La atención psicológica, vital en tragedias como la de Valencia: "Salvamos vidas emocionales"

Edurne Crespo, vocal de la Sociedad Madrileña de Psicología Clínica, explica a Consalud.es la importancia de los primeros auxilios psicológicos en situaciones de emergencia

La fachada del edificio incendiado en Valencia el día después  (Foto: @GVA112)
La fachada del edificio incendiado en Valencia el día después (Foto: @GVA112)

La tragedia se ha cernido sobre Valencia en las últimas horas a causa de un devastador incendio que ha causado seis muertes, 15 heridos y en el que todavía se encuentran desaparecidas algunas personas. La acción de los efectivos de emergencias es esencial en situaciones en las que está en juego la integridad física y emocional de las víctimas, y en las que su actuación puede ser decisiva. "Nosotros salvamos vidas emocionales", nos explica Edurne Crespo, vocal de la Sociedad Madrileña de Psicología Clínica, en declaraciones a Consalud.es.

La experta en psicología clínica comenta que se trata de un "suceso traumático de gran impacto emocional para las personas que lo sufren", que requiere en primera instancia lo que se conoce como "primeros auxilios psicológicos". Es un evento "súbito, inesperado y marcadamente negativo".

Estos primeros momentos de la intervención son los que se producen in situ, es decir, en las primeras horas. "Ahí lo principal es prevenir o disminuir las consecuencias negativas en la salud mental de de los afectados". De esta manera se trata de adelantarse a posibles psicopatologías posteriores, como puede ser el estrés postraumático, y "amortiguar el impacto".

Estas situaciones requieren en primera instancia de lo que se conoce como "primeros auxilios psicológicos"

Crespo también hace hincapié en la importancia que tiene ofrecer "un espacio de seguridad" en estos momentos, "proporcionar una escucha activa y facilitar la búsqueda de redes de apoyo natural a estas personas". En esta primera intervención es crucial que los afectados "se sientan seguros" y se encuentran "libres de estar, por ejemplo, enfadados, de chillar, gritar, llorar...".

Como afirma la experta, los afectados deben sentir que "con lo que les está pasando, están teniendo reacciones normales, no se están volviendo locos. Lo que sienten es normal". En este sentido, que un experto ofrezca su apoyo y "esté ahí, legitimando lo que las víctimas sienten es fundamental".

Igualmente, se debe tener en cuenta que las personas que sufren este tipo de eventos "en general van a ser personas psicológicamente sanas, es decir, personas normales en situaciones anormales". Por ello, al tratarse de personas sin problemas de salud mental exponiéndose a situaciones extraordinarias, "hay que normalizar las reacciones que van a tener y cómo se van a sentir".

Es importante ofrecer un espacio de seguridad en estos momentos y proporcionar una escucha activa

La experta y vocal de la SMPC también indica que, en los casos en los que las víctimas lo pierden absolutamente todo, "no es tanto lo material como el significado que esto tiene para nosotros y el valor sentimental que le damos". Se trata, por tanto, "de personas que han perdido su vida, que ha quedado quemada y destruida" y por ello las primeras reacciones son de shock y de pesar "esto no me puede estar pasando".

Si bien está claro que este tipo de atención es vital, Crespo subraya que, pese a que ahora la atención psicológica en emergencias nos parezca una intervención lógica, "estamos todavía en pañales". Es decir, en las últimas dos décadas, desde el 11M, se ha normalizado que se atienda emocionalmente a las víctimas, "pero anteriormente, la atención psicológica no se veía como algo importante o necesario". De esta manera, "los compañeros médicos salvan vidas, pero nosotros también salvamos vidas emocionales".

En cuanto a la atención a los más pequeños en este tipo de situaciones, "a veces tendemos a sobreprotegerlos y no nos damos cuenta de que los niños también son personas". De hecho, "perciben lo que está pasando y se dan cuenta de todo", por lo que "no contarles o engañarles, no les protege". Se debe, eso sí, ajustar la información a la edad, pero a partir de los ocho años, más o menos, y evitando informaciones morbosas que no les aporten nada, es vital no mentirles.

"Es importante también poder contarles y explicarles lo que ha ocurrido, qué ha pasado, y que puedan ver que lo que están sintiendo también es normal". Si se intenta ocultar a los pequeños lo que ha sucedido, "van a generar su propia fantasía. Cuando uno no tiene información tiende a fabular". "Tienen que ver que sus padres están llorando y que están mal y saber por qué, para que normalicen las emociones humanas. Es un aprendizaje de que la vida a veces también implica sufrimiento y dolor".

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