La Enfermería navarra, con Ucrania: "Nos dicen que les hemos curado las heridas y también el alma"

Desde Polonia y tras pasar el día anterior en Ucrania, la vicepresidenta del Colegio de Enfermería de Navarra, Leticia San Martín, atiende a ConSalud.es para contar la historia de MS, IA y DK, heridos de guerra ucranianos acogidos en Pamplona

La vicepresidenta del Colegio de Enfermería de Navarra, Leticia San Martín, recoge la medalla al mérito militar entregada por un general ucraniano. (Foto. Colegio de Enfermería de Navarra)
La vicepresidenta del Colegio de Enfermería de Navarra, Leticia San Martín, recoge la medalla al mérito militar entregada por un general ucraniano. (Foto. Colegio de Enfermería de Navarra)
Agustina Uhrig
28 julio 2022 | 17:45 h

MS, IA y DK son las iniciales de los tres heridos de guerra ucranianos que el Colegio de Enfermería de Navarra acogió hace unos meses en Pamplona. Tres historias diferentes con un mismo telón de fondo: la guerra en Ucrania. Tras varias operaciones y meses de rehabilitación, dos de estos tres militares ya han vuelto a Ucrania acompañados de las enfermeras navarras que les dieron una oportunidad para recuperarse.

“No solo nos habéis curado las heridas, también nos habéis curado el alma”, confesaba uno de estos militares a la vicepresidenta del Colegio de Enfermería de Navarra, Leticia San Martín, de regreso a su país. Desde Cracovia (Polonia), tras pasar el día anterior en Leópolis (Ucrania) y habiendo dormido apenas tres horas, esta enfermera atiende a ConSalud.es por teléfono para contar sus historias.

Leticia San Martín, vicepresidenta del Colegio de Enfermería de Navarra. (Foto. Colegio de Enfermería de Navarra)

Ya es la tercera vez de San Martín en Ucrania y reconoce que ha sido, como siempre, “intenso”. Con todo, este viaje ha notado un ambiente más tranquilo en el país. “La primera vez que estuvimos en Ucrania, sonó la alarma antiaérea, aunque estábamos en una zona más retirada del conflicto, pero esta vez hemos notado todo más tranquilo. Es verdad que los militares nos trasladan que siguen llegando heridos y cadáveres y están desbordados, pero esta vez en las carreteras, por ejemplo, había menos controles militares que las otras veces”.

Sobre MS, IA y DK, la enfermera navarra cuenta que se conocieron de casualidad. “Fuimos a llevar material sanitario, vehículos y ambulancias a Ucrania y cuando estábamos en la embajada española en Ucrania, que en ese momento estaba desplazada en Varsovia (Polonia), nos hablaron de un general que había colaborado mucho con la embajada española y pese a estar jubilado, había vuelto al Ejército por la guerra y estaba en un hospital militar en Leópolis”. En su visita al centro, el militar les contó que muchos de los heridos tenían que ser enviados a otros países porque allí no podían tratarles. Fue en ese momento cuando la Enfermería Navarra se puso en marcha para traer a algunos de ellos a España. Tras mucho esfuerzo del Colegio de Enfermería y el Servicio Navarro de Salud, consiguieron traerles a Pamplona.

"Uno de los chicos nos dijo que tenía a su mujer desplazada en Polonia y nos enseñaba la que era su casa en Mariúpol. Estaba destrozada, no quedaba nada. Nos decía que si tenía que empezar de cero, quería hacerlo en España"

MS, IA y DK tienen entre 29 y 45 años e historias totalmente diferentes. Solo uno de los tres es militar de carrera. Los otros dos son, uno universitario y el otro agricultor. Ambos se alistaron al Ejército cuando comenzó la ofensiva rusa y dos de ellos combatieron en Mariúpol, una de las ciudades más afectadas por el conflicto. Los dos que ya están de vuelta en Leópolis habían recibido un impacto de bala en la pierna que les había seccionado el nervio. Cojeaban y habían perdido sensibilidad en la zona. En Pamplona les intervinieron para tratar de recuperar el nervio y, tras un proceso largo de rehabilitación que aún sigue en marcha, Leticia San Martín puede decir que “están mucho mejor de lo que estaban”. En los próximos ocho meses se determinará si han recuperado la sensibilidad y podrán caminar sin cojear. 

“El otro herido, que sigue en Pamplona, vino con una mano destrozada por una explosión. Tenían el hueso de la mano derecha al aire. Ha sido un proceso complicado porque además, es el más introvertido y el que vino psicológicamente peor. Viene de una zona rural, es un hombre de campo que ha tenido que vivir la guerra en primera persona”, confiesa San Martín. Una de las opciones contempladas como posible tratamiento fue la amputación parcial o total de la mano. Sin embargo, ya ha sido sometido a una operación y en agosto entrará a quirófano de nuevo con el objetivo de conservar el miembro. Tras esta segunda intervención y un mes de rehabilitación, los sanitarios esperan que pueda hacer la pinza y rotar la muñeca.

Retos x Ucrania. (Foto. Colegio de Enfermería de Navarra)

LA ACOGIDA EN ESPAÑA

La guerra de Ucrania acaparó titulares y abrió los telediarios de todas las cadenas de televisión de nuestro país, pero tras más de cinco meses desde la invasión rusa, el conflicto bélico ha pasado a un segundo plano. Y esto no solo se ha notado en los medios de comunicación y opinión pública, también en el despliegue de solidaridad y ayuda humanitaria. “Al principio, cuando comenzó la guerra, todo el mundo estaba muy volcado, pero ahora no estamos en ese punto y todo es más difícil”, admite la enfermera.

"Ahora al volver, uno de ellos nos decía que había pasado los tres mejores meses de su vida y que no solo les habíamos curado las heridas. ‘También nos habéis curado el alma’, nos decía"

Gestionar la estancia y salida del hospital de los pacientes heridos de guerra no fue tan sencillo como recaudar fondos para las primeras donaciones. "Al salir del hospital fue complicado encontrar un piso para ellos. Además es difícil porque tienes que tener un intérprete todo el día, porque solo uno de ellos habla inglés. Nos ha costado, pero siempre hay gente dispuesta a ayudar y al final una persona nos dejó una casa en un pueblo cerca de Pamplona para que pudieran vivir los tres”, explica San Martín.

Enfermeras preparando el envío a Ucrania de una ambulancia y material sanitario donados por el Colegio de Enfermería de Navarra. (Foto. Colegio de Enfermería de Navarra)

La comunidad ucraniana en Navarra y el Colegio de Enfermería navarro, entre otros agentes sociales, se han involucrado desde que comenzara el conflicto gestionando donaciones, enviando ayuda y acogiendo a los refugiados. “Son militares y por eso son héroes para ellos. Les han llevado comida, les han limpiado la casa, les han cuidado mucho. Ahora al volver, uno de ellos nos decía que había pasado los tres mejores meses de su vida y que no solo les habíamos curado las heridas. ‘También nos habéis curado el alma’, nos decía”, matiza emocionada la enfermera.

Con todo, la estancia no siempre ha sido fácil y los refugiados han pasado por varias etapas. Desde “quiero quedarme en España” a “tengo que volver a Ucrania a ayudar a mis compañeros”. “Uno de los chicos nos dijo que tenía a su mujer desplazada en Polonia y nos enseñaba la que era su casa en Mariúpol. Estaba destrozada, no quedaba nada. Nos decía que si tenía que empezar de cero, quería hacerlo en España. Otras veces, nos contaba llorando que le habían llamado sus compañeros de batallón porque necesitaban ayuda y quería volver al frente a ayudarles. Han sido varias etapas muy duras”. Pese al bucle de emociones, la sensación general de San Martín es que quieren volver porque “tienen ese deber”.

“DESPUÉS DE ESTAR AQUÍ, ¿CÓMO VAS A MIRAR A OTRO LADO?”

Con el inicio de la guerra, el Colegio de Enfermería de Navarra comenzó con los ‘Retos x Ucrania’, una iniciativa surgida “por inercia” tras los primeros viajes. “Vienes aquí, ves a gente que se pone a cinco centímetros de tu cara y te pide ayuda. ¿Cómo vas a mirar a otro lado después de eso?”, relata la enfermera. El ‘click’ ya está hecho y entre la comunidad ucraniana en Navarra y los profesionales, se ha generado una “inercia difícil de parar”.

“No queremos que esta red de colaboración se convierta en algo puntual cuando acabe la guerra. Hay que generar una sinergia para llevar a cabo otros proyectos de cooperación”

El pasado miércoles, las enfermeras cruzaron de Polonia a Ucrania acompañadas de uno de los generales ucranianos. Este les hizo entrega de una medalla al mérito de militar por haber ayudado al pueblo ucraniano. “Fue muy emocionante”, reconoce San Martín. Esa misma tarde y tras haber dudado si ir o no, las españolas acudieron a un centro de refugiados.

Medalla al mérito del ejército ucraniano entregada a Leticia San Martín, vicepresidenta del Colegio de Enfermería de Navarra. (Foto. Colegio de Enfermería de Navarra)

“Llegas allí y se te cae el alma a los pies. Ves a los niños, a las madres, a todos los que han perdido sus casas y ahora están en territorio ocupado por los rusos. Les llueve encima, están hacinados en colchones… Nos pidieron ayuda y ya estamos pensando qué hacer por ellos. Cada vez que vienes es una historia nueva, un reto nuevo. Menos mal que fuimos”, apunta.

A través de donaciones de particulares y, sobre todo, gracias a la colaboración de empresas, el Colegio consigue fondos para comprar material sanitario o vehículos y financiar estos proyectos de ayuda humanitaria.

Preguntada por el futuro y qué harán desde la organización enfermera cuando el conflicto llegue a su fin, la vicepresidenta del Colegio de Enfermería de Navarra lo tiene claro: “No queremos que esta red de colaboración se convierta en algo puntual cuando acabe la guerra. Hay que generar una sinergia para llevar a cabo otros proyectos de cooperación”.

A través de la web de la Fundación Enfermería de Navarra disponible pinchando en este enlace – cualquier empresa o particular puede hacer una donación o colaborar con los 'Retos x Ucrania'.

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