ChemSex: los riesgos de la interacción entre drogas, sexo e ITS

Varios especialistas representantes de sociedades científicas, industria farmacéutica y ONG alertan del peligro de esta práctica emergente sobre todo entre hombres que mantienen sexo con hombres.

De izq. a drcha.: Juan Emilio Losa, Santiago Moreno, Joaquín Mateos, Ignacio Pérez Valero, Jesús Troya, César Nombela y Jorge Garrido
14 marzo 2018 | 16:20 h
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La práctica del llamado ChemSex, el uso de cócteles de drogas durante la práctica sexual, es un fenómeno que provoca que quienes lo practican puedan descuidar la protección y exponerse a infecciones de transmisión sexual como las hepatitis y el VIH. En el caso de esta última, los pacientes que recurren a esta práctica asumen mayores riesgos sobre su propia salud. Con el fin de concienciar sobre el desafío que supone el ChemSex desde un punto de vista sanitario, la Cátedra Extraordinaria de Salud, Crecimiento y Sostenibilidad MSD – Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) y la Cátedra de Enfermedades Infecciosas y Vacunología Universidad Rey Juan Carlos (URJC) – MSD han organizado un seminario sobre esta práctica dirigido a periodistas y que ha contado con la presencia de expertos que han analizado el fenómeno desde diferentes perspectivas.

Este encuentro, en el que se ha puesto de relieve la importancia de concienciar de esta realidad a través de los medios de comunicación, ha tomado como punto de partida el trabajo conjunto de varios autores que han reunido sus conclusiones sobre esta práctica de riesgo en uno de los primeros materiales de consulta disponibles en nuestro país sobre la misma: ‘99 preguntas clave sobre ChemSex’. Se trata de un libro dirigido a profesionales sanitarios que analiza el fenómeno desde el punto de vista de varias especialidades médicas, desde la psiquiatría a la infectología, y ha sido editado por el Grupo de Estudios de SIDA (GeSIDA). La compañía biofarmacéutica MSD ha colaborado con la organización de este seminario y con la edición del libro como parte de su compromiso con la lucha contra las enfermedades infecciosas.

“La problemática mayor, que puede derivar en un problema con la gestión del sexo y las drogas, es la propia adicción a ese tipo de sexo, por carencias emocionales y de salud mental graves”

Los estudios publicados relacionan “el uso del ChemSex con conductas sexuales de riesgo, especialmente entre hombres que tienen sexo con hombres (HSH), como consecuencia de su efecto estimulante y desinhibidor, favoreciendo relaciones sexuales más extensas y desprotegidas”. Debido a esa relajación en la protección, “el ChemSex puede suponer un aumento de  enfermedades de transmisión sexual como la sífilis, gonorrea, hepatitis A o hepatitis C, entre otras”, según se señala en el libro citado, coordinado por el doctor Ignacio Pérez Valero, investigador del Hospital Universitario La Paz de Madrid, y por el doctor José Luis Blanco, investigador del Hospital Clínic de Barcelona, quienes han participado como expertos en el seminario. En el caso de los pacientes con infección VIH que practican ChemSex, como explican los autores, “las interacciones entre el tratamiento antirretroviral y las drogas recreativas pueden llegar a suponer un condicionante para la salud que debe ser tenido en cuenta”. Además de las prácticas de riesgo, otra consecuencia de esta práctica es la adicción, “debido a una alteración del circuito límbico de recompensa”, lo que favorece la repetición compulsiva.

INFORMACIÓN Y CONCIENCIACIÓN

En ese sentido, el doctor Santiago Moreno, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, ha considerado que este fenómeno merece atención, ya que “está bien demostrado que el ChemSex se asocia con un mayor riesgo de transmisión de enfermedades como el VIH y del VHC”. “El efecto de las drogas puede suponer una mayor desinhibición que lleve a mantener relaciones sexuales de alto riesgo y a no contemplar el uso de medidas de barrera para la prevención de la transmisión de infecciones por vía sexual”, ha explicado el especialista, que ha incidido en la expansión creciente del ChemSex como modo de mantener relaciones sexuales entre determinados colectivos. “Lo que ahora se inicia como un problema emergente se puede convertir en un auténtico problema de salud si no se actúa de modo eficiente”, ha señalado.

Entre las drogas empleadas en el ChemSex destacan sustancias como la mefedrona, metanfetamina y el GHB, las cuales constituyen por sí mismas un riesgo para la salud. Sin embargo, según explica el doctor Moreno, “lo que hace que los virus se transmitan no es el uso de drogas, sino las consecuencias de su uso: mayor frecuencia de relaciones y parejas sexuales, no utilización de preservativos u otros métodos de barrera, compartir agujas y jeringuillas”. Por todo ello, el especialista insiste en la importancia de las medidas de prevención, que “pueden evitar el riesgo de transmisión de los patógenos por vía sexual o sanguínea”.

Por su parte, Jorge Garrido, director de la ONG Apoyo Positivo, que atiende a pacientes de VIH, llama la atención sobre la relación entre ChemSex y salud mental. Según explica, “en muchas situaciones lo que detectamos no es ni siquiera un problema grave de adicción a las drogas”. A su juicio, “la problemática mayor, que puede derivar en un problema con la gestión del sexo y las drogas, es la propia adicción a ese tipo de sexo, por carencias emocionales y de salud mental graves”. En ese sentido, Garrido ha señalado que algunas entidades sociales como la que él dirige han comenzado a realizar programas con ese enfoque en salud mental, aunque “todavía hay pocos proyectos” de este tipo. “En nuestro caso, llevamos desde 2015 realizando en Madrid y Málaga el programa de atención al ChemSex y otras adicciones, ‘Sexo, drogas y tú’, que fue Premio Innovación Clínica 2017 por la Sociedad Española de Psiquiatría, en el que hemos desarrollado un circuito de atención social, psicológica y psiquiátrica para atender todos estos casos”, ha detallado el representante.

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