Lucha contra la tuberculosis en España: desabastecimiento, desadherencia y resistencia

La Covid-19 ha supuesto un retroceso de 10 e incluso 20 años en el avance de la lucha contra la tuberculosis en el mundo y en España

Prueba médica (Foto: Freepik)

Según datos del Instituto de Salud Carlos III, la incidencia de la tuberculosis (TB) se ha ido reduciendo paulatinamente hasta 2019. En una lucha de diez años global, España había conseguido bajar la tasa de incidencia de casi 18 casos por 100.000 habitantes a 9 casos. En 2019 se registraron un total de 4.389 casos y una tasa de 9,39. Una evolución que sin embargo se ha visto frenada en los últimos años principalmente con la Covid-19.

A nivel mundial en 2020 más personas murieron de tuberculosis, mientras que se realizaron menos diagnósticos y menos tratamientos. Así, 1,5 millones de personas murieron de TB en 2020 (incluyendo 214.000 entre los seropositivos) y 4,1 millones de personas padecen actualmente tuberculosis pero no han sido diagnosticadas con la enfermedad o no han informado oficialmente a las autoridades nacionales. Aunque estos datos pertenecen mayoritariamente a países pobres, lo cierto es que España también se ha visto afectada

“Ha habido un repunte en el último año y posiblemente en los siguientes aumentará, porque con la pandemia hubo descenso de diagnóstico y tratamiento y ahora lo estamos viendo”, explica a Consalud.es la Dra. Sarai Quirós Fernandez, neumóloga del Hospital Universitario de Basurto  y Coordinadora del Área de TIR (tuberculosis e infecciones respiratorias) de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ). El impacto de este retraso de diagnósticos se ha traducido en la aparición de algunos brotes y aumento de la tuberculosis resistente, también a ello ha afectado la propia enfermedad de la Covid-19. “Tratamientos con corticoides que se han utilizado aumentan el desarrollo de la tuberculosis”, recuerda la Dra. Quirós.

“Estamos viendo más brotes en general”, afirma la neumóloga del Hospital de Basurto

Aproximadamente un tercio de la población está infectada por el bacilo de la tuberculosis. De ellos, solo el 10% desarrollan la enfermedad, principalmente aquellas personas con el sistema inmunitario debilitado bien por tratamientos o por enfermedades como el sida, edad avanzada, con tabaquismo, alcoholismo, lesiones pulmonares crónicas o desnutrición. Con la pandemia los encierros en las casas han llevado a pequeños brotes de TB. Normalmente cuando una persona desarrolla la enfermedad sus convivientes tienen presencia de la bacteria o también están enfermos. “Estamos viendo más brotes en general”, afirma la neumóloga del Hospital de Basurto.

En ambos casos, infectados o enfermos, necesitan tratamiento. En general los enfermos si tienen una tuberculosis sensible recibirán un tratamiento de fármacos antituberculosos durante seis a nueve meses. El problema es que desde hace años, como denuncia Separ, se está produciendo desabastecimiento de estos fármacos de primera línea, lo que puede llevar a casos más grave que precisen de tratamientos más largos. Pero además de la falta de rifampicina, uno de esos antibióticos de primera línea, también están habiendo problemas de acceso a la bedaquilina, un fármaco oral para TB resistentes que acorta el tratamiento en estos pacientes, que suele durar dos años.

AUMENTA LA RESISTENCIA Y LA AMENAZA

Para las tuberculosis resistentes existen una serie de fármacos intravenosos y de una combinación de antibióticos, hasta quince pastillas, que los pacientes han de tomar a lo largo de dos años. Este proceso tan largo produce desadherencia en los pacientes que al dejar de tomar el tratamiento empeoran y no llegan a curarse. Hace unos años apareció la bedaquilina, un nuevo antibiótico que reduce los cócteles, ya que solo se necesitaría tres o cuatro pastillas, y en nueve meses se termina le tratamiento.

“Todavía es pronto para hablar de resistencias con la desadherencia, pero tenemos ese miedo”, destaca la Dra. Quirós

Esto, que supone un beneficio para esta población, toma incluso más importancia al notificarse más casos, e incluso brotes, de tuberculosis resistentes. Un aumento que se agudizará con el abandono del tratamiento debido a los numerosos tratamientos y el difícil acceso, así como la situación derivada de la pandemia.

En España, el acceso a bedaquilina está dificultado no por un problema de suministro, sino porque no se aprueba su uso desde las diferentes CCAA, en favor de delamanid, al ser más económico, señalan desde Separ. Delamanid es otro nuevo tuberculostático que se desarrolló a la vez que bedaquilina y los informes de posicionamiento terapéutico iniciales los equiparaban como equipotenciales. Pero la evidencia posterior publicada relegó a delamanid al último escalón terapéutico de la OMS, mientras que la bedaquilina escaló hasta el primero, constituyendo un cambio de paradigma en el manejo de los casos con resistencia.

“Estamos viendo más tasas de abandono de tratamiento debido a que los pacientes tienen que tomar más pastillas”, señala la Dra. Quirós. “Todavía es pronto para hablar de resistencias con la desadherencia, pero tenemos ese miedo. Estamos en la primera fase, después veremos un aumento de casos de tuberculosis resistente”.

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