La desfinanciación de los SYSADOA empuja a un vacío terapéutico a los pacientes con comorbilidades

La literatura científica rechaza el uso de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) y analgésicos en pacientes con artrosis, con especial incidencia en aquellos individuos polimedicados y con comorbilidades asociadas.

Las mujeres jubiladas son uno de los grupos más afectados por la artrosis (Foto: Freepik)

Los fármacos de acción sintomática lenta (SYSADOA, por sus siglas en inglés SYmptomatic Slow Acting Drug for OsteoArthritis) son un grupo terapéutico de medicamentos concebidos para el tratamiento de la artrosis, una patología considerada como la enfermedad reumatológica más frecuente en España.

La Dirección General de Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud y Farmacia, integrada en la estructura administrativa del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, ha iniciado el procedimiento relativo a la exclusión de la financiación de estos medicamentos, tal y como adelantó en exclusiva ConSalud.es el pasado 25 de octubre.

A pesar de la eficacia y seguridad que han demostrado los SYSADOA, el departamento que dirige Patricia Lacruz ha tomado la decisión de desfinanciar este grupo de fármacos, lo que derivará en un vacío terapéutico para aquellos pacientes polimedicados y con comorbilidades asociadas a la artrosis.

Una publicación en la prestigiosa revista médica JAMA constata que la prescripción de tramadol se podría asociar a un incremento significativo de la mortalidad tras un año de seguimiento en pacientes con artrosis

Y es que en el último quinquenio han aparecido evidencias relevantes en la literatura científica sobre el efecto perjudicial del uso continuado y a largo plazo de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) y analgésicos en pacientes con artrosis. De hecho, ya a finales de la década de los noventa, una publicación en New England Journal of Medicine afirmaba que los efectos adversos a nivel gastrointestinal de los AINEs se habían convertido en la tercera causa de muerte por razones médicas en Estados Unidos.

Asimismo, son bien conocidos los efectos adversos a nivel cardiovascular de este grupo de medicamentos. Un estudio canadiense llevado a cabo con más de 7.000 pacientes con artrosis publicado este mismo año, muestra que estos pacientes tienen un 23% más de riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular en comparación con los controles sin artrosis. De igual modo, el 41% del incremento de riesgo de sufrir este tipo de afecciones cardiovasculares en dichos pacientes estaría ocasionado por el consumo de AINEs.

Por otro lado, los analgésicos, a nivel de eficacia terapéutica, tienen un papel limitado en la artrosis, ya no solo por su escaso tamaño de efecto (como es el caso del paracetamol), sino también por el gran porcentaje de enfermos que cursan una artrosis con un componente inflamatorio importante (dos de cada tres, aproximadamente) donde los analgésicos no actúan. La última revisión Cochrane de paracetamol así lo concluye afirmado que este fármaco no ofrece beneficios clínicamente importantes en esta población. Por lo que se refiere a su perfil de seguridad, los analgésicos tampoco están exentos de efectos adversos como ha demostrado la práctica clínica y también numerosos artículos científicos publicados al respecto.

Los pacientes con artrosis pueden convivir hasta 30 años con la enfermedad, por lo que no es adecuado considerar solo el alivio sintomático a corto plazo, sino un abordaje más global de la patología

En los últimos años se ha incrementado de forma exponencial y peligrosa el uso de analgésicos opiáceos para aliviar los síntomas de la artrosis sin tomar en consideración los efectos adversos que han demostrado tener estos medicamentos al usarse a dosis inadecuadas y de forma crónica. En el 2019, una publicación en la prestigiosa revista médica JAMA, constata que la prescripción de tramadol se podría asociar a un incremento significativo de la mortalidad tras un año de seguimiento en pacientes con artrosis.

En la misma línea, una revisión Cochrane sobre el uso de tramadol en artrosis publicada también este año, concluye que no existen diferencias clínicamente relevantes respecto a placebo en términos de dolor e incapacidad funcional, y que el uso de este fármaco en artrosis debe ser limitado dado el incremento de efectos adversos observados (17% respecto a placebo) igualándose a los producidos por AINEs.

En suma, los tratamientos comúnmente utilizados en pacientes con artrosis presentan serios efectos adversos, sobre todo cuando se utilizan a largo plazo y en pacientes con comorbilidades, que es precisamente el escenario tipo de una enfermedad con la que los pacientes pueden convivir hasta 30 años y en los que no es adecuado considerar solo el alivio sintomático a corto plazo, sino un abordaje más global de la enfermedad. Así, el uso de fármacos eficaces y seguros como condroitín sulfato es una alternativa especialmente útil en el tratamiento de la artrosis.

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