Pedagogía en salud mental: "Tener sentimientos negativos es normal, no implican una patología"

Desde la Sociedad Madrileña de Psicología Clínica, Lucía Fernández Garzón, explica que la mala salud mental "es algo subjetivo", pero nada tiene que ver con un periodo de mayor tristeza

La vocal de la Sociedad Madrileña de Psicología Clínica, Lucía Fernández Garzón, atiende a ConSalud.es. (SMPC)
29 enero 2024 | 00:00 h

En la actualidad la salud mental se ha convertido en un ámbito con gran presencia entre las preocupaciones de la sociedad y de los responsables políticos. El paso de la pandemia sirvió como un punto de inflexión para dotar de más visibilidad a estas problemáticas y erradicar el estigma que las rodeaba. Hablar de la depresión y el desasosiego emocional generaba en otro tiempo el miedo a verse juzgado negativamente o ser tachado de “loco” por quienes nos rodeaban. Algo que parece haber quedado atrás. En la actualidad, cuatro de cada diez españoles (39,3%) valora de forma negativa su salud mental, según un informe de la Confederación Salud Mental España.

Si bien se trata de una preocupante realidad que genera mucho dolor a las personas y conviene abordar desde todos los estratos sociales, también cabe preguntarse si en algunas ocasiones se está distorsionando el término de “problema de salud mental”. La sobrepatologización de estas circunstancias, al igual que en muchas otras dolencias, puede llegar a producirse de manera recurrente. Para aportar un poco de luz en este campo, la vocal de la Sociedad Madrileña de Psicología Clínica, Dr. Lucía Fernández Garzón, aclara a ConSalud.es que tratar de definir la salud mental es “una cuestión compleja, amplia y, en cierto modo, subjetiva”.

Conviene diferenciar ineludiblemente el hecho de “estar triste” o “estar deprimido”, pues en el segundo de los casos “se da una circunstancia de continuidad en el sentimiento"

En esta línea, cuando hablamos de salud mental nos referiríamos, entre otros elementos, a “poder manejar el malestar de la vida cotidiana” que surge en todas las personas a lo largo de su día a día. Sin embargo, conviene diferenciar ineludiblemente el hecho de “estar triste” o “estar deprimido”, pues en el segundo de los casos “se da una circunstancia de continuidad en el sentimiento, no sólo de tristeza, sino también de apatía, anhedonia, ideación suicida o sensación de falta del sentido de la vida. Ante esta incidencia emocional siempre hay un motivo”, aclara la experta.

De esta manera, hay que diferenciar los episodios de estado anímico bajo en la persona del hecho de estar padeciendo una verdadera patología. Por tanto, al hablar de asegurar la salud mental de la población conviene referirse a “asegurar unas buenas condiciones de vida desde el ámbito social y económico y prevenir estos factores de riesgo psicosociales que amenazan al ciudadano (ámbito laboral, financiero, etc)”. Igualmente, consistiría en poner a disposición de toda persona “una atención sanitaria especializada en el momento en el que la necesiten”, relata la psicóloga clínica.

METERSE EN LA CABEZA DE OTRO

Abordado este marco general de disponer de una estructura que vele por las mejores condiciones posibles de los ciudadanos de un país, aparece el factor de la individualidad de cada persona a la hora de percibir su propio estado emocional. “En el campo de la psicología la subjetividad es un elemento principal. El malestar mental es algo subjetivo, dos personas en la misma situación puede verse afectadas de distinta manera. Esto implica tener que valorar las diferencias interindividuales y ajustarse a las expectativas y capacidad de afrontamiento de cada persona”, apunta.

“La diferencia entre una patología que ha de ser tratada no está tanto en el motivo, sino en la reacción que tiene la persona ante este”

Por otra parte, la existencia de este marco subjetivo no significa que no aparezca una línea roja que delimite la diferencia entre “pasar una mala época en tu vida” o tener un problema de salud mental. “El sufrimiento psíquico no tiene porque ser patológico. Por ejemplo, sabemos que cuando un ser querido se muere o nos divorciamos vamos a pasar un duelo y a estar mal, pero no es lo mismo levantarse triste que querer tirarse por la ventana”, aclara la vocal, quien concreta que, en este punto, “la diferencia entre una patología que ha de ser tratada no está tanto en el motivo, sino en la reacción que tiene la persona ante este”.

A pesar de estas diferenciaciones, desde la Sociedad Madrileña de Psicología Clínica recomiendan que cualquier persona que considere que lo necesita, acuda a los servicios sanitarios. Una vez llegue a su centro de salud “la primera valoración quedará en manos del médico de familia”, que determinará si existe “un riesgo de una patología y lo enviaría a un psicólogo clínico”, o bien, consideraría que “no requiere una atención especializada y podría derivarlo a grupos de ayuda o terapia en una asociación del barrio”, explica la profesional de Psicología.

PEDAGOGÍA EMOCIONAL

En todo caso, aunque la recomendación es consultar siempre con un médico ante la duda de cualquier problema de salud mental, la psicóloga también admite que “es necesario hacer un poco de pedagogía social”. En esta línea, observa que actualmente hay una “tendencia a identificar cualquier emoción negativa con un problema de salud mental”, en gran parte porque la sociedad actual “reniega de la tristeza, la angustia o el enfado” y tacha estos sentimientos de algo problemático cuando resultan ser normales. “La felicidad constante no existe ni es un derecho que tengamos, por eso no debemos confundir la insatisfacción con un problema mental”, concluye Fernández Garzón.    

Los contenidos de ConSalud están elaborados por periodistas especializados en salud y avalados por un comité de expertos de primer nivel. No obstante, recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.