¿Cómo ha influido la pandemia en el consumo de antibióticos en la Unión Europea?

El ECDC apunta a la reducción de las consultas de Atención Primaria y las medidas y restricciones impuestas por la pandemia como las principales explicaciones.

Hallan una estrategia atractiva para frenar la resistencia a los antibióticos: usarlos menos (Foto. Freepik)

El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) publicaba con motivo del Día Europeo para el Uso Prudente de los Antibióticosuna serie de informes que ofrecen una idea de cuál es la situación actual en Europa en materia de consumo de antibióticos, su uso inadecuado y la automedicación.

En el año 2020 un total de 29 países (27 Estados miembros de la Unión Europea y dos pertenecientes al Espacio Económico Europeo, Islandia y Noruega), informaron de datos relativos al consumo de antimicrobianos. De estos 25 países notificaron datos tanto del consumo comunitario como hospitalarios, Alemania e Islandia solo reportaron información sobre el consumo y comunitario y Chipre y República Checa informaron del consumo total de ambos sectores combinados.

De acuerdo con estos datos se utilizó el Índice de Clasificación de Químicos Terapéuticos (ATC, por sus siglas en inglés) con dosis diarias definidas (DDD). El consumo de de antimicrobianos se expresa como DDD por 1.000 habitantes por día. En 2020, el consumo medio total (combinación de los sectores comunitario y hospitalario) de antibacterianos para uso sistémico fue de 16,4 DDD por cada 1.000 habitantes / día, con un rango entre países que oscila del 8,5 al 28,9. Durante el periodo 2020-2021 se observó una disminución estadísticamente significativa tanto en la UE como en los países del EEE en general, así como para ocho países a nivel individual. El ECDC indica que únicamente se ha observado para el referido periodo una tendencia creciente en dos países.

El consumo medio total (comunidad y sector hospitalario combinado) de la UE/EEE de antivirales para uso sistémico fue de 2,56 DDD por cada 1.000 habitantes / día, con un rango entre países que oscila entre 0,59 y 11,19

El consumo medio total (comunidad y sector hospitalario combinado) de la UE/EEE de antivirales para uso sistémico fue de 2,56 DDD por cada 1.000 habitantes / día, con un rango entre países que oscila entre 0,59 y 11,19, sin tendencias estadísticamente significativas en el periodo comprendido entre los años 2016 y 2020.

El ECDC señala que la reducción en el consumo de antibióticos en el viejo continente, principalmente en el ámbito de la Atención Primaria, puede encontrar su origen en la pandemia que ha provocado una disminución de las prescripciones médicas, con un notable efecto en aquellos países donde el uso de estos es excesivo e inadecuado.

¿CÓMO HA INFLUIDO LA PANDEMIA?

La caída en el consumo de antibióticos se ha producido principalmente en el ámbito de la Atención Primaria y puede ser el resultado de una disminución en el número de consultas, ya sea por dudas por las que se buscan atención médica para infecciones leves autolimitadas, o dificultades para obtener una cita para una consulta.

Lo más probable es que esta situación se haya traducido en un menor número de prescripciones de antibióticos para infecciones leves y autolimitadas, y ha tenido un efecto más notable en países donde el uso excesivo e inadecuado era común antes de la pandemia de Covid-19. 

También puede ser resultado de la baja incidencia reportada de infecciones del tracto respiratorio no relacionadas con la Covis-19 en la UE/EEE a lo largo del 2020, una consecuencia probable de las muchas intervenciones no farmacéuticas como por ejemplo, distanciamiento físico, confinamientos, medidas de higiene respiratoria, uso de mascarillas y promoción de la higiene de manos.

Puede ser resultado de la baja incidencia reportada de infecciones del tracto respiratorio no relacionadas con la Covis-19 en la UE/EEE a lo largo del 2020, una consecuencia probable de las muchas intervenciones no farmacéuticas

La gran disminución en el consumo de antibióticos utilizados para tratar las infecciones respiratorias en la comunidad de los países de la UE/EEE en 2020 está en línea con ambas hipótesis. En el sector hospitalario, hubo un descenso en el consumo de antimicrobianos entre 2019 y 2020 en aproximadamente dos tercios de los países y un aumento en los demás países de la UE/EEE que notificaron datos.

“Aunque se ha observado una disminución en el consumo de antibióticos en los países de la UE/EEE, los hallazgos preliminares de la parte oriental de la Región de Europa de la OMS y Asia Central indican que con el tiempo, el uso de antibióticos aumentó. Sabemos que el acceso a los antibióticos es una gran preocupación, que las ventas sin receta todavía ocurren en partes de la Región de Europa, que los antibióticos disponibles son a menudo los asociados con el mayor riesgo de desarrollar resistencia”, declara el doctor Henri P. Kluge, director regional para Europa de la OMS.

“La Covid-19 nos está obligando a luchar contra las amenazas a la salud en múltiples frentes, simultáneamente, y la resistencia a los antimicrobianos se encuentra entre los desafíos más graves ", añade.

Con respecto a los niveles de resistencia a los antimicrobianos, más de la mitad de las cepas de Escherichia coli notificadas al ECDC y más de un tercio de las cepas de Klebsiella pneumoniae eran resistentes a al menos un grupo de antimicrobianos bajo vigilancia, y la resistencia combinada a varios grupos de antimicrobianos era frecuente. La resistencia a carbapenémicos fue común en las especies de P. aeruginosa y Acinetobacter. También hubo una tendencia creciente en el porcentaje de cepas de E. faecium resistentes a la vancomicina en la UE/EEE, que aumentó del 11,6% en 2016 al 16,8% en 2020.

La resistencia a los antibióticos de última línea como la vancomicina y los del grupo de los carbapenémicos sigue siendo un problema importante. Cuando estos antibióticos dejan de ser efectivos, hay opciones de tratamiento muy limitadas que pueden no funcionar en todas las situaciones, lo que a veces conduce a resultados fatales. La resistencia a los antibióticos de última línea también compromete la eficacia de las intervenciones médicas que salvan vidas, como el cáncer y el trasplante de órganos.

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