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Fármacos con GPS: cómo la administración dirigida está transformando la farmacoterapia en la industria

Juan Carlos Murciano, profesor de Tecnología farmacéutica en UAX e investigador del Hospital Ramon y Cajal, explica cómo estas innovaciones están transformando el tratamiento de enfermedades como el cáncer o la trombosis

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Bahía Flash |
  • Juan Carlos Murciano Fernández, profesor de Tecnología Farmacéutica en la UAX -

En las últimas décadas, el desarrollo de sistemas inteligentes de administración de medicamentos ha revolucionado el abordaje de enfermedades complejas como el cáncer, los trastornos trombóticos o las patologías inflamatorias crónicas. El objetivo común de estas innovaciones es doble: aumentar la eficacia terapéutica y reducir los efectos secundarios. Una de las estrategias más prometedoras en esta línea es la administración dirigida, que consiste en transportar el fármaco únicamente a la zona del cuerpo donde se necesita, minimizando así su impacto en los tejidos sanos.

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Esta aproximación representa un cambio de paradigma frente a los tratamientos convencionales, en los que el principio activo se distribuye de forma sistémica, afectando tanto a células enfermas como a células sanas. “La posibilidad de direccionar el medicamento al tejido o zona patológica evita que interaccione de forma indiscriminada con la zona sana, reduciendo por tanto los efectos secundarios más dañinos”, explica Juan Carlos Murciano, profesor de Tecnología farmacéutica en UAX e investigador del Hospital Ramon y Cajal. “El ejemplo más claro sería el del cáncer, donde la quimioterapia mata especialmente a todas aquellas células en crecimiento constante, entre las que están las células cancerosas, pero también otras, como por ejemplo las de la piel o el pelo”.

Estas consecuencias colaterales, tan comunes en los tratamientos oncológicos, no solo afectan la calidad de vida del paciente, sino que también pueden limitar la dosis administrada del medicamento. Gracias al direccionamiento específico, es posible reducir de forma considerable estos efectos no deseados y, al mismo tiempo, incrementar la eficacia sobre el foco de la enfermedad. De esta manera, este direccionamiento a las zonas afectadas evita que el fármaco actúe indiscriminadamente sobre la zona sana, reduciendo sus efectos secundarios de forma considerable.

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“La posibilidad de direccionar el medicamento evita que interaccione de forma indiscriminada con la zona sana"

Además, la focalización terapéutica permite administrar una dosis total más baja, con un mayor efecto local. “Se consigue aumentar la dosis del medicamento sobre el entorno tumoral, ejerciendo un efecto anticanceroso más efectivo, pero con una dosis administrada muy inferior a la necesitada mediante tratamientos no dirigidos”, explica el experto.

Entre los sistemas de direccionamiento más consolidados se encuentran los liposomas y las nanopartículas, dos tipos de estructuras que permiten encapsular el fármaco y liberarlo en el lugar deseado. También se han desarrollado estrategias más sofisticadas, como la conjugación de principios activos con anticuerpos monoclonales, ligandos o aptámeros, pequeñas cadenas de ARN que reconocen con gran afinidad regiones específicas de un tejido o de células concretas.

“Estos avances han permitido desarrollar incluso proteínas de diseño experimental, llamadas proteínas de fusión, que combinan, por un lado, la región del anticuerpo con capacidad de reconocimiento del sitio de acción, y por otro, el segmento del fármaco responsable de ejercer el efecto terapéutico”, afirma Murciano.

Otra línea de investigación en fase más experimental consiste en utilizar células del propio organismo como vehículos de transporte de medicamentos. Un ejemplo especialmente innovador es el uso de glóbulos rojos (eritrocitos) como portadores de fármacos fibrinolíticos, aquellos capaces de disolver coágulos sanguíneos. “Este modelo ofrece un aumento significativo de la vida media en circulación del fibrinolítico, que pasa de tan solo cinco minutos de presencia en su forma libre a permanecer en circulación varios días, semanas o incluso meses”, explica el investigador.

La clave de esta estrategia no es solo la mejora farmacocinética, sino la selectividad funcional del tratamiento. En su forma conjugada con eritrocitos, el fármaco se vuelve capaz de atacar exclusivamente los coágulos patológicos que provocan eventos como el ictus, el infarto agudo de miocardio o la embolia pulmonar, sin afectar a los coágulos hemostáticos que se forman para cerrar heridas. De esta manera, la unión del fibrinolítico a este portador celular lo convierte en un agente que solo atacaría a los coágulos patológicos, mientras que mantendrían a salvo a aquellos coágulos que taponan las heridas.

"Esta aproximación terapéutica promete ofrecer una alternativa espectacular para aquellos pacientes con alto riesgo trombótico"

Este abordaje cobra especial importancia en pacientes con alto riesgo trombótico que deben someterse a una cirugía mayor. En estas situaciones, los anticoagulantes convencionales están contraindicados durante las primeras 48 a 72 horas, por el riesgo de provocar sangrados y la disolución del coágulo que sella la incisión quirúrgica. La administración de fibrinolíticos conjugados con eritrocitos podría resolver este dilema terapéutico. “Esta aproximación terapéutica promete ofrecer una alternativa espectacular para aquellos pacientes con alto riesgo trombótico, que deben recibir una cirugía mayor y que quedan expuestos al desarrollo de un ictus o un embolismo”, afirma.

Según Murciano, este tipo de estrategia permitiría una profilaxis segura y eficaz durante el período postoperatorio inmediato, en el que hasta ahora no se podía intervenir. “La combinación de los fibrinolíticos asociados al glóbulo rojo aseguran la degradación del émbolo durante su formación, mientras que preserva de forma segura al coágulo que cierra la herida”, concluye.

Estos avances no solo representan una mejora clínica, sino que también sientan las bases para un futuro más personalizado en farmacoterapia. Las investigaciones en curso apuntan hacia tratamientos cada vez más precisos, que se adapten a la fisiología individual del paciente, maximicen el beneficio clínico y minimicen el riesgo asociado. La administración dirigida, apoyada en plataformas biotecnológicas, se perfila así como uno de los pilares fundamentales en la evolución de la medicina del siglo XXI.

*Los contenidos de ConSalud están elaborados por periodistas especializados en salud y avalados por un comité de expertos de primer nivel. No obstante, recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.