Eje Hipotálamo Hipofisario Adrenal

El maltrato infantil altera la actividad del eje HHA, uno de los principales reguladores del estrés

Según explican las investigadoras del Cibersam, los niños maltratados "manifestaban niveles de ansiedad elevados y una clara disociación entre su percepción subjetiva de estrés y su respuesta biológica".

Maltrato Infantil. (Foto. Freepik)
Maltrato Infantil. (Foto. Freepik)

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16.09.2021 - 13:20

Una investigación del Instituto de Biomedicina de la Universidad de Barcelona (IBUB) y el CIBER de Salud Mental (Cibersam), ha demostrado que el maltrato infantil altera la actividad del eje Hipotálamo Hipofisario Adrenal (HHA), uno de los principales mecanismos biológicos de regulación del estrés. 

Laia Marqués Freixa y Lourdes Fañanás Saura. (Foto. Cibersam)En palabras de la primera autora del trabajo, la investigadora Laia Marqués-Freixa, "aquellos niños, niñas y adolescentes que han sufrido maltrato infantil por parte de adultos muestran alteraciones - ya en edades tempranas - en el eje Hipotálamo Hipofisario Adrenal (HHA), uno de los principales mecanismos biológicos de regulación del estrés. Además, se ha observado una relación dosis-efecto de manera que aquellos niños y niñas que han sufrido experiencias de maltrato más graves muestran mayores alteraciones en el funcionamiento de este eje". 

Según informan desde el Cibersam, "las experiencias de maltrato durante la infancia han sido clásicamente relacionadas con el desarrollo de trastornos mentales, tanto al principio de la vida como en la edad adulta. Asimismo, aquellas personas con diagnóstico psiquiátrico que refieren haber sufrido maltrato durante su infancia representan un subtipo de pacientes clínicamente distinto con peor pronóstico. En concreto, suelen tener un inicio más temprano del trastorno mental, una sintomatología más grave, mayor comorbilidad, peor respuesta al tratamiento psicológico y farmacológico, así como más tentativas suicidas y periodos más largos de hospitalización". 

Los menores maltratados muestran "mayores niveles de ansiedad" y "una hiperactivación en el funcionamiento basal diurno del eje HHA con unos niveles elevados de cortisol por la noche"

En este sentido, Lourdes Fañanás Saura, añade que "investigaciones anteriores en adultos constatan una clara relación dosis-efecto entre las experiencias adversas y el riesgo de trastorno mental. Sin embargo, los estudios en población infantojuvenil son más escasos y están centrados únicamente en los casos más graves, con niños y niñas atendidos por servicios de protección al menor". Además, "los mecanismos neurobiológicos subyacentes a esta asociación permanecen en gran medida sin resolver", continúa el centro. 

En este sentido, los menores maltratados muestran "mayores niveles de ansiedad" y "una hiperactivación en el funcionamiento basal diurno del eje HHA con unos niveles elevados de cortisol por la noche". Esta hipercortisolemia "podría suponer una hiperactivación del estado de vigilancia en estos infantes y adolescentes, provocando disfunciones en el ciclo de sueño-vigila, entre otros efectos", señalan las investigadoras.

En el trabajo, publicado en la revista Psychological Medicine, han participado niños y adolescentes con y sin trastornos mentales y que hayan y no hayan sido maltratados. Según informa el Cibersam, los participantes fueron estudiados mediante el Trier Social Stress Test (TSST-C), una prueba de estrés agudo que permite explorar la reactividad del eje HHA frente situaciones de estrés psicosocial.

Esta falta de plasticidad en los sistemas biológicos podría tener implicaciones clínicas importantes

Así, los resultados revelan que “mientras que los participantes sin historia de maltrato (con o sin psicopatología) tenían un aumento de los niveles de cortisol después del estresor agudo (como era de esperar), los niños/as y adolescentes con historia de maltrato mostraron un eje HHA aplanado e hiporeactivo, frente al factor estresor”.

Las investigadoras añaden que, "estos niños/as, sin embargo, manifestaban niveles de ansiedad elevados, mostrando una clara disociación entre su percepción subjetiva de estrés y su respuesta biológica. Esta falta de plasticidad en los sistemas biológicos podría tener implicaciones clínicas importantes, dificultando la capacidad de manejar y activar procesos internos para hacer frente a situaciones de estrés futuras de forma óptima constituyendo, por tanto, un factor de riesgo para desarrollar trastornos de la conducta o distintas psicopatologías".

Esta investigación se enmarca en un proyecto financiado por el Instituto de Salud Carlos III de Madrid (ISCIII) y liderado por la catedrática de la UB, Lourdes Fañanás Saura. El trabajo se ha desarrollado en colaboración con investigadores de las unidades de psiquiatría infanto-juvenil de los hospitales Benito Menni de Sant Boi, el Clínic de Barcelona, el Gregorio Marañón de Madrid, el Puerta de Hierro de Majadahonda, el Santiago Apóstol de Vitoria y el Hospital de día para adolescentes Orienta de Gavà.

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