EL ALZHÉIMER CADA VEZ AFECTA A MÁS PERSONAS

Tener alzhéimer y darse cuenta de ello: “Me siento muy aislado y triste, pero tengo que ser fuerte"

José Antonio Quintanar tiene 76 años y desde hace cuatro está diagnosticado de alzhéimer. Él y su mujer, Luisa García, cuentan cómo afrontan una enfermedad que avanza y no tiene cura

José Antonio Quintanar, paciente con alzhéimer, y Luisa García, su esposa (Foto. David Quintanar)
José Antonio Quintanar, paciente con alzhéimer, y Luisa García, su esposa (Foto. David Quintanar)

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04.07.2022 - 17:45

José Antonio Quintanar es ingeniero técnico y amante de los coches, con una colección de 40 vehículos antiguos en miniatura ordenada en varias estanterías que tiene colocadas en la pared de su estudio. Durante toda su vida le ha gustado escogerse la ropa, siempre vestido de traje y combinando colores a la perfección, tal y como recuerda su mujer Luisa García. También era el que en las reuniones sociales llevaba el hilo de la conversación y bien te hablaba de fútbol, que de política o de economía. Pero un día, con 72 años, su esposa notó que algo no iba del todo bien.

“Empecé a darme cuenta de que íbamos en coche y no se acordaba de dónde tenía que ir. Siempre hemos vivido en Madrid y tenía buena memoria, pero de repente por caminos donde ya habíamos ido me preguntaba: ¿Por qué calle me meto ahora?, ¿dónde giro?”, cuenta por teléfono Luisa. También dejó de vestirse como antes lo hacía. “Era exquisito con la mezcla de colores, pero dejó de ser tan selectivo y tenía algún despiste”.

A José Antonio le costó aceptar ir a hacerse un test neurológico. Finalmente se lo hicieron aprovechando una intervención por sus problemas cardiovasculares, que le habían producido una obstrucción del 94% de la arteria carótida y le había necrosado la vesícula. Le confirmaron que era enfermedad de Alzheimer. “Es duro, es una enfermedad sin cura que va a ir avanzando y es duro para la familia y para el enfermo”, señala Luisa.

“Estoy muy lento, voy despacio… Y la memoria… hay cosas que hice hace un momento y no me acuerdo”

En el mundo, hay más de 55 millones de personas con demencia, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), y un nuevo diagnóstico cada tres segundos, según la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA). En España, hay actualmente unas 800.000 personas afectadas. De ellos, solo un 64% de las personas con alzhéimer en estadio grave y un 20% en estadios leves están diagnosticados, ya que la mayoría de las veces se considera síntomas de envejecimiento.

Estos pacientes, como refleja la Fundación Española de Alzheimer (FAE), enfrentan una alteración para registrar nueva información, pérdidas de memorias, dificultad para prestar atención o problemas para tener ideas. Y eso es lo que le ocurre a José Antonio.

“Estoy muy lento, voy despacio… Y la memoria… hay cosas que hice hace un momento y no me acuerdo”, cuenta él mismo. Durante la conversación telefónica habla de su costumbre de ir a por el periódico por la mañana, de su trabajo como ingeniero técnico, de sus hijos, de sus nietos, de sus coches, de la última vez que vio a todos sus hermanos y de cómo es ahora salir con los demás. También habla de lo que le gustaba leer, pero que ahora no puede. “Me compro todos los días el periódico, pero ya solo leo los titulares grandes o algún artículo de deporte. Antes escaneaba sus páginas”.

Leer un libro ya no es una opción, al pasar de página ya no se acuerda lo que había leído en la anterior. “Cuesta mucho trabajo, me fuerzo a leer o a realizar operaciones de quebrados del periódico que son sencillas, pero me cuesta mucho”. Cuando van sus nietos a verle y a hacer los deberes de matemáticas, él ya no es capaz de ayudarles. “Me quedo en blanco, no sé hacer las integrales o las derivadas, que para mí eran el día a día, o las reglas de cálculo. Quedaremos muy pocos los que sabemos utilizar las reglas de cálculo y yo ya lo estoy olvidando ”.

Salta de un tema a otro, a veces perdiéndose, otras veces sin recordar lo que estaba diciendo y otras con un discurso completo. Y lo peor de todo es que es consciente de ello, sabe que está bien de salud, la diabetes controlada, los problemas cardiovasculares también, pero la memoria no. "Yo me doy cuenta y me siento muy aislado en ese aspecto. Nadie me da conversación, no te comentan las cosas, ni siquiera los amigos de la juventud”.

"Tengo que ser duro para no hacer sufrir a mi gente, pero lo estoy pasando mal, me doy cuenta de las carencias que tengo y noto cada vez más cómo avanza”

Hace 50 años consiguió sacarse una oposición de funcionariado de servicio central, pero del hombre que fue entonces queda solo el recuerdo. “Me pongo a llorar a veces diciendo que cómo he podido llegar a esto. Tengo que ser duro para no hacer sufrir a mi gente, pero lo estoy pasando mal, me doy cuenta de las carencias que tengo y noto cada vez más cómo avanza”.

EJERCICIOS Y TRABAJO EN CASA

Para no venirse abajo, José Antonio Quintanar procura activarse. Sigue haciendo cosas en casa como arreglar una radio con más de setenta años de cuando él era pequeño, arreglar herramientas... El bricolaje le anima, siempre ha sido muy mañoso y eso se mantiene. “Si decido hacer algo es porque sé hacerlo y me gusta hacerlo yo”. Por eso no lee, porque no se acuerda de lo que lee y el sentimiento no le ayuda, pero sí hace pequeñas tareas de bricolaje en la casa.

De momento se maneja por sí solo, se levanta, se asea, se prepara el desayuno y va a por el periódico. Desde hace un año y medio, tras darle un ictus, sí que necesita llevar bastón y la ayuda de un enfermero para salir de casa y siempre va acompañado al autobús porque ya no se maneja y le da miedo perder la estabilidad. También va a clases en la FAE, que le dan fichas para que las haga en casa. “Antes las hacía, pero ya no”, señala su mujer. Como respuesta él reconoce que últimamente no está muy aplicado, que tiene “un follón de fichas” que hacer. “Ayer me hice una lista de cosas pendientes porque si no, no me acuerdo de lo que tengo empezado y de lo que no”. Así, poco a poco, mientras esa enfermedad que le roba la memoria avanza, él y Luisa intentan adaptarse a esa nueva vida, a no dejarse derrotar y a seguir adelante con lo que les queda, siendo conscientes del futuro que les queda.

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