Las siestas de verano, beneficiosas para la salud si son cortas

El Grupo Ribera recomienda realizar siestas de 20 minutos a primera hora de la tarde, que aporta beneficios como disminuir la fatiga, aumentar la energía o mejorar la memoria, el estado de ánimo y la digestión

Siestas de verano (Foto: Freepik)
Siestas de verano (Foto: Freepik)
CS
7 agosto 2023 | 11:20 h
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Las vacaciones de verano se caracterizan por las siestas, que permiten descansar a mitad del día. Sin embargo, desde el Grupo sanitario Ribera, recomiendan que estos descansos sean cortos, de en torno a 20 minutos y a primera hora de la tarde. Así, se logrará una buena siesta o "siesta saludable".

“La siesta es una costumbre que consiste en descansar algunos minutos o un par de horas, después del almuerzo, consiguiendo un sueño corto con el propósito de reponer energías para el resto de la jornada o resistir una noche larga”, explica Nohemí Rodríguez, responsable de Neurofisiología del Hospital Universitario del Vinalopó (Elche).

En este sentido, dormir por un breve espacio de tiempo después de la comida o almuerzo es beneficioso para la salud, pues disminuye la fatiga, aumenta la energía o mejora el estado de alerta, la memoria y la capacidad de reacción. También ayuda a mejorar el estado de ánimo, ya que el cuerpo produce "hormonas de la felicidad" o endorfinas, que generan un estado de bienestar.

García Peña: “En ocasiones, las siestas pueden tener algún efecto negativo, como un aumento de la somnolencia, con sensación de aturdimiento y cierta desorientación al despertarse"

Además, debido a que el cuerpo se relaja, mejora la digestión de los alimentos al centrarse en ella. A pesar de ello, es recomendable que no se duerma inmediatamente después de comer, para evitar el reflujo y la acidez gástrica

De forma paralela a esto, también hay personas que deciden no dormir la siesta porque afecta a su sueño nocturno o hace que no se sientan bien. “En ocasiones, las siestas pueden tener algún efecto negativo, como un aumento de la somnolencia, con sensación de aturdimiento y cierta desorientación al despertarse. Y hay personas que, si padecen un problema de sueño como insomnio, dormir la siesta puede interferir aún más en su sueño nocturno”, comenta la doctora Aránzazu García Peña, jefa del Servicio de Neurofisiología del hospital Ribera Povisa (Vigo).

Uno de los efectos negativos que este tipo de descanso puede producir es la “inercia del sueño”, que suele acompañar a una siesta de más de 30 minutos. Esto se debe a que "proporciona al cuerpo el tiempo suficiente para entrar en un sueño profundo de ondas lentas, que al despertar hace que nos sintamos atontados”, apunta la especialista del Vinalopó.

Las siestas prolongadas después de comer también pueden aumentar hasta un 23% el riesgo de sufrir obesidad, y algunos estudios demuestran que dormir durante el día puede estar relacionado con el aumento de ciertas enfermedades como la Diabetes tipo II.

Sin embargo, en lo relativo a la interferencia en el sueño nocturno, la doctora Rodríguez asegura que una siesta corta no tiene por qué afectar, salvo que se sufran problemas de insomnio o mala calidad del sueño. Además, ambas profesionales de Ribera explican que el patrón de sueño no es igual para todas las edades de la vida.

Una siesta corta no tiene por qué afectar al sueño nocturno, salvo que se sufran problemas de insomnio o mala calidad del sueño

“Las características del sueño cambian tanto en relación al tiempo total que dormimos cada noche y a la duración de cada una de las fases del sueño, como a la distribución del sueño a lo largo de las 24 horas, lo que incluye las siestas”, aseguran, añadiendo que “a medida que envejecemos, los patrones de sueño varían, el sueño es más ligero y cuesta más conciliar el mismo”.

De este modo, los bebés hasta 12 meses necesitan dormir entre 12 y 16 horas por cada 24 horas; los niños de uno a dos años, entre 11 a 14 horas, incluyendo las siestas; los de tres a cinco años, entre 10 y 13 horas, incluyendo siestas; los de seis a doce, entre nueve y doce horas; de 13 a 18 años, de ocho a diez horas; y los adultos, entre siete y ocho horas por la noche.

En conclusión, las expertas afirman que es igual de malo dormir poco que dormir mucho. “Dormir poco y mal se asocia a bajo rendimiento cognitivo, peor memoria, dificultad de concentración, aumento de la ansiedad, irritabilidad, fatiga, baja autoestima, disminución de la libido, aumento de la somnolencia diurna y a mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, demenciaAlzheimer”. Por otro lado, dormir mucho “puede ser un signo de un trastorno de sueño, estar vinculado a enfermedades como la narcolepsia o problemas mentales, la ingesta excesiva de alcohol y de ciertos fármacos”. 

Los contenidos de ConSalud están elaborados por periodistas especializados en salud y avalados por un comité de expertos de primer nivel. No obstante, recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.
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