Frente a la Enfermedad Renal Crónica, la coordinación multidisciplinar es la clave

Por el Dr. Jose Luis Górriz, jefe del servicio de Nefrología en el Hospital Clínico Universitario de Valencia y coordinador del programa IntERCede

El Dr. José Luis Górriz, jefe del servicio de Nefrología en el Hospital Clínico Universitario de Valencia y coordinador del programa IntERCede
7 noviembre 2023 | 09:55 h

En España, millones de personas tienen riesgo de sufrir Enfermedad Renal Crónica (ERC), aunque serán diagnosticadas en etapas tardías de la enfermedad. ¿Y eso, por qué? Los documentos de consenso y las guías de las sociedades científicas nacionales a internacionales han definido claramente los objetivos para la detección adecuada de la ERC, así como las sencillas pruebas diagnósticas a realizar. Pero, aunque hemos avanzado mucho en los últimos años, todavía estamos lejos de la situación ideal: sorprendentemente, el cribado de la ERC no se realiza a todos los pacientes a los que se debería.

Diversos estudios de todo el mundo revelan datos similares que demuestran que el cribado tan solo se realiza en aproximadamente el 50 % de los pacientes con alto riesgo de desarrollar ERC. Con esta falta de detección temprana se está perdiendo una gran oportunidad para mejorar el modelo de abordaje de la patología, ya que está demostrado que el abordaje tardío no solo se asocia a un peor pronóstico de los pacientes, sino a un mayor coste en el sistema de salud y a un mayor impacto emocional sobre el paciente.

Esta dificultad en el cribado puede obedecer a distintas situaciones, que no son las mismas en todos los países. Por ejemplo, en España, un motivo es la gran carga asistencial de los médicos, especialmente de Atención Primaria y de otras especialidades, así como la falta de concienciación sobre la importancia de la ERC en profesionales sanitarios, gobiernos y población en general. La falta de coordinación entre las especialidades médicas también juega un importante papel. Sin embargo, entre estos factores, el principal motivo del diagnóstico tardío son las características de la propia patología, una enfermedad silenciosa que no manifiesta síntomas hasta que ha progresado notablemente y llega a fases avanzadas, algo que consecuentemente dificulta su detección y actuación en fases precoces.

Precisamente, desde mi experiencia como nefrólogo, aunque la ERC es una de las principales patologías de nuestro día a día, todavía hay un gran porcentaje de pacientes que, cuando llegan a nuestra consulta, están ya en fases muy avanzadas de la enfermedad, con pocas opciones de tratamientos y con el pronóstico de un empeoramiento de su calidad de vida. Esto hace que actualmente tengamos en España más de 64.600 pacientes en Tratamiento Renal Sustitutivo (TRS)2, el último estadio de tratamiento de la enfermedad, en el que se necesita trasplante o diálisis. El TRS conlleva un impacto negativo tanto en el bienestar físico como en el emocional del paciente, además de generar un alto impacto económico, ya que supone el 4% del presupuesto de Atención Especializada3 y entre el 2,5 y el 3% del presupuesto del SNS4.

Igualmente, otro motivo para el abordaje tardío de la ERC es su difícil seguimiento a causa de retrasos y falta de continuidad dentro del sistema de salud. Con el objetivo de minimizarlo, necesitamos un sistema de seguimiento multidisciplinar y coordinado que garantice la continuidad asistencial y la optimización del tratamiento.

En este sentido, es importante destacar que la ERC es una enfermedad que coexiste con otras patologías como la hipertensión arterial (HTA) y la diabetes mellitus (DM) tipo 25. Más del 60 % de las condiciones que llevan al paciente a la necesidad de TSR están relacionadas con estas dos causas, ambas prevenibles. Por ello, la ERC implica a muchas otras disciplinas médicas: desde la cardiología o la endocrinología, hasta la enfermería, la medicina familiar y la atención primaria. Esta última es especialmente importante en las fases de detección y diagnóstico precoz de la enfermedad.

Así pues, la coordinación entre todos es imprescindible para ofrecer al paciente la mejor atención y tratamiento posible. En relación con este aspecto me gustaría destacar que, por ejemplo, tras una sequía de muchos años sin apenas evidencias en ensayos clínicos en pacientes con ERC, empezamos a disponer de muchas herramientas que probablemente nos van a cambiar el pronóstico de los pacientes con ERC y DM tipo 2. Sería imperdonable no poder utilizar los nuevos avances por falta de detección y de coordinación entre niveles asistenciales y especialidades. Alcanzar un seguimiento integral nos ayudará a avanzar hacia un abordaje que reduzca el tiempo de diagnóstico, agilice el tratamiento del paciente y también facilite su seguimiento para retrasar el avance de la enfermedad.

Pero esto requerirá de un gran esfuerzo por parte de toda la comunidad sanitaria nacional. Entre otras cosas, será necesario fomentarla formación sobre ERC. El conocimiento sobre cualquier enfermedad es clave para su abordaje: nos ayuda a identificar síntomas, analizar biomarcadores, o hacer diagnósticos, prognosis y derivaciones a otras áreas. En el caso de la ERC reforzar la formación podría dar más herramientas a todas las áreas, también la nefrología, y facilitar la coordinación entre niveles para acercarnos a un sistema de atención multidisciplinar más continuado. Siendo importante fomentar la formación no solo en clínicos, sino también en el propio paciente para que esté más familiarizado con la patología y pueda adoptar un papel más activo en su seguimiento y detección.

Con el afán de seguir profundizando sobre la ERC y los retos que se nos plantean hoy, tengo la oportunidad de coordinar el programa IntERCede. Una iniciativa impulsada por Boehringer Ingelheim España y avalada por las sociedades médicas con la que hemos reunido a profesionales de diversas áreas, así como asociaciones de pacientes, para identificar los principales retos de la ERC y diseñar soluciones que puedan aplicarse tanto en planes autonómicos como  nacionales. Todo ello formará parte de un informe que estamos elaborando y que, esperamos, pueda llegar a convertirse en la hoja de ruta hacia un nuevo paradigma de abordaje y atención en ERC.

Sobre el autor:

El Dr. Jose Luis Górriz es director del Departamento de Nefrología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, profesor contratado doctor de la Universidad de Valencia, presidente de la Sociedad Valenciana de Nefrología y coordinador del programa IntERCede impulsado por Boehringer Ingelheim España.  Con más de 30 años de experiencia en el sistema sanitario, una trayectoria de casi 15 años como responsable de unidades en Nefrología y tras ocupar el cargo de secretario de la Sociedad Española de Nefrología (2008-2014), Górriz es una de las voces de referencia en el país en las enfermedades nefrológicas como la Enfermedad Renal Crónica, para la que también ha llevado a cabo proyectos de investigación para su prevención y tratamiento.

Referencias:

1(2023, ALCER). “La enfermedad renal crónica: una enfermedad silenciosa que necesita un diagnóstico precoz”. Publicado en: https://alcer.org/2023/02/06/la-enfermedad-renal-cronica-una-enfermedad-silenciosa-que-necesita-un-diagnostico-precoz/

2(2019. ALCER). “La ERC crece casi un 30% en España en la última década y se convertirá en la segunda causa de muerte en pocos años si continúa su crecimiento actual”.

3(2022. Sociedad Española de Nefrología). “Código Riñón. La enfermedad Renal Crónica en España 2022”. Publicado en: https://www.seden.org/files/courses/Informe_390a.pdf

4(2015, Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad). “Documento Marco sobre Enfermedad Renal Crónica dentro de la Estrategia de Abordaje a la Cronicidad en el SNS”. Publicado en: https://www.sanidad.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/Enfermedad_Renal_Cronica_2015.pdf

5Alemán-Vega G, Gómez Cabañas I, Reques Sastre L, Rosado Martín J, Polentinos-Castro E, Rodríguez Barrientos R. Prevalencia y riesgo de progresión de enfermedad renal crónica en pacientes diabéticos e hipertensos seguidos en atención primaria en la Comunidad de Madrid. Nefrología. 2017;37(3):343-5.

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