Vivir en la calle mata

La salud de las personas sin hogar, una emergencia olvidada y obviada por la sociedad

Los efectos de vivir sin la protección y la seguridad que ofrece un hogar provocan impactos devastadores en aquellos que lo sufren, especialmente cuando se tiene un problema de salud.

El 30% de las personas sin hogar sufre enfermedades graves (Foto. Pexels)
El 30% de las personas sin hogar sufre enfermedades graves (Foto. Pexels)

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08.07.2022 - 12:00

“La salud es un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Esta es la definición que la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece de la salud, referida en el Preámbulo de su Constitución y adoptada por la Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada en 1946. La crisis sanitaria provocada por la Covid-19 nos ha recordado la importancia de la salud en todos los ámbitos de nuestra vida, especialmente en los momentos más críticos.

Desde que el SARS-CoV-2 llegó a nuestras vidas el foco social, mediático y político ha centrado su atención en la necesidad de proteger a los grupos de población más vulnerables. Aquellos que por sus condiciones de salud o edad presentan mayores riesgos de enfermedad grave y muerte en caso de infección. Pero, al igual que ha sucedido con el acceso global a las vacunas contra la Covid-19, marcado por las capacidades económicas de cada país, los recursos de las personas también han sido y son un factor determinante en el acceso a la salud. Este es el caso de las personas sin hogar.

El sistema de salud está pensado para personas que cuentan con una vivienda en la que poder recuperarse y cuidarse. Cuando se vive en la calle, seguir un tratamiento médico es muy complicado lo que posiciona a las personas sin hogar como uno de los grupos más vulnerables en términos de salud. El 30% de las personas sin hogar sufre enfermedades graves y la tasa de mortalidad es tres veces más alta que la del resto de la población. Si hablamos de salud mental, el 31% ha intentado suicidarse.

Nos encontramos ante un importante problema que carece de visibilidad social, política y mediática. Todos somos conscientes de que existen personas sin hogar, pero muy pocos son los que se detienen a reflexionar sobre las implicaciones que esta situación tiene en su salud física y mental. ¿Qué pasa cuándo enferman? Una pregunta que no nos hemos formulado como sociedad y cuya ausencia alimenta el ostracismo al que está condenada la salud de las personas sin hogar.

El sistema de salud está pensado para personas que cuentan con una vivienda en la que poder recuperarse y cuidarse. Cuando se vive en la calle, seguir un tratamiento médico es muy complicado lo que posiciona a las personas sin hogar como uno de los grupos más vulnerables en términos de salud

Razón por la que proyectos como HOGAR SÍ son tan importantes. Una iniciativa que nacía tras tomar conciencia de una de las aristas del complejo prisma que es la realidad de las personas sin hogar: su atención y recuperación ante problemas de salud. “En HOGAR SÍ trabajamos para conseguir que ninguna persona viva en la calle. Somos una entidad de iniciativa social, no lucrativa, independiente y plural, de ámbito estatal creada en 1988”, definen a través de su página web.

Pero no queremos quedarnos únicamente en los datos. Estamos hablando de un drama social que sucede a nuestro alrededor de forma constante y sobre el que, ya no es solo que no se preste atención, es que muchas personas ni siquiera se han llegado a plantear esta problemática.

EL NACIMIENTO DEL PROYECTO

“El proyecto surge tras la experiencia en los distintos programas de entidad que nos muestra que no existe un recurso especializado para la atención a personas sin hogar con problemas de salud. Detectamos que hay personas a las que no se les facilita un tratamiento de quimioterapia por no disponer de un lugar en el que recibir los cuidados precisos. Del mismo modo, detectamos que las personas sin hogar acuden en muchas más ocasiones a urgencias, dado que no tienen adherencia los tratamientos médicos, ni una dieta adecuada a sus necesidades, ni los seguimientos precisos”, explican desde HOGAR SÍ a este medio.

“Al detectar esta necesidad en 2012 mediante convocatorias de IRPF y fondos propios, se pone en marcha el programa de Salud en Madrid. Se trabaja con la Comunidad de Madrid para que vean el valor del programa y en 2015 sale a licitación pública con 40 plazas. Ante la numerosa lista de espera y la cobertura permanente de las mismas al 100% de ocupación, la Comunidad de Madrid saca de nuevo la licitación en 2021 con 60 plazas, de la que volvemos a ser adjudicatarios”, exponen.

Cuando una persona sin hogar recibe el alta hospitalaria debe continuar con el proceso de recuperación en la calle, si es que cuentan con acceso al tratamiento. Una situación que se muestra devastadora

Actualmente están tratando de consolidar el programa en Andalucía y en Murcia (programas a los que pueden acceder personas de otras comunidades autónomas al contar con parte de financiación estatal), considerando que se trata de un servicio esencial y no existente, “por lo que consideramos que debe pasar a formar parte de la cartera de servicios que ambas comunidades autónomas ponen a disposición de las personas sin hogar”.

“Nos gustaría poder escalar la solución, pero el reto actual es consolidar estos dos territorios (Murcia y Andalucía) ya que tienen un sistema de financiación muy inestable. Contamos con el IRPF de la Región de Murcia y Andalucía y hasta 2021 con el tramo del 0,7% que volvemos a presentar ahora para 2023”.

SALUD Y ‘SINHOGARISMO’

Tal y como hemos visto con los datos presentados al inicio de estas líneas, el “sinhogarismo” es un claro factor  de riesgo respecto al estado de salud física y mental de aquellas personas que lo padecen. Cuando una persona sin hogar recibe el alta hospitalaria debe continuar con el proceso de recuperación en la calle, si es que cuentan con acceso al tratamiento. Una situación que se muestra devastadora si hablamos de amputaciones, diabetes descompensada, cáncer, trasplantes, cirugías o personas que requieren oxígeno, por citar solo algunos ejemplos.

El programa creado por HOGAR SÍ ofrece una solución a las necesidades relacionadas con el derecho a la salud de las personas sin hogar. Un servicio convivencial que promueve la mejora integral de las personas en proceso de convalecencia, con enfermedades crónicas o en estado terminal.

El 30% de las personas sin hogar sufre enfermedades graves y la tasa de mortalidad es tres veces más alta que la del resto de la población. Si hablamos de salud mental, el 31% ha intentado suicidarse

El programa se caracteriza por dar una respuesta especializada de calidad que combina la intervención social, siendo plataforma para el acceso a servicios y derechos sanitarios, económicos y sociales, y el apoyo sanitario buscando la correcta recuperación física y la mejora de la salud en todas sus dimensiones, tendiendo puentes entre ambas redes de atención.

Se trata de un recurso específico porque busca garantizar el derecho a la salud, y esto implica ofrecer la oportunidad de la cobertura de las necesidades fundamentales: sanitarias, afectivas, nutricionales, sociales y culturales. Esto es posible gracias al equipo multidisciplinar que trabaja en áreas de intervención más allá de la salud como el funcionamiento y al dependencia, aspectos socio-relacionales, desarrollo personal, acceso a bienes básicos, ocio y tiempo libre y participación ciudadana.

El programa está destinado a mayores de 18 años, que han sido objeto de un alta hospitalaria y se encuentran en un periodo de convalecencia médica o, bien que sufren una enfermedad grave, crónica o en fase terminal y necesitan cuidados sanitarios específicos no hospitalarios.

Las personas podrán acceder al servicio ya sea por derivación de los Centros de Servicios Sociales, las unidades de trabajo social de los centros hospitalarios, así como la red pública de atención a personas sin hogar y entidades sin ánimo de lucro que, debidamente autorizadas para ello, dirijan su actividad a la lucha contra el “sinhogarismo”.

La negociación y elaboración del plan de salida se realiza entre la persona, el equipo del programa y el Centro de Servicios Sociales de referencia. Durante el último mes de estancia, la persona seguirá siendo atendida en el programa, focalizando en la desvinculación y el cierre con el mismo y en el refuerzo y la revinculación con su centro de referencia y territorio, si procede.

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