noches sofocantes que hemos pasado y previsiblemente pasaremos. No, voy a hablar un poco de las prisas, esas que dicen que son siempre malas compañeras para casi todo, por cuanto la premura nos suele llevar por mal camino si no hacernos tropezar y caer, y no siempre ganar terreno, salvo a las personas oportunistas.

Obviamente la profesión médica es de las que más se enfrenta a situaciones de vida o muerte, y acertamos y erramos, porque somos humanos, pero asumimos nuestras responsabilidades
A menudo, pero más recientemente, por eso de vivir tan deprisa, con tanta aceleración, afrontamos crisis en todos los órdenes de la vida. Asistimos impertérritos a los análisis presuntamente sesudos de muchos iluminados que se prestan a decir la primera “boutade” que se les pasa por la cabeza, sin valorar la idoneidad, conveniencia o siquiera verosimilitud de su juicio de valor, no siempre dotado de conocimiento, sino más bien ungido de prejuicio.

De pequeños nos enseñaron que era de mala educación señalar, pero os invito a reparar en los comentarios de algunos expertos que, a vuela pluma, sin apenas haber transcurridos unos minutos de un suceso, de una catástrofe, de un síndrome, de una epidemia, etc., resultan sondeados para comentar el hecho noticioso, cuando aún no se conocen todos los extremos y solo debería hablarse desde la cautela y prudencia más absoluta, sino el silencio para evitar decir naderías.

Producen vergüenza ajena algunas palabras envueltas en mucha retórica, en mucha fastuosidad, en mucha pomposidad, sobre todo según quien las diga, que por otra parte es el que le otorga valor a esas palabras, pues dichas en boca de un cualquiera no tendrían la menor repercusión ni trascendencia, salvo que fuera testigo directo, pero masculladas entre los dientes de algunos próceres a veces generan un efecto devastador si no han sido tasadas desde la luz de la razón.

Ora con el brote del Ébola, ora con el acto criminal de Niza, ora con el golpe de estado de Turquía, ora con los pactos para formar Gobierno aquí…Un largo etcétera de sucesos que todos tenemos en mente, vienen acompañados de frases lapidarias que hielan el espíritu del espectador, ya atónito ante el impacto de ciertas imágenes y/o las consecuencias de ciertos actos que tienen un comienzo atronador y un largo desenlace.

Dicen que dichos análisis son para hacernos comprender la magnitud del suceso, cuando tan solo han pasado unos instantes y aún estamos todos epatados sin haber asumido lo acaecido. Lo llaman profesionalidad e incluso sangre fría, y pese a ello casi nunca hay quórum entre los consultados porque los datos son escasos y las informaciones iniciales contradictorias.

Naturalmente que la experiencia es un grado y el conocimiento de una materia dota a quien la posee de un valor superlativo. Pero la observación detenida y prolongada ayuda mucho más que la aceleración y la precipitación, sobre todo cuando hay margen de maniobra. Obviamente la profesión médica es de las que más se enfrenta a situaciones de vida o muerte, y acertamos y erramos, porque somos humanos, pero asumimos nuestras responsabilidades.

Sin embargo, no todos los analistas pasan por tamaño tribunal, pues no tiene trascendencia alguna si yerran, salvo los daños morales que produzcan sus precipitaciones. Por eso, en esos casos extremos, sería de desear que muchos pensaran dos veces las cosas que dicen, porque lo dicho queda guardado y deja en evidencia a quien lo suscribió.

Alfonso Vidal
Jefe Unidad del Dolor Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón


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