El fracaso de las políticas de salud pública contra la obesidad: el error de la estigmatización

La OMS apremia en la creación de conciencia sobre el papel de la obesidad en el desarrollo de enfermedades, pero rompiendo con los prejuicios y estigmas tradicionales que se asocian con las personas que padecen este problema de salud.

Reducción de estómago  (Foto: Freepik)
Reducción de estómago (Foto: Freepik)
Ángel Luis Jiménez
1 junio 2022 | 13:00 h
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El sobrepeso y la obesidad se erigen como uno de los grandes problemas de salud pública cuya prevalencia aumenta de forma alarmante a nivel global. A pesar de que en los últimos tiempos la premisa expuesta ha sido ampliamente reconocida, tanto la sociedad como la comunidad médico-científica han tardado, quizás, demasiado tiempo en observar el sobrepeso y la obesidad como un problema complejo y multifactorial.

Muchas personas consideran que este problema de salud responde al control personal de cada individuo, pero es necesario tener en cuenta que nos enfrentamos a un prisma formado por múltiples aristas. Un reciente informe elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre este asunto, expone que menos del 50% de las muertes relacionadas con las enfermedades no transmisibles (ENT) pueden evitarse mediante estrategias de prevención centradas en factores modificables como la obesidad, la actividad física o la nutrición.

La conclusión de los expertos que rubrican el documento de la OMS es clara: la epidemia de obesidad no puede abordarse simplemente centrándose en la alimentación y la dieta. La creciente evidencia científica en el campo de la obesidad muestra que los riesgos asociados a esta se perciben de forma diferente en función de varias circunstancias.

A nivel individual, las personas con sobrepeso y obesidad que buscan ayuda son plenamente conscientes de que se trata de una enfermedad y de los riesgos asociados para su salud. El problema es que la mayoría de la gente con obesidad no busca ayuda profesional. Además, las percepciones erróneas entre los profesionales de la salud, industria, clase política y sociedad continúan socavando el reconocimiento del papel de la obesidad en el riesgo de desarrollo de múltiples enfermedades.

“Las tasas de obesidad continuarán aumentando si los individuos, la sociedad y los profesionales de distintos ámbitos como la política, la salud o la educación tienen falsas percepciones sobre las graves consecuencias de la obesidad. Sin embargo, es evidente un cambio lento hacia un mayor acceso a la atención, el estigma y un mejor apoyo en la prevención y tratamiento de la obesidad”, expone el informe de la OMS.

A pesar de los importantes esfuerzos que se vienen realizando desde unos años en la lucha global contra el sobrepeso y la obesidad, todavía existe una falta general de conciencia sobre la relación entre la obesidad y las enfermedades no transmisibles. Por ejemplo, un estudio realizado en 2018 en Reino Unido reveló que solo una cuarta parte de los adultos británicos sabían que el cáncer es una condición de salud asociada con el sobrepeso y la obesidad.

En las sociedades modernas el sobrepeso y la obesidad están rodeados por un halo de estigmatización construido sobre las falsas creencias de que las personas que padecen estos problemas son más débiles, irresponsables y que carecen de autodisciplina o fuerza de voluntad

Se suma el problema de que esta falta de conocimiento se amplía preocupantemente a medida que desciende el nivel socioeconómico de las personas. De hecho, diversos estudios sociodemográficos han demostrado que en Europa los grupos poblacionales de bajos ingresos tienen menos recursos para actuar sobre la nueva información disponible y no pueden afrontar los costes que pueden implicar unos hábitos alimenticios más saludables.

“Por lo tanto, las estrategias contra la obesidad orientadas en abordar las inequidades en la información sobre el sobrepeso y la obesidad, probablemente sean ineficaces sin medidas que mejoren las capacidades de las personas con bajos ingresos y grupos marginados para actuar sobre esta información”, advierte la OMS. En relación a esto, indican que “cuando se utilizan estrategias de información se necesita un esfuerzo específico para garantizar que los mensajes se diseñen con y para los grupos socioeconómicos más bajos”.

OBESIDAD Y ESTIGMA SOCIAL

A lo largo de estas líneas se ha hecho referencia al estigma social que suponen el sobrepeso y la obesidad. En las sociedades modernas el sobrepeso y la obesidad están rodeados por un halo de estigmatización construido sobre las falsas creencias de que las personas que padecen estos problemas son más débiles, irresponsables y que carecen de autodisciplina o fuerza de voluntad. Unos estigmas ampliamente difundidos en todos los estadios sociales: desde los medios de comunicación al ámbito sanitario, pasando por los centros educativos o empresas.

Esta percepción sólidamente asentada en el imaginario popular se reduce a sesgos que limitan el problema del sobrepeso y la obesidad a actitudes y creencias negativas que se traducen en prejuicios y discriminación. De acuerdo con los datos expuestos por la OMS en su informe la discriminación por razones de peso ha aumentado dos tercios entre los años 2000 y 2010. “Es una creciente preocupación”, advierte la OMS.

Para reducir la carga de la obesidad, es importante aumentar la conciencia pública y cambiar las condiciones de vida de las personas para abordar las actitudes sociales contribuyentes, los comportamientos y el entorno obesogénico

Por estas razones la OMS ha trabajado en los últimos Días Mundiales contra a la Obesidad en varios elementos que buscan cambiar estas percepciones negativas asociadas a este problema de salud que no contribuyen a su correcto abordaje. Entre estos destacan:

  • Las personas con sobrepeso u obesidad pueden desarrollar trastornos alimenticios.
  • El estigma asociado al peso puede causar múltiples problemas de salud atribuidos a la obesidad.
  • La estigmatización del peso puede fomentar un aumento de peso.
  • El estigma, a menudo, es fomentado por el entorno más cercano.
  • Los individuos afectados pueden internalizar el sesgo de peso.

Cinco pilares sobre los que la OMS trabaja con la meta de crear conciencia y garantizar que el estigma asociado al peso no se deje de lado en las acciones destinadas a combatir el problema de salud pública que supone la obesidad, las intervenciones y las políticas.

Ante este escenario las campañas de salud se establecen como fundamentales en la lucha no solo contra la obesidad, sino también contra el estigma asociado. Varios estudios sugieren que aquellas campañas en las que se evita la mención al peso, el uso de imágenes estigmatizantes y que brindan sugerencias concretas sobre comportamientos positivos (por ejemplo, aumentar el consumo de frutas y verduras), son recibidas de forma más positiva y motivadora. Sin embargo, todavía no está claro si también conducen a la adopción de comportamientos saludables. “Sin embargo, avergonzar a la gente porque no pierde peso puede hacer más mal que bien”, señala el informe de la OMS.

LAS PROPUESTAS DE LA OMS

La obesidad es un problema de salud pública. Un complejo trastorno con impactos perjudiciales en la salud que afecta a gran parte de la población. Muchas de las consecuencias de la obesidad son crónicas y tienen a empeorar con el paso del tiempo y sin la atención médica adecuada.

El fracaso de las medidas tradicionales del control de la obesidad subraya la importancia de desarrollar un nuevo enfoque no estigmatizador de las políticas públicas

Sin embargo, contrarrestar este problema resulta difícil ya que las políticas y acciones se enfocan erróneamente desde el punto de vista único de que estamos ante un problema individual y fácil de revertir. En base a esta conclusión, la OMS realiza una serie de recomendaciones que pueden contribuir en la lucha contra la obesidad desde una perspectiva que también combate el estigma y los prejuicios:

  • Se necesita una estrategia de prevención que contrarreste los principales impulsores de la epidemia de obesidad, como la creciente mecanización e informatización de la vida moderna que reducen la actividad física.
  • Las estrategias de salud pública deben incluir el cambio de políticas gubernamentales relacionadas con el transporte público y la planificación urbana para promover un entorno propicio a la actividad física.
  • La medida anterior debe complementarse con iniciativas que fomenten cambios en la dieta, incluyendo acciones fiscales que cambien progresivamente el precio de los diferentes alimentos y limiten el uso de los alimentos menos saludables.

El fracaso de las medidas tradicionales del control de la obesidad subraya la importancia de desarrollar un nuevo enfoque no estigmatizador de las políticas públicas.

“Abordar la obesidad requiere de la participación de médicos de Atención Primaria, dietistas, psicólogo, expertos en actividad física, endocrinos, neurólogos y cirujanos, así como de profesores y expertos en educación. A su vez, los formuladores de políticas de salud pública tienen un papel fundamental porque la obesidad es una enfermedad prevenible”, argumenta el informe, concluyendo que “la coordinación entre los proveedores de atención sanitaria y los encargados de formular políticas deben operar como un equipo interprofesional”, ya que esto es fundamental para medir la carga de la enfermedad, abordar las barreras a la hora de buscar tratamiento y prevenir la obesidad.

El camino a seguir incluye crear conciencia de que la obesidad influye en el riesgo de enfermedad y comprender sus causas fundamentales y las acciones necesarias para abordarlas. Para reducir la carga de la obesidad, es importante aumentar la conciencia pública y cambiar las condiciones de vida de las personas para abordar las actitudes sociales contribuyentes, los comportamientos y el entorno obesogénico.

Los contenidos de ConSalud están elaborados por periodistas especializados en salud y avalados por un comité de expertos de primer nivel. No obstante, recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.
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